Política
Las ventas de libros físicos cayeron 34% en dos años: ¿desregular es la solución?

La venta en librerías está caída en todo el mundo: el cambio de hábitos, las plataformas online y el auge de los dispositivos electrónicos que facilitan (o reemplazan) la lectura son señalados como los principales culpables.
Pero en Argentina también incide otro fenómeno. La crisis de ingresos generalizada hace que hoy, en palabras de un librero, visitar uno de estos establecimientos ya no sea ni siquiera “parte del paseo”.
En esta situación, el Gobierno Nacional – a través del Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado comandado por Federico Sturzenegger – afirma que la solución es desregular. Los libreros consultados por RÍO NEGRO no acuerdan.
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Según un informe de la Cámara Argentina del Libro (CALI), en 2025 se registraron 27.650 obras en soporte papel, el valor más alto de la serie. Sin embargo, hubo una marcada caída en la cantidad total de ejemplares impresos: 34,6 millones, una reducción del 34% respecto de 2024 y la cifra más baja desde 2019.
“Este año, en volumen de venta, estoy en promedio un 32% abajo comparándome con principios de 2024”, dijo a RÍO NEGRO Cecilia Fanti, dueña de la librería porteña Céspedes y vicepresidenta de CALI.
34%
La caída en las ventas de libros impresos entre 2024 y 2025 según la Cámara Argentina del Libro (CALI).
“Esta es una industria de volumen: necesitás vender mucho para generar una mediana rentabilidad”, agregó. Fanti cuenta que su librería pasó de vender 33.000 libros en 2021 a 19.000 en 2024. Según sus proyecciones, este año venderá 17.000. Otras librerías cuentan panoramas similares.
La propuesta del Gobierno
El objetivo de Sturzenegger es derogar la llamada Ley del Libro, promulgada el 8 de enero de 2002. Esta legislación establece un precio uniforme de venta al público para los libros editados o importados en todas las librerías del país, con el objetivo de que los locales independientes puedan competir en igualdad de condiciones con las cadenas u otros establecimientos que también venden libros (como supermercados o farmacias).
Una vocera del Ministerio de Desregulación afirmó, en diálogo con RÍO NEGRO, que la derogación de la Ley del Libro “tiene por objetivo que los libros sean más accesibles para los lectores”.
Desregulación de los libros. Lo que impulsa el ministro Federico Sturzenegger.
Según la vocera, “cuando hay más competencia, los consumidores tienen más opciones y mejores precios”. “La experiencia internacional respalda ese enfoque. En el Reino Unido, tras eliminar el sistema de precio único en 1995, no sólo no desaparecieron las librerías ni la producción editorial, sino que aumentó la cantidad de títulos publicados. No existe evidencia en el mundo de que el precio fijo sea necesario para preservar la bibliodiversidad”, afirmó.
En 1995, el Reino Unido derogó el Net Book Agreement, un acuerdo que obligaba a todos lo vendedores a vender libros al mismo precio mínimo por 12 meses después de su publicación. Sin embargo, al contrario de lo que afirma el Gobierno, según un paper titulado “Book Prices in the UK Since the End of Resale Price Maintenance”, de Frank Fishwick, publicado en 2008 en el International Journal of the Economics of Business y estudios consiguientes, no fue así.
En realidad, más de 500 librerías independientes cerraron en el transcurso de una década, y el número total de librerías especializadas se redujo a aproximadamente 1.040 en 2009, antes de tocar fondo con 867 en 2016. Una vez derogado el acuerdo, el precio de los libros terminó subiendo prácticamente el doble de la inflación: en los 12 años transcurridos entre 1995 y 2007, tras abandonar el precio fijo, los libros aumentaron casi un 50%, mientras que la inflación en ese mismo periodo fue del 27,6%.
La desregulación que propone el gobierno busca acercar los libros al lector, fomentar la competencia y generar una reducción en los precios.
“La Ley del Libro surgió cuando no existían Mercado Libre ni las grandes cadenas. ¿Qué pasaba entonces? Como el libro tiene un componente de bien cultural, a los supermercados les daba prestigio. Ellos lo vendían sin ningún tipo de margen o iban a pérdida”, dijo Fanti. Esto puso en peligro a las librerías de todo el país. “Como los supermercados estaban rompiendo el mercado, es que sale la ley”, agregó.
Hoy, afirma Fanti, la ley impide que las grandes cadenas – que tienen volúmenes de ventas mayores – puedan apelar al dumping o pactar con las editoriales para obtener descuentos. “Lo que terminaría generando la derogación es que el mercado minorista se achique”, agrega Fanti.
Independientes
Para Fernanda Salgado, dueña de Quimhué, tradicional librería de General Roca fundada en 1968, los precios no bajarían de forma permanente si el Gobierno llevara a cabo sus planes.
Es que el dumping en el que podrían incurrir las grandes cadenas con espalda podría bajar los precios temporalmente “para sacarse de encima la competencia” y, una vez que las librerías independientes cierren, las grandes cadenas volverían a subir los precios. Al no poder competir, las librerías independientes se verían obligadas a cerrar. Y, como consecuencia directa, al no haber quien venda sus libros, las editoriales independientes también dejarían de existir.
Los libreros temen por el dumping de las grandes cadenas y por la desaparición de las pequeñas editoriales independientes que impulsó la Ley del Libro.
La Ley del Libro también permitió el boom de editoriales independientes, pequeñas y medianas en los últimos 25 años. Esto asegura la existencia de catálogos especializados, de nicho o de investigación en las librerías de barrio, que no suelen tener espacio o visibilidad en las mesas principales de las grandes cadenas o supermercados, que priorizan los libros de alta rotación.
Para Fanti, este ecosistema permitió el éxito de varios autores que hoy son parte del mainstream. “Claudia Piñeiro no empezó publicando en Alfaguara, lo mismo que Gabriela Cabezón Cámara: salieron de editoriales independientes”, afirma Fanti.
“La desregulación generaría un problema cultural: las pequeñas librerías (que podrían desaparecer) funcionan como espacios de encuentro y para visibilizar la diversidad de títulos”.Fernanda Salgado, dueña de Quimhué, tradicional librería de General Roca.
“El caso más paradigmático es el de César Aira: podés encontrar sus libros en editoriales como Eloísa Cartonera, en Emecé, en Penguin Random House, en Blatt y Ríos, en Beatriz Viterbo”, ejemplificó. “Los autores van encontrando cuál es su mejor editorial, y eso aporta la riqueza bibliográfica de un país”, concluyó.
Según Salgado, el proyecto de Sturzenegger acarrearía “un problema cultural”. “Las pequeñas librerías funcionan como espacios de encuentro y para visibilizar la diversidad de títulos”, agregó. Para Salgado, la Ley del Libro no implica ningún costo para el Estado. Su derogación, afirma, solo sería “un beneficio para grandes grupos económicos dentro del negocio del libro”.





