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Bienestar docente, eso de lo que tantos hablan

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En educación hay temas que aparecen una y otra vez en conversaciones, congresos, reuniones de equipo y publicaciones en redes. El bienestar docente es uno de ellos. Se lo nombra, se lo reconoce, se lo declara importante. Y, sin embargo, cuando termina la jornada escolar y se apagan las luces del aula, muchos docentes siguen sintiendo lo mismo: cansancio acumulado, exigencia constante y la sensación de que nunca alcanza todo lo que hacen. No porque no amen enseñar. Justamente porque sí. Ahí empieza la conversación verdadera. El bienestar docente no es una moda pedagógica ni una consigna amable. Es una pregunta profundamente humana: ¿cómo sostiene su tarea alguien que todos los días sostiene a otros?

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Docentes al límite: alta demanda, malestar físico y sobrecarga en las escuelas públicas Durante años se instaló una idea casi romántica del docente que puede con todo. El que acompaña, contiene, enseña, escucha, resuelve conflictos, innova, se adapta y además mantiene entusiasmo permanente. Una figura admirable, pero también imposible. Porque nadie puede dar siempre desde un tanque vacío. Y sin embargo, muchos docentes lo intentan igual. Qué lindo sería poder copiar algunas prácticas que existen en otros sistemas educativos: años sabáticos para estudiar, investigar o escribir; tiempos institucionales protegidos para pensar la enseñanza; menos carga administrativa para concentrarse en el aula; espacios reales de desarrollo profesional dentro de la jornada laboral. En muchos lugares del mundo estas condiciones forman parte natural de la carrera docente porque se entiende que enseñar también necesita pausas, renovación y tiempo para crecer. Pero esas escenas, que resultan inspiradoras cuando las leemos o escuchamos, muchas veces se sienten lejanas en la realidad cotidiana de nuestras escuelas, atravesadas por debates urgentes y necesarios, como las condiciones salariales, los recursos disponibles y otras dimensiones que también forman parte indiscutible del bienestar profesional. Enseñar también necesita pausas, renovación y tiempo para crecer» Entonces la pregunta cambia: ¿qué sí podemos sostener hoy? El bienestar docente debe llegar en forma de políticas, pero también empieza a construirse en la comunidad cotidiana de cada escuela. Empieza cuando un equipo directivo entiende que cuidar no es bajar la exigencia, sino ordenar prioridades. Cuando se evita sumar iniciativas sin cerrar las anteriores. Cuando una reunión tiene sentido y termina a horario. Cuando se reconoce el esfuerzo sin esperar fechas especiales. Cuando alguien pregunta “¿cómo estás?” y realmente escucha la respuesta. Muchas veces, el malestar docente no nace del aula, sino de todo lo que rodea al aula» Parece simple, pero no es menor. Las escuelas no se desgastan solo por lo difícil del trabajo, sino por la sensación de estar siempre corriendo detrás de algo imposible de alcanzar. Muchas veces el malestar docente no nace del aula, sino de todo lo que rodea al aula. Planillas interminables, cambios constantes, urgencias que aparecen sin explicación, expectativas contradictorias. El resultado no suele ser el abandono de la profesión, sino algo más silencioso: docentes que siguen estando, pero empiezan a protegerse emocionalmente para poder continuar. Trabajan, pero con menos margen interno. Un docente agotado no enseña, repite.Y ahí perdemos todos. Porque enseñar no es solo transmitir contenidos. Es construir vínculos, generar confianza, despertar curiosidad. Y eso requiere presencia emocional, algo que no se puede exigir por decreto ni medir en una planilla. Hablar de bienestar docente, entonces, no es hablar de comodidad. Es hablar de condiciones humanas mínimas para que enseñar siga