Política
El método de un médico de Neuquén para dejar de fumar: por qué los primeros 10 días son clave
Hoy 31 de mayo es el Día Mundial Sin Tabaco. El camino para abandonar el cigarrillo está lleno de «atajos» que terminan siendo trampas. Muchos fumadores migran al vapeador o al tabaco para armar bajo la creencia de que son opciones más saludables. Sin embargo, los especialistas advierten que se trata de la misma adicción con distintos envases. Para Ernesto Ruiz, médico clínico jubilado de Neuquén y exfumador desde hace 34 años, lo primero es convencerse de que sí se puede dejar. “Si hay muchas personas que lo lograron, es posible”, sostuvo.
Su segunda recomendación es asumir que se trata de una adicción. No alcanza con “fumar menos”, hay que cortarlo de raíz. Ruiz sugirió fijar una fecha concreta y automotivarse. “Levantate a la mañana y decite: hoy me voy a pasar todo el día sin fumar y voy a ver qué pasa. Nada de un puchito. Si logro un día, al otro digo: hoy también”, graficó.
Explicó que el cerebro, acostumbrado a la nicotina, reacciona con un síndrome de abstinencia. Indicó que la sensación de urgencia, en general, dura entre una semana y diez días. Después, la intensidad baja y, hacia el mes o mes y medio, la mayoría aprende a vivir sin el cigarrillo. “En esos días, caminá, tomá algo, cantá, hacé lo que te ayude. Lo importante es no prender el cigarrillo”, aconsejó.
Por otro lado, Ruiz recomendó buscar ayuda y consultar a profesionales de la salud que tengan experiencia en tabaquismo: médicos clínicos, generalistas o neumonólogos. “Hay técnicas y medicación que hacen el proceso más llevadero y aumentan las chances de éxito”, comentó. Y dejó un último mensaje para quienes recaen: “La recaída forma parte del proceso. Lo importante es volver a intentarlo”.
El mito del «vapor de agua» y el tabaco para armar
El profesional sostuvo que uno de los errores más comunes es creer que el vapeador es inofensivo. “No es el vaporcito que sale de la pava, es un aerosol que contiene partículas que son tóxicas”, advirtió Ruiz, quien también es docente de la Universidad Nacional del Comahue.
Desde el Hospital de Clínicas, la neumonóloga Evangelina Membriani sostuvo que, aunque no hay combustión de papel, el líquido de los cigarrillos electrónicos contiene nicotina, propilenglicol, glicerina y saborizantes que, al calentarse, liberan sustancias capaces de causar inflamación pulmonar y daños cardiovasculares.
Pese a que los adolescentes son el público que más elige los vapeadores (según encuestas de la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina y el Centro de Estudios de Estado y Sociedad el 30% lo probó o lo utiliza), Ruiz señaló que muchos adultos migran a este dispositivo con la intención de dejar de fumar.
Los cigarrillos «armados» no son más sanos: «Sigue siendo tabaco»
Un mito muy extendido, especialmente entre los fumadores jóvenes, es que el tabaco para armar es una alternativa más «natural» o menos nociva que el cigarrillo industrial. Ernesto Ruiz desmitificó esta idea: “El tabaco que se consume no es la hoja de tabaco puesta a secar, picada y puesta en el cigarrillo. Tiene un altísimo procesamiento industrial donde se le agregan múltiples sustancias para mejorar el sabor y componentes químicos para que no se apague solo”.
Según el especialista, no existe una ventaja sanitaria real en esta modalidad, ya que el producto base sigue siendo tabaco procesado con la misma carga de toxicidad que el convencional.
Además del procesamiento químico, el riesgo radica en la combustión, el factor que genera el mayor daño en el organismo. Ruiz explicó que, al encender un cigarrillo armado, se produce una quema que libera más de 4.000 sustancias, muchas de ellas cancerígenas.
«A veces los que fuman cigarrillo armado dicen que es más sano, pero en realidad es tan tóxico como cualquier otro», aseguró el médico clínico. De hecho, señaló que en muchos casos el tabaco para armar se compone de los restos de hojas que sobran de la producción de los cigarrillos de marca, por lo que el fumador termina consumiendo un producto de igual o menor calidad.


