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Jorgelina Aruzzi recordó su debut laboral a los 18 años: «Era repositora de trapos de piso y me echaron al mes»

La actriz visitó el living de Otro día perdido en eltrece y repasó con humor los pormenores de su vida antes de la fama.
Jorgelina Aruzzi repasó en la pantalla de eltrece los pormenores de su etapa previa a la popularidad televisiva.
Los comienzos de las grandes figuras del espectáculo suelen tener oficios inesperados y anécdotas singulares lejos de los flashes. Jorgelina Aruzzi, de destacada trayectoria en éxitos televisivos como Chiquititas y La niñera, pasó por el piso de Otro día perdido (eltrece) y, en un mano a mano imperdible con Mario Pergolini, desclasificó un capítulo prácticamente desconocido de su juventud. Con la soltura y el carisma que la caracterizan, la comediante rememoró las fallas de su primer empleo formal a los 18 años, una experiencia que distaba mucho de los escenarios estables y los libretos de ficción.
Ante la consulta del conductor sobre sus ingresos al mercado de trabajo siendo una adolescente, la actriz confirmó el dato sin rodeos: “Recorría supermercados viajando en colectivo. A veces tomaba hasta cinco colectivos por día para llegar a todos los lugares. Mi tarea era chequear si los trapos seguían en sus góndolas, ordenarlos y reponerlos cuando hacía falta. Era repositora de trapos de piso”. Aruzzi explicó que consiguió el puesto gracias a la recomendación de una amiga, aunque la travesía corporativa terminó de forma abrupta antes de lo previsto: “Al mes me despidieron porque se me complicaba el tema de los colectivos. También me echaron porque no quería usar casco”, recordó entre risas.
La chispa de la transgresión surgida en los años de la hiperinflación
La charla en el estudio de eltrece dio pie a una profunda reflexión sobre el origen de su vocación y las herramientas que forjaron su identidad artística. Segunda de tres hermanos en un hogar de Caballito comandado por su madre Blanca (peluquera) y su padre Jorge (electricista), Jorgelina reconoció que ser «la del medio» la empujó a buscar su propio escenario para llamar la atención en una infancia donde solía percibirse como alguien reservada.
Las claves de su identidad artística
El humor como escudo: Creció durante la profunda crisis e hiperinflación del gobierno de Raúl Alfonsín. En su hogar, la comedia funcionaba como una herramienta familiar para aliviar las restricciones económicas.
Primeras influencias: Desarrolló desde muy chica una profunda admiración por la genialidad de Niní Marshall, el misticismo de la serie El superagente 86 (con especial fascinación por el personaje de «la 99») y los culebrones clásicos de Canal 9.
Punto de inflexión: Durante la secundaria descubrió su potencial al imitar a los profesores en el aula. Allí nació lo que define como la “chispa de la transgresión” y la provocación que hoy traslada a cada puesta en escena.
Aruzzi, quien descubrió formalmente su pasión a los 17 años mientras asistía a un taller de pintura, aseguró que no concibe la actuación sin el filtro del juego y el encuentro colectivo. «Por un tiempo sentí que era lo único que sabía hacer. Descubrí que era buena y, en la actuación, hay algo del juego que te conecta directo con la infancia. Eso me inspira. Trabajo con amigos porque me gusta ese clima de encuentro, pero también está la parte de sostener el oficio con una postura clara en cada texto», concluyó, demostrando cómo aquel accidentado inicio entre góndolas terminó abriendo paso a una de las carreras más sólidas del humor nacional.


