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El muro de julio de 2027 apura al Gobierno a destrabar dólares frente al escepticismo del mercado

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El calendario político y financiero de la Argentina converge hacia una fecha límite julio de 2027. Un deadline estratégico que definirá la supervivencia de la gestión de Javier Milei. Para ese momento, el ministro de Economía, Luis Caputo, necesita haber desarmado una bomba compuesta por vencimientos de deuda, el fin de la ventana de ingreso al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y el límite de tolerancia de un electorado que exigirá resultados palpables. El trilema macroeconómico —acumulación de reservas, desinflación y nivel de actividad— se encamina a su prueba de estrés definitiva en la antesala de las elecciones presidenciales.

A marzo de 2026 ya se habla de esa fecha en despachos financieros, legales y consultoras. Los drivers son dos: la ausencia de la salida a los mercados internacionales y el descalce entre las buenas noticias del mundo energético, minero y de los sectores extractivistas y los datos de empleo y actividad.

La posibilidad de abrir el mercado voluntario de deuda internacional, que a principios de año parecía innegable, hoy se aleja. A pesar del ancla fiscal, la curva de bonos soberanos grafica la cautela global y, este lunes, el riesgo país volvió a los 600 puntos básicos. En Wall Street advierten que la tasa de rendimiento exigida a la Argentina ronda el 9,8%, un costo de capital que Caputo no está dispuesto a convalidar. Esta dinámica mantiene la persiana del crédito externo virtualmente clausurada hasta nuevo aviso.

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El salvavidas del FMI y el reloj de los vencimientos

Frente a este cerrojo, el Gobierno vuelca su estrategia hacia los organismos multilaterales. Una fuente con conocimiento de las discusiones en Washington aseguró a PERFIL que es altamente probable que el Fondo Monetario Internacional (FMI) decida otorgar fondos frescos a la Argentina durante el próximo año. Sin embargo, el board mantendrá una lupa inflexible sobre las reservas netas del Banco Central: la prioridad técnica del organismo es asegurarse la capacidad de repago del país.

En su informe de Perspectivas 2026, la sociedad de bolsa Portfolio Personal Inversiones (PPI) cuantificó la urgencia: «A modo de ejemplo, no da igual acumular o no los US$ 10.000 millones este año, ya que representan el 45% de los vencimientos en dólares de 2027 (bonos del Tesoro, BOPREAL y pagos netos al FMI, siempre asumiendo 100% de rollover con organismos multilaterales), en un caso extremo de cierre del mercado por shock político».

Por ahora, Finanzas logra patear vencimientos mediante rollover en la plaza local de pesos, acumulando liquidez para sortear los compromisos más próximos. Sin embargo, cualquier operación dura de crédito (como un repo internacional) encuentra su límite temporal natural en julio de 2027; más allá de esa fecha, el riesgo de recambio presidencial paraliza a los prestamistas, coincidieron distintas fuentes en conversación con este medio.

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A esta encerrona financiera se le suma un costo oculto en los precios. La consultora Suramericana advirtió que la actual acumulación de reservas se está financiando, en parte, mediante emisión monetaria que, al no encontrar una mayor demanda de pesos, impacta directamente sobre la inflación. La advertencia de cara al inminente paredón de vencimientos es: si el país no logra acceder al crédito para refinanciar su deuda externa, la porción que quede al descubierto terminaría pagándose, en los hechos, con inflación. Esta volatilidad ya tiene un reflejo directo en la City, donde la demanda de títulos públicos indexados por inflación sigue ganando un peso determinante.

El apuro del RIGI y la economía a dos velocidades

En la economía real, la fecha julio 2027 también acelera los tiempos del capital hundido. El RIGI tiene fecha de caducidad para la inscripción de proyectos en ese mes en específico, forzando definiciones inmediatas. Un influyente abogado de la City, al tanto de los próximos desembolsos de las grandes corporaciones energéticas internacionales, advierte que las firmas se apuran a ingresar al régimen. No obstante, el termómetro de los directorios arroja una alerta: el estancamiento de la actividad general comienza a operar como un obstáculo para la toma de decisiones definitivas.

