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Denunció trabajo sexual con menores y drogas en Wachitas: «Soledad Andreani se encargaba de todo»
En el marco de la investigación por el femicidio de Agostina Vega, la adolescente de 14 años hallada sin vida el 30 de mayo en un descampado de Ampliación Ferreyra, un nuevo testimonio sacudió la causa y amplió el foco sobre el bar Wachitas, el local de Nueva Córdoba donde trabajaba Soledad Andreani, una de las tres personas detenidas por el crimen.
Una mujer identificada con el nombre ficticio de «Carla» relató este miércoles cómo funcionaba el local desde adentro. Dijo haber trabajado allí entre 2020 y 2024 como acompañante sexual, con conocimiento y bajo la organización directa de Andreani.
Wachitas, la noche y el poder
Según el testimonio, la distribución del dinero respondía a un esquema fijo: «Esto era un 50 y 50. Un servicio de 5.000 pesos en ese momento, yo me quedaba con la mitad y la otra mitad iba para ella». Los clientes no llegaban por azar al bar, sino que eran referidos por la propia Andreani. «La mayoría de la gente era conocida de ella, gente de plata. No eran tipos secos ni jóvenes, eran personas grandes y con plata», afirmó.
Los encuentros sexuales se realizaban dentro del local, en una habitación ubicada en el primer piso. «Era una habitación con una cama de dos plazas, un baño chico y mugre y más mugre», describió Carla. Agregó que Andreani argumentaba que el monto que retenía de los servicios «extras» estaba destinado a gastos de limpieza e insumos que nunca se compraban: «Nunca compró un balde de lavandina, nunca compró un jabón, nunca una toalla».
La mujer también aseguró que Andreani llevaba un registro escrito de cada transacción. «Ella tenía cuadernos donde anotaba las salidas de cada chica. Esos cuadernos deben estar ahí, en ese nido de ratas», afirmó.
Drogas en los vasos y menores de edad
Uno de los puntos más graves del relato apunta al suministro de sustancias a los clientes sin su consentimiento. «Se suministraban drogas en las bebidas de la gente. Nosotras las chicas sí sabíamos que se les iba a poner drogas en los vasos», dijo Carla. La propia testigo relató haber sido víctima de la misma práctica en una ocasión: «Yo sentía que veía nubloso. Como yo ya consumía pastillas, yo sabía que ella me había puesto algo a mí».
En cuanto a las personas que trabajaban en el local, Carla fue categórica sobre sus edades: «Había menores en ese momento. A partir de los 17 años. No recuerdo si habrá habido alguna más chica que 17». Señaló que Andreani elegía a quiénes podían trabajar ahí: «Tenías que ser linda. Si eras fea, no entrabas». También describió situaciones de abuso hacia las jóvenes más vulnerables: «Había chicas que por necesidad accedían a los extras, que era esa plata que nosotros no veíamos».
Las clausuras que se levantaban con pagos
El testimonio de Carla refuerza una de las sospechas que rodean a Wachitas: la de que las intervenciones de la Municipalidad eran sistemáticamente neutralizadas. «Se clausuraba el local, iban inspectores y después se les pagaba para levantar la clausura», dijo. «Cuando lo clausuraban nos íbamos y nos volvíamos a ver cuando volvían a abrir».
El allanamiento al local de Ituzaingó al 500, durante la investigación judicial, reveló habitaciones con camas matrimoniales detrás del sector de recreación, que no figuraban en la habilitación municipal, lo que abrió la sospecha -sin imputación- de prostitución o trata de personas.
El Ente Municipal de Fiscalización y Control de Córdoba resolvió revocar de manera definitiva la habilitación comercial de Wachitas, tras constatar reiterados incumplimientos vinculados a las condiciones de seguridad, higiene y funcionamiento, detectados durante inspecciones realizadas entre 2024 y 2026. El organismo indicó que el local había sido clausurado en tres oportunidades en menos de dos años.
El rol de Andreani en la causa
Soledad Andreani, dueña del Ford Ka negro que Claudio Barrelier utilizó para trasladar el cuerpo de Agostina desde el barrio Cofico hasta el descampado donde fue hallado, se presentó públicamente como víctima del acusado. Dijo que Barrelier le pidió el auto con insistencia, que necesitaba llevar ropa a un familiar, y que terminó prestándoselo a pesar de tener «una fea sensación». Andreani, de 43 años, está imputada por encubrimiento agravado.
El relato de Carla contrasta con esa imagen. «Ver la forma cínica de esta mujer de mentir, por eso cuento todo esto. Siempre fue una manipuladora que se aprovecha de la situación de la gente», declaró en El Doce. Sostuvo que Andreani «se hacía batir como la dueña» y que controlaba todos los aspectos operativos del local: los clientes, los horarios, los pagos, los «extras» y la droga. «Ella vendía cocaína en el lugar», afirmó.
Una testigo que decidió declarar
Carla dijo que, al momento de la entrevista, tenía turno para declarar este mismo miércoles en la Unidad Judicial correspondiente. Tiene 32 años, cinco hijos y aseguró que hace tiempo dejó la noche. Explicó que decidió hablar después de reconocer a Andreani en las imágenes difundidas en los medios.
Ante la pregunta sobre si temía represalias, respondió: «El miedo lo perdí cuando tuve que criarme en la calle, sin familia y sin nadie. Me da bronca lo que está pasando y que nadie hace nada».


