Ultimas Noticias
Atilio Alarcón, el cantor criancero del norte neuquino que convierte el campo en canción

Sus cuecas y balses retratan la vida del arriero, la mujer campesina y las invernadas. Una voz del norte neuquino que forma parte del acervo cultural de la provincia.
Atilio Alarcón nació en Curaco, un paraje del norte neuquino, y convirtió la vida criancera en canción a través de cuecas y balses.
Atilio Alarcón es un cantor popular del norte neuquino que encontró en las cuecas y los balses la manera de preservar la identidad criancera. Sus letras no hablan de paisajes abstractos: retratan las invernadas, las veranadas, la muerte de animales y el trabajo invisible del arriero.
Se crio en Curaco, un paraje del norte neuquino cuyo nombre en mapuzugun significa “agua de la piedra”. Allí, en una casa grande donde sus padres atendían un almacén de ramos generales, creció rodeado de música. Su madre era cantora, sus hermanos tocaban la guitarra y fue su hermano Adriano quien lo empujó a cantar. El primer instrumento lo construyó su hermano Ramón; la primera guitarra de verdad se la regaló su hermana mayor con su primer sueldo de maestra.
Atilio Alarcón, la voz que el campo necesitaba
Entre sus referentes nombra a Antonio Machado y a Atahualpa Yupanqui, de quienes rescata la importancia de que la obra perdure. “Lo importante es que se conozca la obra y saber que mis canciones andan por ahí porque eso indica que uno no va a morir tan fácil”, señaló en una entrevista en Radio y Televisión del Neuquén.
Debutó en un salón de baile en Buta Ranquil y su segunda actuación fue en la Fiesta de la Tradición en Chos Malal. Desde entonces no se desligó de la música. “Es un talento para compartir con la gente y decir cosas que tal vez no las dicen otros”, explicó sobre su vocación.
Cada canción nace de una vivencia concreta. “Muy poco se conoce el trabajo del arriero, de la mujer campesina, y eso lo cuento en mis cuecas”, afirmó. Uno de sus temas más recordados surgió de una anécdota real: intentar rescatar una vaca empantanada junto a un amigo, hasta sacarla —y quedar ambos cubiertos de barro.




