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Dalemás, 61 años fabricando pelotas de fútbol que son orgullo de una ciudad y una familia

Inventaron en Bell Ville la costura invisible y la válvula para inflar las pelotas de fútbol en 1931. En 1965 una familia creó la fábrica que hoy es orgullo de esa localidad y los Fuglini.
Fernando Fuglini y el orgullo de una familia y una ciudad cordobesa que se consideran la Capital Mundial de las actuales pelotas de fútbol. Fotos: redes
En Bell Ville, Córdoba, hay una fábrica que lleva más de seis décadas cosiendo, literalmente, la pasión de un país. Se llama Dalemás y su historia empieza con una tornería mecánica, sigue con un incendio que la hizo renacer de las cenizas, y hoy transita un presente marcado por la apertura importadora y la pregunta inevitable sobre el futuro del fútbol de potrero. Para esta edición especial de El Diario de Vanesa, hablamos con Fernando Fuglini, uno de los tres hermanos que hoy conducen la empresa fundada por su padre en 1965.
Un inventor con dos oficios
Todo empezó con Roberto Fuglini, un técnico egresado de las escuelas industriales ENET que, según cuenta su hijo, “era un gran inventor” y no paraba de pensar en cómo fabricar cosas. Trabajó primero en Ariel, un taller de motores en Bell Ville, hasta que decidió independizarse con su propia tornería mecánica, rechazando incluso una oferta para triplicarle el sueldo con tal de que se quedara.
La bifurcación llegó de la mano de un amigo, el señor Antonini, que le encargó unas máquinas para fabricar pelotas de fútbol. Las máquinas se construyeron, pero terminaron sin uso hasta que, meses después, el propio Antonini se las compró. Fue el puntapié inicial de una empresa que terminaría eclipsando a la tornería.
El nombre, de hecho, no lo eligió Roberto: se lo puso su esposa, la señora de Antonini, que lo alentaba con un “dale, dale más con la fábrica”. Así nació Dalemás, un 30 de julio de 1965.
Bell Ville, la verdadera capital de la pelota
Fuglini es categórico en un punto que atraviesa toda la identidad de la marca: aunque el Gobierno argentino declaró a Bell Ville Capital Nacional de la Pelota de Fútbol, para él y su familia la ciudad merece un título aún mayor.
—Nosotros decimos que Bell Ville es la Capital Mundial de la Pelota de Fútbol —afirma.
El argumento tiene base histórica. En 1931, tres vecinos de la ciudad —Polo, Tosolini y Balbonesi— inventaron la válvula invisible y la pelota sin tiento, reemplazando el viejo cuero duro que ataba el balón y que, según cuenta la leyenda futbolera, obligaba a algunos jugadores a usar boina para no lastimarse la cabeza al cabecear. Ese invento, sumado a la incorporación de la cámara inflable, cambió para siempre la fabricación de pelotas en todo el planeta.
Cosidas a mano, contra reloj y contra Asia
La marca registrada de Dalemás sigue siendo la costura artesanal. Cada pelota profesional debe cumplir los parámetros que exigen la FIFA, la Confederación Sudamericana y la AFA: entre 410 y 450 gramos de peso, 68 centímetros de circunferencia y un pique de entre 1,10 y 1,30 metros al dejarla caer desde dos metros de altura.
—No es que la pelota cosida a mano sea más liviana, como dicen los jugadores. No es así. Simplemente están acostumbrados a jugar con las que se fabrican en la zona —explica Fuglini.
Un costurero tarda, en promedio, tres horas y media en coser una sola pelota, un trabajo que hoy se paga alrededor de 5.000 pesos y que, según Fuglini, sigue siendo mayormente “una cuestión de necesidad” antes que una vocación de oficio entre los más jóvenes.
Ese trabajo minucioso choca de frente contra una competencia imposible de igualar en precio: fábricas del sudeste asiático, como una firma amiga en Pakistán que produce 20.000 pelotas por día, con jornadas de doce horas y sueldos que no admiten comparación.
—No tenemos ninguna posibilidad de competir por precio. Ninguna —resume, sin vueltas.
La apuesta por la indumentaria deportiva
Para sortear otra ola de importaciones indiscriminadas, Dalemás encontró una salida: fabricar indumentaria deportiva sublimada, con entrega rápida y personalización de nombres y números, algo que la producción china no puede igualar en los tiempos que exige un club de barrio.
—Hagamos algo que no venga de China y que ellos no puedan hacer en el acto —recuerda Fuglini que pensaron.
Dos nacimientos y una tercera generación en danza
Dalemás no tuvo una sola fundación. En 1995 un incendio destruyó por completo la fábrica, obligando a empezar de nuevo. Por eso Fuglini sostiene que la empresa “nace dos veces”: en 1965 y en 1995.
Hoy, los tres hermanos al frente del negocio —Fernando, de 63 años; su hermano, de 59, y su hermana, de 55— empiezan a mirar hacia una tercera generación, con tres hijos que podrían continuar el legado familiar. Pero la incertidumbre del contexto, la inteligencia artificial y hasta el avance del pádel sobre las viejas canchitas de fútbol cinco dejan flotando una pregunta que el propio Fuglini prefiere no responder con certezas:
—No me animo a pronosticar ni siquiera qué va a pasar dentro de tres meses.
Una fábrica de alegrías
Pese a las dificultades, la frase que resume seis décadas de historia no habla de números ni de importaciones, sino de algo más simple:
—“Dale Más, 61 años fabricando alegrías”. Después podés ganar o perder, pero si querés ver a un chico que se larga a reír, regalale una pelota de fútbol.
Con esa convicción, Dalemás sigue cosiendo, a mano y contra viento y marea, una parte de la identidad futbolera de Bell Ville y de la Argentina.
Te cuento, a vos que seguís estas notas de El Diario de Vanesa: regresaba hace unos días de un viaje de Capilla del Monte por traslados de mascotas, paré a tomar un café en Bell Ville sobre la Ruta 9 y en el parador me encontré con esta exposición de pelotas! Pregunté por Fernando pero no estaba y conseguí su contacto y pude enviarle las preguntas … me encantó!!
Espero que a vos te haya impactado como a mí esta entrevista y ¡será hasta la próxima!