siendo un acto vivo. Tal vez el error fue pensar el bienestar como algo individual, como si dependiera únicamente de la actitud personal o de aprender a manejar mejor el estrés. Claro que cada docente desarrolla estrategias propias para sostenerse. Pero ninguna herramienta individual alcanza cuando el entorno se vuelve permanentemente desgastante. Una pedagogía para el sentido común El bienestar siempre es colectivo. Se construye en la cultura de la escuela: en cómo nos hablamos, en cuánto nos acompañamos, en si podemos pedir ayuda sin sentirnos débiles, en si equivocarse es parte del aprendizaje también para los adultos. No se trata de agregar más talleres sobre bienestar. Se trata de revisar prácticas cotidianas. A veces el cambio más potente no es sumar algo nuevo, sino dejar de hacer aquello que ya sabemos que no funciona. Tal vez el bienestar docente sea, en principio, volver posible lo humano dentro de la escuela. Que un docente pueda terminar el día con la sensación de haber hecho algo valioso sin quedar completamente agotado. Que pueda entusiasmarse con una clase sin sentir que está corriendo una carrera interminable. Que pueda seguir creyendo en lo que hace. Que deje de sobrevivir y empiece a disfrutar del aula. Porque hay algo que rara vez se dice: los docentes no necesitan motivación artificial. Necesitan condiciones que no apaguen la motivación que ya tienen.En cada escuela hay escenas que lo demuestran. Un colega que comparte materiales sin que nadie se lo pida. Un equipo que se organiza para acompañar a quien atraviesa un momento difícil. Una risa en la sala de profesores después de un día intenso. Esos momentos pequeños sostienen mucho más de lo que imaginamos. La posibilidad de construir espacios donde trabajar no implique desgastarse hasta desaparecer» Pero sería injusto pensar que el bienestar docente puede sostenerse únicamente desde la buena voluntad de cada escuela. Ninguna cultura institucional alcanza cuando las condiciones generales del trabajo educativo se vuelven persistentemente exigentes o imposibles. Las escuelas pueden cuidar, acompañar y organizar mejor lo cotidiano, pero el sistema educativo también tiene un papel irremplazable: generar marcos estables, decisiones coherentes y condiciones que no obliguen a sostener lo imposible como norma. Hablar de bienestar docente no debería generar culpa ni expectativas imposibles. No se trata de pedir más de lo que hoy no se puede dar. Se trata de cuidar mejor lo que ya tenemos: el vínculo entre quienes enseñan, la confianza dentro de las escuelas y la posibilidad de construir espacios donde trabajar no implique desgastarse hasta desaparecer. Porque cuando un docente se siente acompañado, algo cambia. Se anima a probar, a escuchar más, a volver a entusiasmarse. Y ese cambio, aunque parezca invisible, llega directo al aula. El bienestar docente no es, entonces, un premio ni un privilegio. Es una condición silenciosa sobre la que se apoya todo lo demás. Durante años, la educación funcionó gracias a algo que casi nunca se nombra: la enorme capacidad de los docentes para sostener más de lo que les corresponde. Resolver lo que falta, contener lo que desborda, seguir aun cuando el cansancio pesa. Pero ningún sistema puede apoyarse indefinidamente en el esfuerzo invisible de las personas sin empezar, tarde o temprano, a resquebrajarse. Tal vez el verdadero problema no sea que falten discursos sobre bienestar docente, sino que todavía seguimos pensándolo como algo deseable y no como algo imprescindible. Una escuela no mejora solo cuando cambian los programas o las metodologías. Mejora cuando quienes enseñan todavía tienen energía para creer en lo que hacen. Y esa energía, la que no aparece en estadísticas ni informes, no es infinita. Cuidarla ya no es un gesto amable. Es decidir qué educación queremos sostener. *Magíster en Cs. de la Educación, Doctoranda en Educational Leadership

