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Falencias en la supuesta investigación del vínculo Perón-Nelly Rivas

Siempre he leído muchas interesantes investigaciones de Ignacio Cloppet, pero en este caso no puedo dejar pasar por alto una nota publicada el día 15 de febrero en PERFIL, donde vuelve con sus reiterada tesis, de que la relación amorosa de Perón con Nelly Rivas fue una infamia instrumentada por el gobierno de Aramburu. En primer lugar, en lo que expone cae en una falacia ad hominen, al descalificar lo que pueda decir el doctor Juan O. Zavala por su pasado antiperonista. Se ve que Cloppet tiene la memoria muy selectiva y olvida tantos antiperonistas que Perón incorporó en el año 1972-73 para ganar las elecciones. A eso se suma decir que “mintió a diestra y siniestra” aglutinando una “infamia instaurada” por Pedro Eugenio Aramburu y Francisco Manrique. Su afirmación en términos historiográficos estrictos resulta una imputación grave que requiere prueba documental específica.
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Hasta donde alcanza la investigación histórica publicada y accesible, no existe una sentencia judicial firme ni un dictamen pericial concluyente que haya establecido formalmente que Zavala falsificó pruebas o declaró falsamente en el marco del caso vinculado a Juan Domingo Perón y Nelly Rivas. Que yo conozca, nadie ha mostrado que las cartas de Perón a Nelly Rivas son falsas, ni tampoco todo lo que se consigna allí sobre las fabulosas joyas que el general Perón le regalara, además de las que le prestara que eran de Eva Perón. Tampoco Cloppet muestra prueba alguna que demuestre que la historia que rodeó la relación del general Perón con Nelly Rivas, fue producto de un invento pergeñado por el general Aramburu y Francisco Manrique. Cloppet pretende clausurar el debate sobre el caso Juan Domingo Perón–Nelly Rivas apoyándose en una premisa fuerte pero insuficientemente demostrada: la supuesta existencia de un “expediente original” íntegro y unívoco que probaría la adulteración total del sumario del Tribunal de Honor. Sin embargo, más allá de la transcripción comparativa de algunas fojas, subsisten interrogantes sustanciales que el propio autor no despeja. En primer lugar, la cuestión central no se agota en la autenticidad material de un expediente militar instruido tras el golpe de 1955. Aun si se concediera —hipotéticamente— la existencia de irregularidades formales o interpolaciones, ello no invalida automáticamente la totalidad de los hechos investigados ni convierte en inexistente la relación. La invocación de la doctrina de los “frutos del árbol envenenado”, propia del derecho procesal penal, resulta aquí más retórica que pertinente: el Tribunal de Honor no fue un proceso judicial ordinario con garantías plenas, sino una instancia administrativa y disciplinaria en un contexto político excepcional. Trasladar mecánicamente esa doctrina para descalificar cualquier elemento probatorio derivado es más que discutible. Por otra parte, se ve que su profesión de abogado no de historiador le ha jugado una mala pasada, ya que en la preceptiva historiográfica eso de “los frutos del árbol envenenado” no juega para nada, lo que sabe hasta cualquier aprendiz de la materia. Una cosa es el derecho y otra la historia. En segundo término, el texto omite considerar un aspecto que complejiza seriamente la tesis exculpatoria: la correspondencia intercambiada entre Perón y Nelly Rivas. Esas cartas —cuya existencia nunca fue negada categóricamente por el propio entorno peronista, ni sometida a una pericia caligráfica para demostrar su falsedad— revelan un vínculo que excedía el mero trato paternal o protocolar. El contenido afectivo de esa correspondencia no encaja fácilmente con la imagen de una simple relación de padrinazgo político o protección institucional. Si la hipótesis fuese exclusivamente la de una joven colaboradora en tareas vinculadas a la UES, ¿por qué el tenor íntimo de ciertos intercambios epistolares? Asimismo, resulta insoslayable el dato patrimonial: Perón dejó a Rivas una enorme suma de dinero y valiosas joyas que le había obsequiado. Este hecho, documentado por diversas