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Argentina sufrió, venció a Suiza en el alargue y ya pensaba en Inglaterra

Si los dieciseisavos ante Cabo Verde fueron el susto y los octavos ante Egipto la confirmación de que el sufrimiento se había vuelto costumbre, los cuartos de final ante Suiza terminaron de instalar un patrón que ya nadie puede negar: esta Argentina no gana Mundiales, los sobrevive. El 11 de julio, en Kansas City, el partido arrancó con una genialidad silenciosa: a los 10 minutos, un pase de Messi habilitó a Alexis Mac Allister para el cabezazo que abrió el marcador. Argentina dominó con comodidad hasta el entretiempo, pero Suiza, ordenada y física, fue creciendo con el correr de los minutos hasta empatar con Dan Ndoye a los 67. Cinco minutos después, Breel Embolo se fue expulsado por doble amonestación, y el partido, contra toda lógica numérica, se volvió aún más incómodo: Suiza se replegó con diez y resistió con una convicción que llevó el cruce al alargue. En el segundo tiempo suplementario, cuando los penales ya asomaban como el desenlace inevitable, Julián Álvarez apareció con un remate de media distancia que se coló en el ángulo, un golazo “de otro partido” que rompió la resistencia helvética. Lautaro Martínez selló la historia en el último minuto, 120+1, para el 3 a 1 definitivo.
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Scaloni no ocultó la dificultad del desafío: “nos costó juntar cinco o seis pases”, reconoció, y calificó la victoria de “histórica”. Hubo, además, una coincidencia curiosa: Argentina y Suiza ya se habían cruzado en una instancia decisiva, los octavos de Brasil 2014, resueltos también en el alargue con un gol de Di María. Los jugadores, por su parte, empezaron a construir un relato compartido sobre el sufrimiento como método: Tagliafico habló de la costumbre de “saber sufrir”; Julián Álvarez, de encontrar “ese extra” cuando lo táctico ya no alcanza. Con este resultado, Argentina avanzó a semifinales, donde esperaba Inglaterra, otro equipo que también había atravesado su propio camino de sobresaltos. El bicampeonato seguía vivo, pero cada vez más parecido a una hazaña de resistencia que a un paseo de campeones.