La radiografía del último EMAE exhibe una macroeconomía escindida a dos velocidades (con el sector de la energía creciendo al 10,7% y la industria manufacturera cayendo al 13%, por ejemplo). Mientras el sector extractivo opera en un boom histórico, el entramado industrial padece la recesión. Desde PPI analizaron este contraste: «Pasadas las elecciones de medio término con una victoria, con una inédita ayuda de EE.UU., y con reformas de leyes que muestran acompañamiento político, lo cierto es que no se observa un espíritu inversor masivo, con lo que los anuncios de campaña de llegar a la tierra prometida se van deshilachando cada vez más».

Desde MAP Latam profundizaron sobre este punto y advirtieron que, “sin acceso pleno a los mercados internacionales de deuda, la Argentina necesita seguir fortaleciendo reservas para reducir su vulnerabilidad externa, lo que limita fuertemente el margen” de maniobra sobre el frente de la actividad y la inflación. El elevado nivel de tasas complica la recuperación del crédito y restringe el financiamiento al sector privado. Esto impacta de lleno en el consumo, que exhibe señales de agotamiento, con una mora en las familias que se disparó a niveles récord.

Inflación crónica y el dilema del empleo

En los pasillos de Balcarce 50 el diagnóstico ya fue recalibrado: el país convivirá con un IPC alto por un período prolongado. Tras ocho meses de aceleración inflacionaria, Caputo relativizó la promesa de llegar a inflación cero a mediados de año y estiró el horizonte hacia «septiembre/octubre». La incorporación al Ministerio de Economía de Ernesto Talvi, el exfuncionario uruguayo que diseñó un programa de estabilización «gradual» extendido a lo largo de siete años, confirma que el shock desinflacionario puro quedó descartado.

Esta persistencia fue confirmada en el último reporte global de J.P. Morgan. Bajo el título «Stuck in a number» (Atrapados en un número), el banco de inversión estadounidense destacó que la inflación núcleo en Argentina aceleró al 3,1% mensual y advirtió que la presión sobre los precios se mantendrá firme a lo largo de todo el segundo trimestre de 2026. Los analistas de Manhattan proyectan que, empujado por subas en educación y nuevos ajustes regulados en electricidad, agua y combustibles, el IPC de marzo volverá a rondar el 3% mensual, forzando a corregir la inflación interanual estimada para diciembre al 26,5%.

Este sinceramiento no pasó desapercibido en las terminales financieras. PPI destacó que el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) marca un corrimiento paralelo al alza para todos los meses futuros. En el mercado de bonos soberanos, se configura una «curva plana que indica cierto escepticismo en la reducción de tasas y de inflación».

El Gobierno registró superávit financiero y primario en febrero

En esta línea, el trade off entre domar los precios y reactivar las fábricas se volverá el eje rector del Gobierno. «El dilema de fondo en nuestra economía es tan clásico como latente: inflación versus actividad», señaló PPI, anticipando que esta tensión copará la agenda hacia 2027. «En el próximo test político, con la estabilidad de precios eventualmente tomada como ‘dada’, el electorado podría alterar sus preferencias y demandar mayor actividad económica y, especialmente, aquella que cree empleo», argumenta el reporte. Si bien el 2025 cerrará traccionado por un arrastre promedio del 4,3%, los analistas advierten que la estadística «no podrá tapar un nulo crecimiento entre puntas en 2026».

Este escenario ya está forzando recalibraciones en el equipo económico. Tras una primera etapa dominada por la prioridad antiinflacionaria y el mandato social, «ese equilibrio comienza a tensionarse». Según el análisis de MAP, el Gobierno «parece haber tomado nota» y comenzó a aplicar «una moderación incipiente del sesgo contractivo», evidenciada en una menor absorción de liquidez y un tipo de cambio menos rezagado en sus últimas intervenciones.