investigaciones históricas, tampoco armoniza con la narrativa de una relación distante o meramente tutelar. La disposición de bienes personales —dinero y alhajas de significativo valor— constituye un indicio material que no puede ser despachado como simple calumnia forjada por adversarios políticos. El propio gesto patrimonial revela una cercanía singular. A esto se suma, haber regalado una casa a su padres, que pagó Perón de su patrimonio personal. Tampoco obviar la enorme suma de dinero en efectivo que el general Perón dejara a la menor, y que fuera secuestrada en casa de sus padres. Otro punto débil del artículo es la afirmación categórica de que el expediente “original” estuvo “ocultado por décadas”. El Sr. Cloppet no precisa dónde se encuentra actualmente ese supuesto original, en qué archivo fue conservado, bajo qué cadena de custodia permaneció, ni qué peritajes paleográficos o documentológicos avalan su autenticidad. La mera publicación de transcripciones no sustituye la exhibición pública del documento completo ni la posibilidad de someterlo a examen independiente. En materia historiográfica, la carga de la prueba recae en quien afirma la autenticidad o falsedad de una fuente que contradice versiones previas. No basta decir que tiene una copia del expediente, y además, ¿cómo es posible que algo tan secreto y reservado, que por su naturaleza debió ser preservado, haya caído en sus manos? Creo que debería explicarlo claramente y como esto es una cuestión histórica relevante, dejar que la justicia actúe, y ponga punto final a cualquier especulación. Creo que no puede soslayarse el contexto político de 1954–1955: el poder concentrado en la figura presidencial, la asimetría evidente entre un jefe de Estado de 58 años y una menor de edad, y el carácter cerrado del entorno presidencial de Olivos. Aun prescindiendo de calificativos penales, la cuestión ética e institucional permanece abierta y no se diluye por la eventual adulteración de un expediente posterior. Lo más significativo de toda la cuestión, es cómo se puede justificar que una menor de 14 años, que vivía con sus padres, se fuera de pronto a vivir definitivamente con el presidente de la República, que lo acompañara a actos públicos, que luciera alhajas que eran de Evita, y que esa convivencia se interrumpiera solo cuando la revolución de septiembre de 1955. ¿Al Dr. Cloppet, le parece común o convencional, que algo semejante ocurra? Nelly Rivas no era huérfana ni estaba desprotegida, para irse a vivir a la residencia presidencial, dejando a sus padres. Respecto a la mentada relación no me interesa abrir juicios morales, que nada tienen que ver con el propósito de esta nota, sino puntualizar, hechos y circunstancias graves, precisas y concordantes, que muestran la existencia de un vínculo que no era el de padre-hija que se quiere demostrar. El Dr. Juan Ovidio Zavala, en su libro sobre Nelly Rivas, trató muy respetuosamente al general Perón y se limitó a relatar cómo había defendido a Nelly Rivas y a sus padres, llegando a todas las instancias procesales. Decir que mintió a diestra y siniestra, sin probar tales afirmaciones, supone un acto de falta de rigor intelectual, especialmente cuando se acusa a alguien de falsificador, ya que —según Cloppet— todo lo que consigna Zavala, que probaría su relación con Perón, sería invento suyo, como así también la enumeración de las importantes alhajas mencionadas en el libro y las sumas de dinero —cuantiosas para la época— que le dejara Perón, y que Nelly Rivas intentó recuperar infructuosamente a través de sus presentaciones ante la justicia. En definitiva, la tesis de la falsificación total como argumento conclusivo resulta frágil, porque no solo se trata de un expediente, sino de otros elementos de juicio, que Cloppet sugestivamente no menciona. La discusión histórica exige algo más que contraponer “expediente verdadero” versus “expediente fraguado”. Exige transparentar las fuentes, permitir su verificación independiente, explicar la correspondencia privada y justificar la transferencia de bienes personales. Mientras estos puntos no sean abordados con la misma minuciosidad con que se denuncia la adulteración documental, la