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Política

Cuando la fecha también juega


Luis Alberto Romero advirtió sobre los “gobiernos electores”, capaces de intervenir en la construcción de resultados electorales. Su reflexión permite analizar una herramienta que parece administrativa, pero tiene consecuencias políticas: la fecha de las elecciones.

En Neuquén, la normativa provincial establece pautas generales, mientras que algunas cartas orgánicas municipales fijan condiciones propias. Sin embargo, quedan márgenes para decidir cuándo se vota. Esa facultad puede convertirse en una herramienta de poder.

Separar los comicios provinciales de los nacionales no es una decisión neutra. Busca, entre otras consecuencias, evitar que el resultado presidencial arrastre votos hacia las categorías locales. La elección de gobernador, diputados, intendentes y concejales se desarrolla así en un escenario diferente del que tendría si coincidiera con la nacional.

El 16 de abril de 2023

La pregunta es qué criterios orientan esa decisión. Una cosa es organizar el proceso electoral y otra elegir el momento que resulte más conveniente para quienes gobiernan o para sus adversarios.

El 16 de abril de 2023 ofrece un antecedente central. Neuquén votó con una anticipación poco habitual respecto de la asunción de las nuevas autoridades. El calendario apuró las definiciones opositoras, mientras el MPN oficial, conocido entonces como el sector Azul, tenía preparada su estructura para competir. Marcos Koopmann fue su candidato, pero perdió frente a Rolando Figueroa.

El adelantamiento muestra cómo una fecha puede condicionar los tiempos de los partidos, acelerar la definición de candidaturas y alianzas y modificar el terreno de la competencia.

Las internas abiertas del Movimiento Popular Neuquino también permiten una comparación. Eran una instancia decisiva para definir quién disputaría la Gobernación. Ganar esa competencia significaba recorrer buena parte del camino hacia la Casa de Gobierno. Era una disputa partidaria, no de una elección general.

Una democracia necesita reglas claras

La diferencia importa. En una interna, los tiempos condicionan a una organización política. En una elección general, la convocatoria alcanza a todos los partidos y a los ciudadanos que eligen a sus representantes.

Adelantar demasiado los comicios no constituye, por sí mismo, una irregularidad. El problema aparece cuando la fecha se utiliza según las necesidades políticas del momento. La legalidad es indispensable, pero no alcanza para garantizar la calidad institucional.

Una democracia necesita reglas claras, previsibles y conocidas con anticipación. También necesita que las decisiones de quienes gobiernan no sean percibidas como mecanismos para obtener ventajas electorales. Cuanto mayor sea la discrecionalidad, mayores serán las dudas sobre las razones para elegir determinado día.

La advertencia de Romero cobra sentido en este punto. No hace falta intervenir directamente en el voto para influir sobre una elección: también se puede incidir sobre las condiciones en las que se compite.

Reducir los márgenes de especulación

La fecha no determina quién gana, pero puede modificar el escenario, acelerar definiciones y alterar estrategias. Por eso, la discusión sobre el calendario electoral neuquino debería concentrarse en reducir los márgenes de especulación.

Convertir una herramienta administrativa en una herramienta de poder tiene riesgos que conviene minimizar. No se trata de impedir que las autoridades ejerzan las facultades que les reconoce la ley, sino de establecer criterios que limiten el uso discrecional del calendario.

La pregunta no debería ser qué fecha conviene al oficialismo o a la oposición, sino qué reglas garantizan condiciones de competencia previsibles y equitativas. Porque la democracia no comienza cuando se abre el cuarto oscuro: también se construye cuando se decide en qué condiciones los ciudadanos podrán elegir.

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