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Actualidad

Champions y goles, puro show



Escuché a uno, dos, un montón de gente diciendo que PSG-Bayern Munich fue la mejor semifinal de la historia de la Champions League. Es cierto que un 5-4 en esas instancias no ocurre todos los días (y no sé si había ocurrido alguna vez). Y también es cierto que hubo muchos, muchísimos partidos en la Champions lleno de goles, con resultados abultados. Surge entonces una pregunta: ¿los delanteros –y los jugadores en general– del PSG, Bayern Munich y demás equipos europeos son extraordinarios, o en esos equipos nadie marca? Tal vez, las dos afirmaciones sean ciertas. Jugadores notables con defensas que miran en vez de marcar. Más allá de este debate, que no deja de ser interesante porque toca cuestiones técnicas y tácticas, pero también -y sobre todo- hacia dónde se está desplazando el fútbol global, es decir, hacia la búsqueda de mayor espectacularidad, de más show, de mayor vibración; más allá de ese legítimo debate, digo, a mí no me convencen los 5-4 en una semifinal. Los partidos decisivos son para que salgan 1-0, 1-1, 2-1. Para mí 2-0 ya es goleada en una final. La esencia del fútbol es la de ser un deporte de poco goleo. Por lo tanto, cada gol vale oro. Y a la vez, se disfrutan escenas del juego que no terminan en gol (un caño, un buen cruce de un defensor, un pase tres dedos, una gran atajada). El gol, obviamente, es crucial, pero no es lo único que importa en un partido. La superioridad táctica de un equipo sobre otro vale también mucho. Pues, así como el fútbol es un deporte de poco goleo, los deportes estadunidenses (y, curiosamente, el tenis, que también es un deporte de origen inglés como el fútbol) expresan una especie de hiperinflación numérica. Les gusta todo lo grande. Todo lo que es mucho. Todo lo que es pragmático. Por ejemplo, el básquet. ¿Por qué un tanto no vale 1 sino 2 o 3? Para que los resultados de los partidos sean 98 a 86 en vez de 49 a 43. Igualmente en el tenis, donde un punto vale 15, y un game que en realidad va 4 a 3, se lo dice como 40 a 30.

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A diferencia de la hiperinflación norteamericana, el fútbol es un deporte de goleo minimalista. O así empezó a serlo cuando se inventaron las defensas. Porque en el fútbol antiguo, el de las décadas del 30 y 40, los partidos terminaban 7-2, 6-4 y cosas así. Pero a partir de los años 50 en adelante, defender empezó a ser tan importante como atacar. Y los defensores, en general, pasaron a ser 4, y los delanteros 3 (y luego muchas veces 2). Para mí ese momento implicó un gran avance táctico para el fútbol. No porque el fútbol se haya vuelto más defensivo, sino porque hacer un gol se volvió mucho más complicado. Hacer un gol hoy tiene mucho más mérito que décadas atrás. Eso es lo que parece estar perdiéndose en partidos como los de la Champions League. La búsqueda de la espectacularidad televisiva por sobre cualquier otra cosa. Clubes (casi todos) privados que buscan el modelo estadounidense para el fútbol. Claro, la mayoría de los jugadores que juegan en esos equipos son buenísimos. Pero las causas del goleo son muchas más profundas.