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Tomás Watkins y los cazadores del mito perdido


Análisis de la obra del poeta y gestor cultural neuquino, a través de sus libros publicados.

Nueva entrega de la sección Obras Completas con el análisis de la trayectoria poética de Tomás Watkins.

La obra del poeta y gestor cultural Tomás Watkins (nacido en la ciudad de Neuquén, en 1978, el Día de la Bandera) me hace pensar en Hagakure. El camino del samurai, de Yamamoto Tsunetomo; el Zen en el arte del tiro con arco, de Eugene Herrigel; en El héroe de las mil caras, de Joseph Campbell.

Luego, esas intertextualidades iniciales me disparan otra serie de asociaciones, concéntricas, acaso arbitrarias: el inoxidable Tótem y tabú, de Freud; Mitológicas. Lo crudo y lo cocido, de Lévi-Strauss; Alguien consultará por qué todas estas referencias ignoran olímpicamente al universo de obras poéticas. Las hay, las habrá, y serán señaladas más adelante. Pero en estas casi dos mil palabras intentaré explicar por qué el índice de lectura de las obras completas de Tomás Watkins, según mi parecer, es doble: por una parte, el camino del artista; y por otra, ese viejo conocido de los discursos humanos, el mito.

Sábado de súper acción

Leí/releí todos los libros de Watkins a lo largo de un extenso e intenso día, un sábado para ser preciso. Los leí en orden estrictamente cronológico, siempre obro de la misma manera desde que se fundó esta columna, hace ya tres primaveras.

Arranqué entonces con la plaqueta personalísima llamada Grito, del año 2003.

En ese collage original hay ya varios elementos fundamentales, claves de acceso a la obra del poeta neuquino: los conceptos físicos y metafísicos ladeados, rozándose, interviniéndose mutuamente; los préstamos lingüísticos; las preguntas retóricas; y una palabra resonante, que cierra la plaqueta y dispara el sentido, PALIMPSESTO. Ya regresaremos a ello.

Watkins no llega: Watkins irrumpe en la escena poética, cultural.

Su primer libro, formal, organizado, fue 26, publicado originalmente por Libros Celebrios en 2004 y luego reeditado en el 2007 por El Suri Porfiado Ediciones. Pero en esos cuatro años (lo que duraba y dura aún una olimpíada) pasaron cosas, caudalosas y profundas, en la vida artística de Tomás Watkins: cosas que al menos vale la pena reseñar fugazmente. A los veinticuatro conformó, con los poetas Miguel Ángel Sabatini, Raúl Mansilla, Pablo Betesh, Carlos Blasco, Juanse Villarreal, Cristian Carrasco y Sebastián González  el grupo músico-poético “Celebriedades” (denominación que adoptaron del libro Celebriedad, del ecuatoriano Edwin Madrid). Con ellos, entre 2003 y 2007, recorrió gran parte de la Patagonia argentina y la región de la Araucanía, en Chile, ofreciendo un espectáculo de poesía, música y humor: fueron más de una veintena de presentaciones en diversos escenarios. En ese raid, conoció de primera mano, por experiencia propia, los caminos y pueblos de la Patagonia central y la Patagonia profunda también.

En 2004, decíamos, llega su primer libro formal, denominado 26, republicado en el 2007 por El Suri Porfiado, casa editorial dirigida por el inmenso poeta Carlos Aldazábal.

Los primeros versos del volumen son una presentación y, prácticamente, una declaración de principios:

“yo hablo demasiado

y me importa un carajo el payaso que soy

las panoplias

fideicomisos

apremios de mi voz

escupida en la barbarie”

Jorge Spíndola, en el “prólogo” ya había señalado: “el poeta escribe con urgencia su registro del caos, del conflicto perenne entre la belleza y el infierno del mundo. escribe en el límite, en el cruce donde el lenguaje se disuelve y no alcanza a morder su presa. escribe con la memoria de un perfume que a veces lo invade de resonancias, de imágenes, de pequeñas iluminaciones que quedan latiendo en algún sitio.”

 

El poeta registrando el caos, acechando a su presa con su única arma: el lenguaje. El universo simbólico como terreno de caza. He aquí el punctum barthesiano de la obra de Watkins, donde se anudan y se desgarran sus dos guías: el camino del artista, con su ethos y su eros; la búsqueda del sentido original, del mito exegético que lo resuelva o lo aniquile todo.

“pienso el mundo

mientras camino por la calle

me dicen que lo escriba

 

acá estoy

 

pido disculpas

por el tiempo perdido”

Ya en el camino, conoce su tarea, reconoce su destino:

“Escribo mientras la gente

se va quedando dormida;

los colectivos tienen luces

dentro y fuera.

