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Amelia López: “Hoy la narrativa social concibe la adolescencia como un riesgo”

Después de una década al frente de la Defensoría de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (DDNA) de Córdoba, Amelia López se prepara para dejar el cargo el próximo 7 de abril. No lo hace por decisión propia, sino por el límite legal que impide una nueva reelección tras dos mandatos consecutivos.
Médica de profesión, con una trayectoria que incluye su paso como diputada nacional y como ministra de Educación durante la segunda gestión de José Manuel de la Sota, López fue una figura central en la construcción del perfil institucional del organismo, el primero de su tipo en el país.
En diálogo con Perfil Córdoba, repasó su gestión, analiza los desafíos actuales —especialmente los vinculados al mundo digital— y fija posición sobre debates sensibles como la baja de la edad de imputabilidad.
—¿Cómo resumiría el trabajo realizado en estos 10 años?
—La Defensoría fue la primera del país y el desafío inicial fue construir una identidad: ser un organismo de garantía, de control y de exigibilidad de derechos. Para eso armamos equipos interdisciplinarios, generamos protocolos y una lógica de intervención que evitara que las personas fueran de un lugar a otro sin respuestas. En una segunda etapa, el eje pasó a ser el protagonismo de niñas, niños y adolescentes. Tuvimos que volver a instalar en la sociedad la idea de que son sujetos de derecho y, sobre todo, traducir ese concepto en acciones concretas. En ese recorrido, también fuimos cambiando herramientas, porque cambiaron los problemas.
—Hoy, por ejemplo, ¿el mundo digital es mucho más invasivo que hace 10 años?
—En los últimos años vimos crecer problemáticas ligadas al ecosistema digital. Pero hay que entender algo: para los chicos no existe la diferencia entre lo real y lo digital. Es un único sistema. Nosotros, los adultos, tenemos una mirada más analógica. Entonces, lo que antes pasaba en el ámbito presencial hoy también ocurre en el digital. Las vulneraciones son las mismas: ciberacoso, grooming, sexting, pornografía.
«El mundo digital se convirtió en otro espacio donde se juegan los derechos».
—Y también el juego online, que es un gran flagelo.
—El juego online existe y no se puede negar. Por eso hablamos de la necesidad de regulaciones, de una ciudadanía digital responsable. Tenemos que preguntarnos: ¿cuánto tiempo está mi hijo en la pantalla? Si yo veo que está cambiando de conductas, que no está prestando atención, o que le está yendo mal en la escuela tengo que reaccionar, que ponerle un límite. Y ese límite no puede ser la proscripción. Tiene que ser un límite consensuado, para que el chico también se comprometa.
—¿En qué lugar se ubica en el debate sobre el celular en la escuela?
—Creo que hay escuelas que han adoptado algunas medidas que me parecen interesantes, como ponerlos en una canasta y sacarlos solamente cuando tengan que hacer algún trabajo en particular. Eso es responsable: poner límite, poner control, poner condiciones, poner actividades. Pero no se puede evitar que lo tengan.
—¿Cree que la escuela realmente está conteniendo a los chicos?
—Los chicos con la escuela sienten una contradicción. Es el lugar donde tienen la posibilidad de generar más oportunidades, donde tienen los amigos, donde pueden socializar y, como contraparte, también puede convertirse para ellos en el lugar más violento. ¿Cómo se salva esta contradicción? Con adultos capaces de acompañar, de escuchar sin juzgar, siendo capaces también de dar una opinión que no sea una prescripción, ni una orden; siendo capaces de dialogar y estando dispuestos a escucharlos en el momento que ellos necesitan ser escuchados. Y también necesitamos espacios de salud mental especializados en adolescentes. Hay muy pocos espacios con esa especialidad.
—¿Hay un estigma social sobre la peligrosidad de los adolescentes que delinquen?
—Hoy la narrativa social concibe a la adolescencia como un riesgo, como un problema. No sabemos qué les está pasando a los chicos y nadie se pregunta ni siquiera qué nos están queriendo decir. Hemos hecho un universo de cada caso de delito juvenil, que en realidad porcentualmente son menos del 1%. Entonces, cambiar la conversación pública de los últimos tiempos debe ser un objetivo central.