El factor geopolítico: la guerra seca la plaza

El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente suma un escollo mayúsculo al esquema de estabilización. La escalada bélica empujó el precio del barril de crudo Brent por encima de los USD 90, mejorando los márgenes de exportación de Vaca Muerta, pero inyectando fuertes presiones inflacionarias y un duro castigo financiero para los emergentes.

Una intensificación del conflicto bélico o su mera prolongación en el tiempo podría derivar en un fuerte episodio de fly to quality. Esta salida masiva de capitales desde los mercados emergentes agregaría una severa presión cambiaria en toda la región, acorralando aún más a la macroeconomía argentina.

AM/ML

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Eduardo Lahoz advierte: “La morosidad está tocando valores récord, arriba del 11%”

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El último dato de inflación volvió a encender alertas sobre el rumbo económico, aunque para Eduardo Lahoz no se trata de una sorpresa. “Este 3,4% es un poco el correlato que se viene observando en el mercado”, señaló, al remarcar que el índice se mantiene en niveles similares desde hace más de seis meses.

El economista explicó que el cambio de prioridades del Gobierno es clave para entender esta dinámica. “El objetivo del equipo económico pasó a ser la acumulación de reservas”, afirmó, destacando que desde comienzos de 2026 se dejó en segundo plano la desaceleración inflacionaria.

En ese sentido, detalló la tensión estructural del programa económico: “Para poder frenar la inflación, vos tenés que frenar la economía”, lo que implica decisiones difíciles en un contexto de bajo nivel de actividad.

Una economía que crece, pero no para todos

Lahoz describió un escenario desigual, donde conviven sectores en expansión con otros en caída. “Vos tenés una economía que este año en PBI va a crecer alrededor de un 4 o un 5%”, explicó, aunque aclaró que ese crecimiento está concentrado.

Según indicó, “si esos sectores crecen al 8 o al 10%, significa que hay otros sectores que están cayendo”, en clara referencia al contraste entre el agro y la energía frente al mercado interno.

El impacto en la vida cotidiana es evidente. “Desapareció el crédito por el lado de las empresas y de las familias”, sostuvo, vinculando esta situación con el endurecimiento de las tasas durante 2025. Como consecuencia, alertó que “la morosidad está tocando valores récord, arriba del 11%”.

Frente a este panorama, destacó un cambio reciente en la política económica. “El equipo económico empezó a poner énfasis en bajar las tasas de interés”, lo que podría aliviar el financiamiento. Y agregó: “lo que lográs es bajar el costo del financiamiento para las empresas y para la familia”, una condición necesaria para reactivar el consumo.

Recuperación lenta y desafíos hacia 2027

Consultado sobre las perspectivas, Lahoz fue cauteloso. “Ojalá que sí sea”, respondió sobre la posibilidad de los “mejores 18 meses” planteados por el Gobierno, aunque marcó límites claros.

El economista señaló que durante mucho tiempo se priorizaron variables macro por sobre la economía real: “descuidando el mercado interno”, especialmente el poder adquisitivo de los trabajadores.

No obstante, reconoció un cambio reciente: “el gobierno ha empezado a estimular nuevamente el otorgamiento de créditos”, lo que podría marcar un punto de inflexión si se sostiene en el tiempo.

Aun así, advirtió que la recuperación será gradual. “Cuando vos la querés poner en marcha, no es un Fórmula 1”, graficó, anticipando un proceso lento. En esa línea, sostuvo que “la recuperación económica tal vez nos cueste un poco más”, con señales más claras recién hacia fin de año o comienzos de 2027.

En cuanto a la inflación, proyectó cierta estabilidad en el corto plazo. “La inflación en abril va a ser similar a la de marzo”, indicó, aunque con variaciones en los componentes. Y concluyó con una advertencia: “difícilmente lleguemos a una inflación de 1% en el 2026”, postergando ese objetivo para más adelante.