Escribo porque ahora no tengo

las manos vendadas,

estoy en paz.”

Hechos y protagonistas

En “Obertura, I”, Claude Lévi-Strauss espoilea que el objeto del libro que está iniciando (que no es otro que Mitológicas. Lo crudo y lo cocido, editado por Librairie Plon en 1964) es mostrar cómo ciertas categorías empíricas, como crudo-cocido, fresco-podrido, mojado-quemado, que son definibles por la pura observación etnográfica y variando la perspectiva cultural, pueden servir de herramientas conceptuales para llegar a nociones abstractas y encadenarse en proposiciones. “Partiremos de un mito”, anuncia Lévi-Strauss, proveniente de una sociedad, y lo analizaremos recurriendo inicialmente al contexto etnográfico, y después a otros mitos de la misma sociedad”.

La obra de Tomás Watkins parece plantearse un plan de acción diametralmente opuesto al del antropólogo y filósofo francés. En Mitología (EDUCO, 2012), propone a la imaginación del lector una colección de 69 elementos, trascendiendo la organización espacial y temporal: casi todos corresponden a nombres propios, algunos son deliberadamente mitos, otros son de furiosa actualidad. Quien lee (quien va leyendo) va adivinando o creando la lógica de esa organización, su necesidad y razón. Un sistema más heroico, más épico, una verdadera batalla cultural de sentido, de los sentidos.

“Kadmos

 

Alfabeto entre los dientes

del dragón que nos condena

al futuro de los actos

 

Sueñan griegos y tebanos

en las fauces que devoran

la palabra empeñada”

El sábado 2 de junio de 2012 (a escasos días del cumpleaños número treinta y cuatro de nuestro autor), en el Salón Azul de la Biblioteca Central de la UnComa), se presentó Mitología, con las presencias de Macky Corbalán, Alejandro Finzi y Raúl Mansilla.

En las palabras prologales, Alejandro Finzi observa agudamente: “Watkins ensaya ese camino por la historia, por esa palabra que nos contenga, desde la leyenda babilónica a la griega, de las tierras castellanas a las centroamericanas y de allí a las costas inglesas o a la evocación del amigo. Su voz es letra de andariego, de quien descubre entre fábulas y páginas enamoradas las literaturas del mundo y los mitos. Por ese camino se llega, hacia el final del libro, a las soledades patagónicas hechas de “agua aire vida”, donde al loco Darwin se le perdió la brújula. Ninguno de nosotros pudo encontrarla después.”

Refrendando estos dichos, el poeta admite:

“Quijote

El juicio prepara el concepto

yo me aferro a mi lanza

y jalo las bridas del viento

 

Mi cabello se funde en las crines

de lo que es

hacia lo incierto y el futuro

 

Represento la voluntad del hierro

soy héroe por amor y por olvido”

En Mitología, Watkins parece haber entendido y abrazado su destino, el de recreador y reorganizador de un universo simbólico, con una bibliografía y una metodología; aunque, como todo héroe, la teleología, el sentido último, no esté tan claro y tampoco esté clara la posibilidad de la victoria.

En 2015, ven la luz editorial dos nuevas obras de Watkins: Hora blanca (Espacio Hudson) y  Bien de consumo (Ediciones Con Doble Zeta). Ambos pueden ser leídos desde la doble clave asumida desde el principio. Insisto en este concepto, que sostiene esta columna: en OBRAS COMPLETAS no se analizan libros sueltos, se analizan, se pretenden analizar, obras en su conjunto.

En “Primero”, leemos lo siguiente:

“Algo,

no digo todo ni lo mejor del mundo,

lo que espera a la vera de occidente

cubierto de frágil apariencia,

el amor como remedio,

la carta y la siesta,

algo…”

En “MELODÍA del imposible asir lo DESEADO”, afina el pincel:

6:40

Lo macro en el micro,

la potestad de todos

quienes agarrados,

manijas consiguen ver: montescos

en la piedra nocturna, en la frenada

avenidesca, heroínos camuflados

en atuendos cívicos

y pudores matinales.”

Otra vez, el tiempo anonadado: lo que vence, lo único que existe, es la reedición de los clásicos. Por eso, las referencias librescas constantes; por eso, los heroínos ahora vistiendo atuendos cívicos; por eso, el moderno quijote, héroe por amor o por olvido. En una entrevista de 2020, Ricardo Herrera Alarcón apunta al centro del asunto: “En Hora Blanca parece que el poeta es un espectador mejor preparado para dar su batalla o, por lo menos, asume el dolor como parte de la enseñanza sentimental de las cosas y los seres.”