—Usted marcó diferencias con el ministro de Seguridad, Juan Pablo Quinteros, sobre el nuevo Régimen Penal Juvenil (Ley 27801), que permite investigar y juzgar a adolescentes de 14 a 18 años por delitos graves, estableciendo penas máximas de 15 años.
—Es que mi rol es garantizar derechos y cumplir con la normativa internacional (Convención sobre los Derechos del Niño, de 1989). Y la experiencia muestra que las respuestas punitivas, aunque sean socialmente aceptadas, no resuelven el problema. Cuando se aplican medidas restaurativas, cuando se acompaña a un chico, cuando hay un tutor o un referente, los resultados son distintos.
Apuestas online: la pandemia silenciosa que vuelve a clases
—¿Por qué cuesta tanto sostener esa mirada “restaurativa”?
—Porque requiere esfuerzo. Es más fácil adherir a discursos que proponen el encierro. Pero encerrar a un chico durante años solo profundiza la violencia. En el encierro se aprende la ley del más fuerte. Entonces, lo que vamos a tener después es más violencia, más reiterancia. Es el “espiral de la violencia” del que hablaba Helder Cámara (N. de la R.: obispo brasileño, símbolo del catolicismo latinoamericano comprometido con la defensa de los pobres y los derechos humanos). Eso es lo que hay que desandar. Yo creo que esta ley es una aberración desde el punto de vista de la normativa internacional. La acepto como parte de la vida democrática, pero no resignadamente.
—Y en “el mientras tanto”, ¿qué se hace?
—No estoy diciendo que no hay que hacer nada, ni significa que el menor no sea culpable. El problema es que un adolescente tiene desarrollos emocional y físico que van por carriles distintos. Los chicos crecen físicamente, pero sus emociones, su cerebro, crecen de otra manera. Por eso la responsabilización exige que el adolescente se haga cargo de lo que ha hecho, que comprenda acabadamente el daño ocasionado. Y, después de eso, hay que trabajar y acompañarlo en la reinserción. También hay que entender el contexto: niveles de pobreza y de violencia social muy altos. No podemos pretender que los adolescentes sean ajenos a eso cuando los adultos les mostramos una sociedad violenta, atravesada por discursos de odio.
—Entonces, el “clima de época” es parte del problema.
—Hay una corriente antiderechos mundial que nos hace creer que tengo que destruir al otro para alcanzar el éxito. Pero la realidad es que los seres humanos somos una especie social, que evoluciona más cuanto más relacionamiento tiene y que involuciona más con el individualismo. Y hoy estamos viviendo una profunda involución porque el dinero es más importante que las personas. Si no comprendemos que somos una única humanidad, que lo que me pase a mí también le va a repercutir al otro y lo que le pase al otro también me va a repercutir a mí, vamos a volvernos cada vez más primitivos.
—Después de tantos años, ¿cómo hace para lidiar con la sensación de que nunca es suficiente?
—Hay momentos de tristeza y de desazón. Pero soy una persona resiliente y también veo a muchos jóvenes que quieren construir desde el diálogo y la paz. Lo que falta es articular esa energía para que tenga incidencia y logre cambiar la conversación pública. Tenemos que entender que el odio no es sentido común, sino una construcción muchas veces alimentada por algoritmos. Como sociedad, necesitamos rehumanizarnos.
Salud mental juvenil: un sistema que llega tarde
El dato más inquietante del informe “Adolescencias: entre transformaciones y búsquedas” —elaborado por la Defensoría de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de Córdoba, con el apoyo del Programa Adolescencias de la Universidad Pedagógica Nacional (Unipe) y presentado el jueves 19 de marzo— no está en una cifra aislada sino en la brecha que explicita: el propio documento advierte sobre una “brecha crítica” entre la magnitud del malestar y la capacidad real del sistema para dar respuesta.