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Aumento de jubilaciones con bono ANSES: cuáles son los nuevos montos por la inflación de 3,4% en marzo

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Tras conocerse el dato de inflación correspondiente a marzo de 2026 por parte del INDEC, las jubilaciones y pensiones de ANSES aumentarán 3,4% a partir del próximo mes.

Desde la entrada en vigencia de la nueva fórmula de movilidad opor el Decreto 274/24, los aumentos para las jubilaciones, pensiones y asignaciones son mensuales y toman como referencia el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de dos meses atrás.

Jubilaciones en debate: por qué el futuro previsional también es una decisión personal

De no mediar cambios, los beneficiarios seguirán cobrando $70.000 como bono adicional. Los nuevos montos son:

– Jubilación mínima: $463.250,17 ($393.250,17 + bono de $70.000).

– Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM): $384.599,67 ($314.599,67 + Bono de $70.000).

– Pensión no Contributiva por Invalidez y Vejez: $345.275,12 ($275.275,12 + bono de $70.000).

– Pensión Madre de 7 hijos: $463.250,17 ($393.250,17 + bono de $70.000).

Quiénes pueden cobrar el bono de $70.000

El bono no alcanza a todos los beneficiarios, sino que está dirigido a quienes perciben menores ingresos dentro del sistema. Según informó ANSES, lo recibirán:

– Jubilados que cobran el haber mínimo

– Titulares de Pensiones No Contributivas (PNC)

– Beneficiarios de la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM)

Para cobrar el monto completo del bono, es necesario percibir ingresos iguales o inferiores a la jubilación mínima ($393.250,17).

En el caso de que se perciba un monto superior, se pagará un compensatorio para alcanzar los $463.250,17. Es decir que si beneficiario cobrara $400.000, el bono ascendería a $63.250,17.

LM

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El pronóstico de la inflación para el 2026 quedó sin efecto: “En lo que va del año se acumuló 10 puntos porcentuales de inflación”

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El economista, Fran Martinelli, en comunicación con Canal E, analizó que la inflación de marzo volvió a ubicarse en el centro del debate económico. El dato oficial del 3,4% abrió interrogantes sobre su composición, la metodología de medición y el impacto real en el bolsillo.

Martinelli remarcó que el cálculo del IPC no es un promedio simple: “Para poder medir la inflación lo que se hace no es un promedio simple de todos los rubros”. Y explicó el rol de la canasta de consumo: “Lo que busca emular el INDEC es la canasta que consumimos los argentinos”.

La desactualización de la medición inflacionaria

Sin embargo, el problema central radica en la actualización de esa canasta: “La canasta que se armó y que se está sosteniendo, es una canasta del 2004 a 2005 con un ajuste por precio de 2016”. Esto genera una distorsión en la medición actual, ya que existe una estructura más reciente: “Hay una canasta más reciente que en el 2017-2018”.

Martinelli detalló qué sectores impulsaron la inflación: “La educación aumentó 12,1% en este mes”. También destacó otros rubros por encima del promedio: “Aumentó el transporte 4,1% y servicios, tarifas, etc., que aumentó 3,7%”.

Según explicó, estos componentes tienen mayor peso en la canasta actualizada, lo que cambia la lectura del dato: “Estos tres que estuvieron por encima tienen mayor peso en la encuesta o en la ponderación del 2017-2018”.

La estimación de la inflación en el presupuesto quedó obsoleta

El entrevistado cuestionó las metas oficiales: “Ya en lo que va del año se está acumulando casi 10 puntos porcentuales de inflación”. Sobre la misma línea, marcó la inconsistencia con el presupuesto: “El Gobierno había pronosticado que la inflación de todo el año iba a ser de 10,1%”.

Uno de los puntos más críticos es el deterioro del ingreso real. En este sentido detalló que, “los trabajadores registrados perdieron, en términos reales y descontando la inflación, casi 8%”.

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