polémica seguirá abierta y la defensa basada exclusivamente en la nulidad del sumario continuará siendo, discutible e incompleta. La historia no se construye a partir de afirmaciones categóricas ni sospechas elevadas a verdad revelada, sino sobre la base de pruebas contrastables, contextualización y coherencia interna de los hechos. Si se sostiene que todo el andamiaje documental es espurio, debe demostrarse no sólo la adulteración formal del expediente, sino también la inexistencia material de los actos, bienes y relaciones que los documentos existentes reflejarían. De lo contrario, la hipótesis de la falsificación total corre el riesgo de transformarse en una explicación residual: útil para cerrar el debate, pero insuficiente para esclarecerlo. La responsabilidad intelectual impone, entonces, un estándar simétrico: el mismo nivel de exigencia probatoria que se reclama para validar un documento debe aplicarse para descartarlo. Sin esa simetría crítica, el debate deja de ser histórico y se convierte en meramente polémico. Y cuando la polémica sustituye al análisis, lo que se pierde no es sólo una discusión académica, sino la posibilidad misma de aproximarse con honestidad a la verdad de los hechos. *Director del Observatorio de la Deuda Pública
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Aumento de jubilaciones con bono ANSES: cuáles son los nuevos montos por la inflación de 3,4% en marzo
Tras conocerse el dato de inflación correspondiente a marzo de 2026 por parte del INDEC, las jubilaciones y pensiones de ANSES aumentarán 3,4% a partir del próximo mes.
Desde la entrada en vigencia de la nueva fórmula de movilidad opor el Decreto 274/24, los aumentos para las jubilaciones, pensiones y asignaciones son mensuales y toman como referencia el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de dos meses atrás.
Jubilaciones en debate: por qué el futuro previsional también es una decisión personal
De no mediar cambios, los beneficiarios seguirán cobrando $70.000 como bono adicional. Los nuevos montos son:
– Jubilación mínima: $463.250,17 ($393.250,17 + bono de $70.000).
– Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM): $384.599,67 ($314.599,67 + Bono de $70.000).
– Pensión no Contributiva por Invalidez y Vejez: $345.275,12 ($275.275,12 + bono de $70.000).
– Pensión Madre de 7 hijos: $463.250,17 ($393.250,17 + bono de $70.000).
Quiénes pueden cobrar el bono de $70.000
El bono no alcanza a todos los beneficiarios, sino que está dirigido a quienes perciben menores ingresos dentro del sistema. Según informó ANSES, lo recibirán:
– Jubilados que cobran el haber mínimo
– Titulares de Pensiones No Contributivas (PNC)
– Beneficiarios de la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM)
Para cobrar el monto completo del bono, es necesario percibir ingresos iguales o inferiores a la jubilación mínima ($393.250,17).
En el caso de que se perciba un monto superior, se pagará un compensatorio para alcanzar los $463.250,17. Es decir que si beneficiario cobrara $400.000, el bono ascendería a $63.250,17.
LM
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El pronóstico de la inflación para el 2026 quedó sin efecto: “En lo que va del año se acumuló 10 puntos porcentuales de inflación”
El economista, Fran Martinelli, en comunicación con Canal E, analizó que la inflación de marzo volvió a ubicarse en el centro del debate económico. El dato oficial del 3,4% abrió interrogantes sobre su composición, la metodología de medición y el impacto real en el bolsillo.
Martinelli remarcó que el cálculo del IPC no es un promedio simple: “Para poder medir la inflación lo que se hace no es un promedio simple de todos los rubros”. Y explicó el rol de la canasta de consumo: “Lo que busca emular el INDEC es la canasta que consumimos los argentinos”.
La desactualización de la medición inflacionaria
Sin embargo, el problema central radica en la actualización de esa canasta: “La canasta que se armó y que se está sosteniendo, es una canasta del 2004 a 2005 con un ajuste por precio de 2016”. Esto genera una distorsión en la medición actual, ya que existe una estructura más reciente: “Hay una canasta más reciente que en el 2017-2018”.