El relevamiento, que combina datos oficiales con testimonios directos, identifica señales persistentes como estrés, angustia, consumos problemáticos e incluso ideación suicida, frente a un sistema que llega tarde, con recursos insuficientes y escasa capacidad preventiva.
El informe es claro: hoy se interviene sobre la urgencia más que sobre las causas. A esa limitación estructural se suma la dificultad del mundo adulto para interpretar y canalizar ese malestar, lo que deriva en respuestas tardías o en la parálisis frente a situaciones críticas. Esa combinación —demanda creciente, respuestas insuficientes y adultos desbordados— configura un escenario de riesgo en el que muchos jóvenes quedan librados a sus propios recursos, consolidando no sólo el malestar individual sino una sensación más profunda de soledad.
Sucesión en marcha
La salida de Amelia López de la Defensoría de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes se hará efectiva el próximo 7 de abril, cuando expire su segundo mandato, no renovable. A partir de allí, se activa el mecanismo previsto por la Ley 9396: el Ministerio de Justicia, a cargo de Julián López, deberá proponer una terna al gobernador Martín Llaryora, quien enviará un candidato a la Legislatura para su aprobación. Por ahora, el proceso se maneja con hermetismo y no hay nombres confirmados para el recambio.
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Aumento de jubilaciones con bono ANSES: cuáles son los nuevos montos por la inflación de 3,4% en marzo
Tras conocerse el dato de inflación correspondiente a marzo de 2026 por parte del INDEC, las jubilaciones y pensiones de ANSES aumentarán 3,4% a partir del próximo mes.
Desde la entrada en vigencia de la nueva fórmula de movilidad opor el Decreto 274/24, los aumentos para las jubilaciones, pensiones y asignaciones son mensuales y toman como referencia el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de dos meses atrás.
Jubilaciones en debate: por qué el futuro previsional también es una decisión personal
De no mediar cambios, los beneficiarios seguirán cobrando $70.000 como bono adicional. Los nuevos montos son:
– Jubilación mínima: $463.250,17 ($393.250,17 + bono de $70.000).
– Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM): $384.599,67 ($314.599,67 + Bono de $70.000).
– Pensión no Contributiva por Invalidez y Vejez: $345.275,12 ($275.275,12 + bono de $70.000).
– Pensión Madre de 7 hijos: $463.250,17 ($393.250,17 + bono de $70.000).
Quiénes pueden cobrar el bono de $70.000
El bono no alcanza a todos los beneficiarios, sino que está dirigido a quienes perciben menores ingresos dentro del sistema. Según informó ANSES, lo recibirán:
– Jubilados que cobran el haber mínimo
– Titulares de Pensiones No Contributivas (PNC)
– Beneficiarios de la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM)
Para cobrar el monto completo del bono, es necesario percibir ingresos iguales o inferiores a la jubilación mínima ($393.250,17).
En el caso de que se perciba un monto superior, se pagará un compensatorio para alcanzar los $463.250,17. Es decir que si beneficiario cobrara $400.000, el bono ascendería a $63.250,17.
LM
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El pronóstico de la inflación para el 2026 quedó sin efecto: “En lo que va del año se acumuló 10 puntos porcentuales de inflación”
El economista, Fran Martinelli, en comunicación con Canal E, analizó que la inflación de marzo volvió a ubicarse en el centro del debate económico. El dato oficial del 3,4% abrió interrogantes sobre su composición, la metodología de medición y el impacto real en el bolsillo.
Martinelli remarcó que el cálculo del IPC no es un promedio simple: “Para poder medir la inflación lo que se hace no es un promedio simple de todos los rubros”. Y explicó el rol de la canasta de consumo: “Lo que busca emular el INDEC es la canasta que consumimos los argentinos”.
La desactualización de la medición inflacionaria
Sin embargo, el problema central radica en la actualización de esa canasta: “La canasta que se armó y que se está sosteniendo, es una canasta del 2004 a 2005 con un ajuste por precio de 2016”. Esto genera una distorsión en la medición actual, ya que existe una estructura más reciente: “Hay una canasta más reciente que en el 2017-2018”.