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Astronautas maduros son la nueva elección de la NASA

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La nueva longevidad no está representada por personas con cirugías estéticas múltiples, sino por los astronautas de la NASA que volviereon hoy a la Tierra, después de 10 días de la misión Artemis II. Aunque luzcan joviales e infatigables, los cuatro tripulantes de la Artemis II rondan los 50 años. Con Reid Wiseman (50), Christina Koch (47), Víctor Glover (49) y Jeremy Hansen (50) se acaban todos los chistes sobre el peso inescapable de la edad. Los cuatro fueron seleccionados entre cientos de postulantes y demostraron que su estado físico y cognitivo es tan bueno como el de cualquier joven de 30. En cambio, los astronautas de las misiones Apolo contaban en promedio con 38 años. En los años 70 todavía se pensaba que el corazón juvenil y el colágeno en las articulaciones tenían un efecto significativo en el desempeño espacial. Hoy se sabe que, aunque los huesos sufran en la microgravedad, Weisman y su equipo fueron una elección perfecta para el rol que desempeñó cada uno.

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Orion en su regreso a la Tierra. Un cuarteto perfectamente ensamblado La selección de los astronautas se hizo dos años atrás, basándose especialmente en sus antecedentes como pilotos y científicos. Ahora se nota que también se tomaron muy en cuenta sus personalidades y su capacidad de trabajar en equipo. “Ellos tienen que vivir y trabajar juntos por días y experimentar retrasos en la comunicación durante el entrenamiento”, explicó a la BBC la psicóloga Susan Charlesworth, con experiencia en la Agencia Espacial Europea. Los 40 minutos que pasaron absolutamente solos en el lado oculto de la Luna confirmaron su madurez y templanza. El cuarteto había tenido que sobrevivir en cuevas de Cerdeña, en planicies antárticas y en el mar de la Florida para prepararse para esta misión. A la hora de descender a 40.000 kilómetros de velocidad a través del espacio y la atmósfera terrestre, este viernes seguramente recordaron todo lo experimentado durante el entrenamiento. Reconocimiento a la edad y el profesionalismo Aunque es difícil ponerse en sus zapatos, durante los 10 días en que estuvieron orbitando la Tierra y la Luna los astronautas demostraron un control férreo de sus impulsos pero, también, una capacidad de disfrute digna de viejos amigos. Los aplausos de millones de personas cuando fueron rescatados, cerca de las 22 hs de Argentina del viernes 10 de abril, sellaron una bienvenida a los tripulantes maduros, y altamente capaces. Tan profesionales y aptos como los jóvenes que antes iban al espacio exterior.

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Golpe de suerte en Virasoro: un correntino ganó más de 700 millones en el Quini 6

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La suerte volvió a sonreír a la provincia de Corrientes en el sorteo número 3.364 del Quini 6, realizado este domingo 12 de abril. Un apostador de la localidad de Gobernador Virasoro se alzó con un premio multimillonario tras acertar los seis números de la modalidad «La Segunda», transformándose en uno de los tres nuevos millonarios que dejó la jornada.

La Poceada Correntina: dos ganadores de Capital se llevaron $99 millones cada uno

El ganador correntino se hizo acreedor de una suma exacta de $713.630.458. La boleta de la fortuna fue confeccionada en la Agencia N° 662, situada en la calle Lavalle 2493 de la mencionada ciudad. Los números que le cambiaron la vida fueron: 03 – 08 – 17 – 18 – 32 – 42.

Una coincidencia insólita en Santa Fe

El sorteo de anoche tuvo una particularidad estadística poco común. Además del ganador correntino, otros dos jugadores acertaron la misma combinación en la modalidad «La Segunda».

Lo curioso es que ambos ganadores restantes pertenecen a la localidad de Esperanza, Santa Fe, y realizaron sus apuestas en la misma agencia, ubicada en calle Simón Iriondo al 2900.

Desde La Joaqui a Kapanga: la 49° Fiesta Nacional del Surubí ya tiene grilla oficial

De esta manera, el pozo total se distribuyó entre los tres afortunados, quienes ahora deberán iniciar los trámites para el cobro de sus premios, que sufrirán los descuentos de ley correspondientes por impuestos a los juegos de azar.

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A cuánto cotiza el dólar hoy, lunes 13 de abril de 2026

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A cuánto cotiza el dólar blue hoy, lunes 13 de abril

El dólar blue paralelo cotiza hoy a un valor en el mercado de $1.375 para la compra y $1.390 para la venta.

A cuánto cotiza el dólar Oficial, hoy lunes 13 de abril

Según la pizarra del Banco de la Nación Argentina (BNA), este lunes 13 de abril el dólar blue cotiza a $1. 345 para la compra y $1.395 para la venta.

INDEC publica la inflación de marzo y se encamina a ser el dato del IPC más alto del año

A cuánto cotiza los dólares financieros hoy, lunes 13 de abril

A cuánto cotiza el dólar MEP, hoy lunes 13 de abril

El dólar MEP, también conocido como dólar bolsa, cotiza a $1.408,10 para la compra y $1.415,20 para la venta


A cuánto cotiza el dólar blur hoy, lunes 13 de abril

A cuánto cotiza el dólar contado con liquidación (CCL), hoy lunes 13 de abril

El dólar contado con liquidación (CCL), cotiza hoy lunes 13 de abril a $1.470,40 para la compra y $1.470,80 para la venta.

Otro mensaje nocturno de Javier Milei sobre la economía: «Es falso que estemos mal»

A cuánto cotiza el dólar cripto

A través de las operaciones con criptomonedas, el dólar cripto opera este lunes 13 de abril en $1.470,30 para la compra y $1.470,60 para la venta.

A cuánto cotiza el dólar tarjeta

El tipo de cambio, al cual se debe convertir el monto en dólares que nos llega en el resumen de nuestra tarjeta, cotiza hoy, lunes 13 de abril a $1.813,50 como referencia de dólar tarjeta.

Efecto tarjetas de crédito estalladas y cuentas bancarias sin fondo: más autos sin seguro

Riesgo País

El riesgo país, un indicador elaborado por JP Morgan que mide la diferencia que pagan los bonos del Tesoro de Estados Unidos contra los del resto de los países, se ubicó en los 543 puntos básicos este lunes 13 de abril.

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