Martinelli detalló qué sectores impulsaron la inflación: “La educación aumentó 12,1% en este mes”. También destacó otros rubros por encima del promedio: “Aumentó el transporte 4,1% y servicios, tarifas, etc., que aumentó 3,7%”.
Según explicó, estos componentes tienen mayor peso en la canasta actualizada, lo que cambia la lectura del dato: “Estos tres que estuvieron por encima tienen mayor peso en la encuesta o en la ponderación del 2017-2018”.
La estimación de la inflación en el presupuesto quedó obsoleta
El entrevistado cuestionó las metas oficiales: “Ya en lo que va del año se está acumulando casi 10 puntos porcentuales de inflación”. Sobre la misma línea, marcó la inconsistencia con el presupuesto: “El Gobierno había pronosticado que la inflación de todo el año iba a ser de 10,1%”.
Uno de los puntos más críticos es el deterioro del ingreso real. En este sentido detalló que, “los trabajadores registrados perdieron, en términos reales y descontando la inflación, casi 8%”.
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Los astronautas de Artemis II deberán cumplir con una rehabilitación de 45 días tras su regreso a la Tierra
En misiones cortas como lo fue la Artemis II, se estima que los astronautas de la NASA sufrieron una pérdida de masa muscular que ronda entre el 1 y 2% especialmente en dos partes del cuerpo: piernas y espalda. El proceso de rehabilitación que se extenderá por 45 días incluirá rutinas intensivas de fisioterapia y ejercicio. Además, los especialistas controlarán la redistribución de líquidos en su cuerpo y posibles alteraciones visuales. La medicina espacial pone especial énfasis en el sistema inmune, que se debilita significativamente durante las misiones espaciales. La exposición a la microgravedad y las fuerzas extremas de la reentrada a la atmósfera, que alcanzan hasta 3,9 veces la gravedad terrestre, demandan una intervención médica inmediata y sostenida. “Punto Nemo”: el cementerio espacial de la NASA y lugar más inaccesible de la Tierra
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El cuerpo de los integrantes de la tripulación de Artemis II debe readaptarse a la gravedad. Los cosmonautas pueden sufrir desorientación, mareos y náuseas. Incluso, es habitual que se vean impedidos de caminar por sus propios medios. Amerización de la nave Orion de la misión Artemis II Además de la masa muscular, los médicos monitorean otros aspectos como la densidad ósea, que también disminuye en el espacio, y la capacidad cardiovascular, ya que el corazón trabaja de manera diferente en microgravedad. Debilitamiento del sistema vestibular: pérdida de equilibrio El efecto más inmediato tras el regreso a la Tierra es la pérdida del equilibrio. Durante la estancia en el espacio, el sistema vestibular (ubicado en el oído interno y responsable del balance) se desactiva parcialmente debido a la falta de señales de gravedad. Nueva tendencia de la NASA: elegir astronautas maduros que puedan manejar la técnica y las emociones conjuntas No es que «olviden» el movimiento para caminar, los astronautas suelen ser trasladados en camillas al aterrizar, no por lesiones, sino para proteger su sistema musculoesquelético debilitado y evitar caídas mientras su cerebro recalibra la verticalidad. Un cuerpo “acostumbrado al espacio”: por qué los músculos se debilitan Uno de los principales efectos de la microgravedad es la pérdida de masa muscular. En ausencia de la gravedad terrestre, los músculos, especialmente los de las piernas, la espalda y el cuello, dejan de trabajar con la misma intensidad que en la Tierra. Como resultado, comienzan a debilitarse y a reducir su volumen, un fenómeno conocido como atrofia muscular. La llegada de la tripulación de Artemis II ¿Qué es el overview effect y por qué cambia para siempre a quienes van al espacio? En condiciones normales, el cuerpo humano utiliza constantemente estos grupos musculares para mantenerse erguido, caminar o realizar movimientos cotidianos. Sin embargo, en el espacio, los astronautas flotan y requieren mucho menos esfuerzo físico para desplazarse. Esto provoca que el organismo “ahorre energía” y reduzca el tejido muscular que considera innecesario. PM
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