Martinelli detalló qué sectores impulsaron la inflación: “La educación aumentó 12,1% en este mes”. También destacó otros rubros por encima del promedio: “Aumentó el transporte 4,1% y servicios, tarifas, etc., que aumentó 3,7%”.
Según explicó, estos componentes tienen mayor peso en la canasta actualizada, lo que cambia la lectura del dato: “Estos tres que estuvieron por encima tienen mayor peso en la encuesta o en la ponderación del 2017-2018”.
La estimación de la inflación en el presupuesto quedó obsoleta
El entrevistado cuestionó las metas oficiales: “Ya en lo que va del año se está acumulando casi 10 puntos porcentuales de inflación”. Sobre la misma línea, marcó la inconsistencia con el presupuesto: “El Gobierno había pronosticado que la inflación de todo el año iba a ser de 10,1%”.
Uno de los puntos más críticos es el deterioro del ingreso real. En este sentido detalló que, “los trabajadores registrados perdieron, en términos reales y descontando la inflación, casi 8%”.
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Los astronautas de Artemis II deberán cumplir con una rehabilitación de 45 días tras su regreso a la Tierra
En misiones cortas como lo fue la Artemis II, se estima que los astronautas de la NASA sufrieron una pérdida de masa muscular que ronda entre el 1 y 2% especialmente en dos partes del cuerpo: piernas y espalda. El proceso de rehabilitación que se extenderá por 45 días incluirá rutinas intensivas de fisioterapia y ejercicio. Además, los especialistas controlarán la redistribución de líquidos en su cuerpo y posibles alteraciones visuales. La medicina espacial pone especial énfasis en el sistema inmune, que se debilita significativamente durante las misiones espaciales. La exposición a la microgravedad y las fuerzas extremas de la reentrada a la atmósfera, que alcanzan hasta 3,9 veces la gravedad terrestre, demandan una intervención médica inmediata y sostenida. “Punto Nemo”: el cementerio espacial de la NASA y lugar más inaccesible de la Tierra
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El cuerpo de los integrantes de la tripulación de Artemis II debe readaptarse a la gravedad. Los cosmonautas pueden sufrir desorientación, mareos y náuseas. Incluso, es habitual que se vean impedidos de caminar por sus propios medios. Amerización de la nave Orion de la misión Artemis II Además de la masa muscular, los médicos monitorean otros aspectos como la densidad ósea, que también disminuye en el espacio, y la capacidad cardiovascular, ya que el corazón trabaja de manera diferente en microgravedad. Debilitamiento del sistema vestibular: pérdida de equilibrio El efecto más inmediato tras el regreso a la Tierra es la pérdida del equilibrio. Durante la estancia en el espacio, el sistema vestibular (ubicado en el oído interno y responsable del balance) se desactiva parcialmente debido a la falta de señales de gravedad. Nueva tendencia de la NASA: elegir astronautas maduros que puedan manejar la técnica y las emociones conjuntas No es que «olviden» el movimiento para caminar, los astronautas suelen ser trasladados en camillas al aterrizar, no por lesiones, sino para proteger su sistema musculoesquelético debilitado y evitar caídas mientras su cerebro recalibra la verticalidad. Un cuerpo “acostumbrado al espacio”: por qué los músculos se debilitan Uno de los principales efectos de la microgravedad es la pérdida de masa muscular. En ausencia de la gravedad terrestre, los músculos, especialmente los de las piernas, la espalda y el cuello, dejan de trabajar con la misma intensidad que en la Tierra. Como resultado, comienzan a debilitarse y a reducir su volumen, un fenómeno conocido como atrofia muscular. La llegada de la tripulación de Artemis II ¿Qué es el overview effect y por qué cambia para siempre a quienes van al espacio? En condiciones normales, el cuerpo humano utiliza constantemente estos grupos musculares para mantenerse erguido, caminar o realizar movimientos cotidianos. Sin embargo, en el espacio, los astronautas flotan y requieren mucho menos esfuerzo físico para desplazarse. Esto provoca que el organismo “ahorre energía” y reduzca el tejido muscular que considera innecesario. PM
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