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Escándalo en la intimidad de los menonitas de La Pampa

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Una mujer que escapó del lugar, relató lo que vivió el pasado fin de semana cuando llevó a su hija a relacionarse con su padre. María Unger Reimer escapó de la colonia pampeana y del matrimonio para rehacer su vida en Tucumán. El pasado fin de semana retornó para que sus hijas vieran al padre. Allí se produjo un hecho violento que denunció.
En la colonia menonita Nueva Esperanza, en Guatraché, La Pampa, la vida parece detenida en el tiempo: calles de tierra, tractores con ruedas de hierro, carros “boogies”, tambos y talleres de carpintería. Allí viven unas 2.000 personas que siguen las enseñanzas de Menno Simons, el religioso anabaptista que dio origen a esta comunidad hace cinco siglos en Europa.Pero detrás de esa postal rural, María Unger Reimer, de 34 años, denuncia una historia de violencia, sometimiento y la sustracción de sus hijas. Fue la primera mujer en escapar de la colonia en 2019. Hoy rompe el silencio ante varios medios de comunicación. “Ahí aprendí que mi lugar era callar, obedecer y servir”—¿Quién sos y por qué decidiste hablar ahora?—Yo me llamo María Unger Reimer y voy a contar mi historia en la colonia. Nací y crecí dentro de la comunidad menonita. Ahí aprendí desde chica cuál era mi lugar: callar, obedecer y servir. Las mujeres no decidimos. No votamos. No opinamos. No elegimos. Nuestra función es criar hijos, mantener la casa y someternos a lo que los hombres y la iglesia decidan.—¿Cómo es la vida cotidiana para una mujer dentro de la colonia?—En la comunidad no nos dejan hablar español libremente. Está mal visto. Se habla alemán bajo. Tampoco podemos tener celular. Si te encuentran uno, vienen el obispo y los ministros, te lo sacan, lo rompen y después te obligan a pedir perdón públicamente en la iglesia. Después hacen salir a mujeres y niños, y los hombres deciden si te perdonan. El castigo es aislarte: no podés hablar con nadie ni salir de tu casa por los días que ellos digan.—¿Qué pasa con el matrimonio?—A los 15 años las chicas empiezan a “salir de novias”. Entre los 15 y los 20 las casan. El mandato es casarse y obedecer. Si después del bautismo, a los 18, desobedecés, pueden castigarte. Antes del bautismo todavía sos “menor”; después ya no hay escapatoria.VIDEO: Nadie conoce más a los Menonitas de Colonia Nueva Esperanza, en Guatraché –La Pampa- como María Estela Campo Kihn, que se relaciona con ellos desde hace más de 20 años. Como guía, estableció una relación de intimidad, respeto y conocimiento que la han transformado en la mejor interlocutor para saber sobre ellos. Una entrevista realizada hace un tiempo que hoy tiene mucho valor periodístico. “Me escapé porque la violencia te destruye la cabeza”—¿Por qué decidiste irte?—Yo fui la primera en irme. En 2019 me escapé en colectivo. Tenía dos hijas. Me fui porque ya no podía más. La violencia psicológica, física, las amenazas y el control constante te destruyen la cabeza. Te dicen que si te vas vas a ir al infierno, que sos mala, que estás en contra de la voluntad de Dios. Te hacen sentir que no hay salida.—¿Cómo fueron los años con tu exmarido?—Con mucho control. Ellos hacen lo que quieren, pero la mujer no puede opinar ni tiene derecho a nada. Tenés que hacer todo lo que ellos quieren, con violencia y todo. Ahí no podés separarte. Por eso me tuve que escapar.—¿Por qué dejaste a tus hijas?—No porque quisiera. Nadie quiere dejar lo más preciado de su vida. No pude sacarlas en ese momento. El padre me amenazó con denunciarme y quitármelas. Conseguí trabajo en Tucumán y volví inmediatamente a buscarlas.María rehízo su vida en Tucumán, donde formó pareja con otro exintegrante de la comunidad y tuvo una hija de 5 años. La menor vive con ella. La mayor regresó a la colonia.—¿Tu hija mayor quiere quedarse allí?—No es su deseo libre. Está presionada por el padre y por toda la comunidad. No la dejan hablar español, no tiene libertad. Me dice: “Mamá, yo quiero estar con vos, pero me quieren llevar”. El padre la manipula, le dice que si se va se va a suicidar. Juegan con el miedo de los chicos.María Unger Reimer, la menonita que realizó la denuncia. Foto: gentileza “Me amenazó con prendernos fuego vivas”El 8 de febrero, María volvió a La Pampa para visitar a su madre internada en el Hospital Favaloro y accedió a que su hija menor viera a su padre.—¿Qué pasó ese día?—Cuando llegué a su casa, había consumido mucho alcohol. Estaba alterado. Empezó a querer abusar de mí. Me negué. No me dejaba ir. Entonces comenzaron los golpes: en la cabeza, en las piernas. Me amenazó de muerte. Dijo que nos iba a rociar con nafta y prendernos fuego vivas. Que iba a quemar el auto. Mis hijas estaban ahí, viendo todo.María logró escapar y llamó a la Policía. Fue hospitalizada en Guatraché y radicó una denuncia penal por lesiones y amenazas.—¿Qué pasó después?—Alquilé un departamento en Santa Rosa para estar seguras. Pensé que ahí estábamos a salvo. Pero apareció con otros hombres de la comunidad y se llevó a mis hijas en una camioneta. Yo corrí, grité, llamé al 101. Fue una sustracción en plena calle.La camioneta fue interceptada en Miguel Riglos. Las niñas dijeron ante asistentes sociales que querían irse con su padre y el vehículo fue liberado. María sostiene que esos testimonios están condicionados por amenazas.“Salir de la comunidad cuesta la vida. Quedarse, también”—¿Qué le pedís a la Justicia?—Que primero vean si esa es la verdadera voluntad de mis hijas o si están amenazadas. No me parece que entreguen a las nenas a un hombre que vive borracho y que ha amenazado de muerte a sus propias hijas.—¿La comunidad respalda al padre?—Siempre favorecen al que se queda. Al que se va lo persiguen. Aunque estés lejos, siguen presionando.—¿Cómo es hoy tu vida en Tucumán?—Es complicado, pero vivo más tranquila. Estamos en una finca, trabajamos ahí. Formé una familia.María habla porque no quiere callar más.—Salir de la comunidad cuesta la vida. Quedarse, también. Cuento esto porque quiero a mis hijas conmigo. Porque no quiero que crezcan creyendo que el miedo es normal. Lo que pasa dentro no es religión: es sometimiento. Y si no hablamos, esto se repite una y otra vez.Con información propia, de Clarín, Infobae y Diario Perfil. 

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