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De la camilla a la gloria eterna: Zverev rompió el maleficio y se coronó campeón en Roland Garros
Cuatro años después de su gravísima lesión de tobillo en París, el alemán venció al italiano Flavio Cobolli en una épica batalla a cinco sets. Levantó la Copa de los Mosqueteros y conquistó el primer Grand Slam de su vida
Zverev campeón del Roland Garros. Foto: archivo
Alexander Zverev saldó finalmente su deuda más grande con la historia del tenis. En una tarde cargada de drama y emoción en la mítica cancha Philippe Chatrier, el alemán conquistó el primer título de Grand Slam de su carrera al consagrarse campeón de Roland Garros 2026. El oriundo de Hamburgo debió batallar durante más de cuatro horas para vencer a la gran revelación del torneo, el italiano Flavio Cobolli, con un marcador final de 6-1, 4-6, 6-4, 6-7 (5) y 6-1.
La definición tuvo todos los condimentos de una película de suspenso. Zverev comenzó con una autoridad implacable, llevándose el primer parcial por 6-1 ante un rival atenazado por los nervios de su primera gran final. Sin embargo, Cobolli reaccionó con hidalguía en la segunda manga (6-4) e igualó las acciones. Aunque el germano recuperó la ventaja en el tercero por 6-4, el italiano no se dio por vencido, forzó un ajustado tie-break en el cuarto set y estiró la historia al parcial decisivo, haciendo revivir en el alemán los fantasmas de sus tres finales de Major perdidas en el pasado.
Lejos de flaquear, «Sascha» sacó a relucir su chapa de jugador top en el momento más caliente de la tarde parisina. Aprovechando el evidente desgaste físico del italiano, Zverev quebró de entrada en el quinto set, recuperó la confianza con su potente servicio y arrolló con un inapelable 6-1 para desplomarse sobre la arcilla, desatando un festejo contenido durante años por la etiqueta de ser «el mejor jugador del circuito sin un Grand Slam».
Esta consagración en la capital francesa representa el cierre de un círculo perfecto de superación personal. Vale recordar que Roland Garros había sido el escenario del dolor más agudo para el teutón, cuando en las semifinales de 2022 debió abandonar la cancha en silla de ruedas y entre lágrimas tras romperse los ligamentos del tobillo frente a Rafael Nadal. Cuatro años después de aquella fatídica jornada, París trocó las lágrimas de tristeza por un grito de desahogo supremo, devolviéndole a Zverev la gloria que el destino le venía postergando.