La verdadera lucha, entonces, es contra el olvido. En “Welcome al non plus ultra”, el poeta reconoce ese riesgo:

“Un buen día te das cuenta de que algo salió mal,

todo gira y se te mezclan los recuerdos,

espuma negra en boca de monstruos

lacera lo que ves, veneno crece,

latigos gigantes como una cordillera, como una ética,

la afrenta de sonidos callados en una conciencia normal:

la demencia,

frondosa angustia que juega a prostituir sombras,

canalla de los días idos sin libido,

de la inmolación del amor, de perdonar y exigir

las tormenta…”

(las cursivas son mías).

Ojo, poeta cazador de mitos: una cosa es jugar a ser un moderno quijote; y otra, muy distinta, es querer ser “el Quijote”; ya de eso ha dado clara cuenta el Pierre Menard de Borges. De ese peligro, lo salva una autoconciencia casi corrosiva: “Soy un círculo vicioso”, confiesa, cruel, en las páginas inaugurales de Bien de consumo: “Soy (si es que somos)/ finito (aunque grueso)/ más que groso.”

Vuelve a reconocer la falta de sentido intrínseca de su búsqueda: “Necesito algo que no existe”.

“Consumidor final, en principio.

Acompañante terapéutico.

Fumo, fumo, tomo, tomo,

fumo y tomo

por defecto. Sufro de

El Mal de Watkins:

soy excesivo y verborreico.

Parto del margen de error.”

En un delirio por huir de una psicosis poética anacrónica, se define:

“Soy desprolijo

un cachivache

inconveniente

Soy”

Copia (palabra más, palabra menos) para salvar su identidad, una célebre sentencia de pura cepa borgeana: “El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Watkins”.

La bonita página

 Luego de un lustro de silencio, el poeta regresa al campo poético con Árboles (El Suri Porfiado, 2020) y Tordos (Honorable Legislatura del Neuquén, 2021).

Estos dos volúmenes parecen ser un remanso, un descanso en la incansable labor del cazador de mitos. En cierta forma, recuerda al poeta griego que, luego de cantar la batalla más grande de las generaciones de hombres en la Ilíada y la Odisea, se dedicó a cantar la guerra de las ranas y los ratones en la Batracomiomaquia.

Aparenta serlo, en realidad. Desde el vamos, en inquietantes tiempos de paz, sigue escudriñando sus armas, su arma dilecta, el lenguaje:

“La escritura de una lengua

En tiempos de paz, todo cuerpo

que detiene la experiencia y pulsa

la escritura de una lengua,

crea un monstruo inferior

al silencio.

 

Es sabido, mas

prosigue:

cada acto puede expandirse

con la forma de otro, distante,

sobre todo interés. La

 

Palabra; pequeña

acción fuera de la contienda

madre. No es lo dicho,

porque madre indica sangre

y tolera que Platón la llame perra

y pudre siglos, y

perdona.

 

El círculo reanuda el movimiento.”

El poeta, crítico y filósofo inglés Samuel Taylor Coleridge advirtió que todos los hombres nacen aristotélicos o platónicos. Si algo faltaba en la obra de Tomás Watkins para posicionarse en esta grieta histórica, más allá de su declarada afición hacia lo mítico, todo se refunda, se fortalece con estos claros indicios de la mención a Platón y la fe manifesta en el eternamente retornante eterno retorno.

La aparente tranquilidad es pura tensión.

La clave de todo

El silencio del árbol

dice. Su consejo es

 

la contradicción:

hay que aferrarse.

 

La perpetua contradicción que postulaba Foucault como condición necesaria del intelectual. Contradicción que jamás se resuelve ni debe resolverse, más allá del anhelo del poeta.

“…si la palabra con que entiendo y legitimo el poder

si la palabra con que quiero designar y fuego el cuerpo

si cuando escribo Árboles siento que los toco.

 

soy, al fin,

 

por ellos”

Poder. Cuerpos. Tópicos foucaultianos, si los hay.

En Tordos, poema/s acompañados por imágenes de Carlos Juárez, el poeta sabe, íntimamente, que su tiempo de relativo reposo ha culminado:

“mi texto-de-la-asfixia cada día se oxigena con danza de tordos

 

quiero decir quiero sentir

 

lengua de símbolos

desnuda, para gustar y del beso

antes que de la dicción

quiero sentir

sin

comunicar”

 

Este Aquiles moderno también abandona el campo de batalla. Y si, como observa amorosamente, “nada pregunta a los tordos/ la razón de su vuelo”, asimismo, nada pregunta al cazador la razón de su cacería.

