Connect with us

Actualidad

Hacer ruido | Perfil




En el primer párrafo de La tumba sin sosiego, de 1944, el ensayista inglés Cyril Connolly escribe: “Cuantos más libros leemos, mejor advertimos que la función genuina de un escritor es producir una obra maestra y que ninguna otra finalidad tiene la menor importancia”. Collony es un extraordinario ensayista, entre irónico y melancólico, autor también de otro libro fundamental, Enemigos de la promesa, publicado unos años antes, y de un par de artículos sobre la bibliofilia que deberían ser de lectura obligatoria para cualquier amante de los libros. Pero volviendo al comienzo, la frase en cuestión siempre me intrigó. Supongo que no por las razones más evidentes (cierto elitismo aristocratizante, que tampoco tiene la menor importancia), sino por el carácter tan literario del asunto. Connolly sólo habla de literatura y de escritores. ¿Puede decirse algo parecido sobre otras artes? Pensaba en esto a propósito de una muestra del videoartista catalán Muntadas que vi hace mucho tiempo. El videoarte es una disciplina que ya tiene una larga historia y muchas cosas todavía por decir. Y que dio al menos dio dos grandes artistas (artistas maestros en el sentido de Connolly), que no tienen nada que envidiarle a los grandes pintores o cineastas del siglo XX: Nam June Paik y Bill Viola. Cercano al grupo Fluxus y a Stokhausen, Paik es poco menos que el inventor del videoarte, y probablemente quién más lejos llegó en su afán de experimentación. La de Viola es una obra que introduce a lo audiovisual en un terreno claramente intelectual: una reflexión radical sobre la relación entre acontecimiento y temporalidad. Recuerdo también unos videos, de un concurso (no me acuerdo cuál) en Buenos Aires, también hace años. Como suele suceder con la literatura, los ganadores del concurso son menos interesantes que los que sólo obtuvieron mención, o los que directamente no ganaron nada (cada día me convenzo más de que hay que felicitar a los artistas que no ganan concursos, precisamente por eso, por no haber ganado). Pero una de las menciones del jurado era a un video perfecto: Soy como un pulpo, del brasilero Sávio Leite, donde rinde homenaje a Lourenco Mutarelli, uno de los grandes ilustradores brasileros, lamentablemente muy poco conocido entre nosotros. No viene al caso ahora, pero déjenme decirles que la tradición del videoarte brasilero es por demás interesante. Retomando la cuestión del video, en términos generales, me encuentro muchas veces volviendo a ver videos clip de rock de los 90 o 2000, de la época de la vieja MTV. Confesar que me gustaban algunos segmentos de MTV supongo que equivale a confesar algunos vicios privados que mejor no elogiar en público, pero había muchos videos muy interesantes (muchas veces más interesantes que las propias canciones que venían a soportar, en el sentido del soporte audiovisual, obviamente). Más de un buen director de cine surgió de esa escuela. Cierta vez le preguntaron al crítico francés Jean Paul Fargier cuál es la diferencia entre el cine y el videoarte, y respondió: “Mientras en el cine se dice ‘Silencio, se rueda’; en el video se dice: ‘Ruido, se edita”. Es precisamente esa dimensión ruidosa, desplazada, sucia, e inacabada, lo que vuelve interesante al videoarte. O mejor dicho: es lo que vuelve interesante a cualquier arte.

Esto no les gusta a los autoritarios

El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.

HOSPITAL VILLA LA ANGOSSTURA 294 449-4170