Watkins arremeterá su búsqueda primigenia con redoblado ímpetu, con un tesón casi ciego.

 

Función privada

           En el declive de la pandemia, el poeta y editor Daniel Tórtora me convocó para curar/coordinar dos colecciones: una de poesía y otra de narrativa. Debo admitir que casi todo el trabajo duro lo hizo Tórtora, a mí me tocó lo más placentero. Una de mis tareas fue la de bautizar las colecciones: la de poesía la llamé Les desatormentades; la de narrativa, Mundo disperso. Toda una declaración de mi pasión spinetteana.

El volumen MIRAGE, de Tomás Watkins, integró la colección de poesía. Silvia Mellado comparte su visión de este libro en la contratapa: “Leo estos poemas como la bitácora de un rock star tocado por momentos luminosos/numinosos: la noche energética, personajes nocturnos, la temporada celebria, el tedio gris de la pequeña ciudad, el amor. Lenguaje y recuerdo, lenguaje y evocación: todo en la danza de la fricción de una palabra con otra.” Sí, precisamente eso, la poeta Mellado, conocedora del oficio, da en el clavo, filosofa a martillazos poéticos.

¿Por qué MIRAGE?, se pregunta el lector. “¿MIRAJE o MIRAGE?”, se pregunta el poeta. A priori, MIRAGE son dos cosas: «Mirage» es una palabra de origen francés que se traduce como espejismo, un fenómeno óptico natural. Sin embargo, el término tiene múltiples usos, desde un icónico avión de combate y modelos de motos en Argentina, hasta videojuegos. MIRAGE es un espejismo. MIRAGE es una aventura gráfica. MIRAGE es una nave de combate, una máquina de guerra.

“¿Es milagro o es

pejismo?

¿Si el poeta avista, ve?

 

Más la pérdida, de nuevo, ya no es

idioma, bandera, traición: perder

es

ver

sin amor el refugio.”

 

En 2025 (trece años después de la publicación de Mitología), Watkins publica con el mismo sello editorial, el volumen Nueva Mitología, una reedición definitiva de aquel libro, renovado y aumentado, en dirección y alcance. Raúl Mansilla señala en la contratapa: “Celebramos la edición de esta Nueva Mitología de Tomás Watkins, cuyo panteón configura un notable fresco de poesía escrita en Patagonia.
Más vigentes que nunca, las mitologías de Watkins nos llevan desde lo profundamente onírico a la salvaje aprehensión de la realidad por la palabra.”

Sin temor al vértigo, el poeta reanuda su labor inicial, de anudar signos, entrelazar rasgos de figuras mitológicas con vivencias personales, amigos, leyendas y referencias a escritores patagónicos. El número de sus poemas se eleva, de los 69 textos originales, a 145 poemas. Es probable que este (que no se incluía en la primera edición) sea el mejor de todos, el más intenso y honesto.

“Hybris

 Escasez o exceso

y caemos

 

Los extremos tocan

un cuerpo infinito

 

Ocurre la acción

y el error no existe

 

Tiembla la trampa

que el universo ignora

 

Tiembla la trampa

en cada gota

de emoción”

Además de sus libros individuales, la poesía forma parte de diversas antologías regionales y nacionales como Desorbitados. Novísimos poetas del sur de la Argentina (2009) y Si Hamlet duda le daremos muerte (2010). Asimismo, su trabajo de gestor cultural es ampliamente conocido, cristalizado paradigmáticamente en Almacén Literario, proyecto de reunión de voces de escritoras y escritores de la Provincia del Neuquén comandado por Watkins y que en 2025 cumplió 15 años de trayectoria.

OBRAS COMPLETAS se propone esto: leer ordenadamente una obra en su conjunto, no aislar o diseccionar. Y después volar, claro. Recordemos aquel principio de Ockham, de que “la explicación más simple y suficiente es la más probable, mas no necesariamente la verdadera”.

La obra de Tomás Watkins parece postular una nueva manifestación del camino del héroe de las mil caras, de Joseph Campbell, donde el poeta/cazador de mitos abandona el mundo ordinario para sumergirse en el mundo desconocido: en ese periplo enfrenta retos y tentaciones, cae al abismo, muere, renace, se transforma y alcanza, acaso, la expiación.

Sin embargo, en algún momento del camino entiende que él mismo se ha convertido en el propio mito y que, por ello mismo, todo regreso ya es imposible:

Escaldo

Soy quien narra

protagonista y testigo

 

Vivo si escribo

con pluma o con hacha

 

Mira cómo blando

el metal del aire

 

Mira cómo despido hermanos

cantando”