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Hinchas del reglamento | Perfil

–Jefe, vengo con un tema que hace tiempo le vengo dando vueltas. –A ver… –¿Se dio cuenta de que ya no hay más hinchas de fútbol, ahora somos todos fanáticos de las conspiraciones?
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–No entiendo, Gómez, ampliá. –Quiero decirle que de lo que más hablan los hinchas es de los árbitros, de las jugadas dudosas, del VAR. A nadie parece importarle el fútbol. O se creen que hablar de esos temas es hablar de fútbol. –No lo había registrado, no suelo hablar demasiado de fútbol. Es interesante. –Se corrió el eje. Antes de un partido ahora están todos pendientes de quién es el árbitro y quién está en el VAR. Entonces empiezan las especulaciones. Y después del partido las discusiones tienen que ver con jugadas dudosas, penales no cobrados o goles anulados. Nos hicimos hinchas del reglamento. –Buen título. Seguí. –Y ahí aparecen las teorías conspirativas. Que la AFA, que Tapia, que las SAD, que Barracas Central, el gobierno, Verón, las casas de apuestas y la mar en coche. Los hinchas, sean de Boca o de Aldosivi, no importa, se convencen de que su club fue, es y será el más perjudicado por el círculo rojo del fútbol. Y si en un partido un árbitro no los bombeó de manera muy evidente, dicen cosas como “las chiquitas las cobró todas para ellos”. Los hinchas se ponen en víctimas de un complot eterno. –Me gusta para una columna de opinión. –Ya no se admiten errores, cualquier equivocación de un jugador o un árbitro genera sospechas. Y nos volvimos expertos en rarezas como el trazado de líneas o los brazos que amplían los volúmenes de los cuerpos. Esto provocó una manera distinta de mirar los partidos. Supongo que las redes habrán hecho lo suyo para amplificar las polémicas y poner por delante los fallos de los árbitros. –Algo así ocurrió después de la final con España, con esa ola de relatos conspiranoicos. –Claro, esas versiones ridículas de que Argentina había ido para atrás. Dos o tres situaciones medio raras alimentaron la paranoia, y taparon lo mal que jugó Argentina y lo bien que jugó España. –Te pusiste profundo, Gómez, ¿estás bien? –Estoy bien. –Entonces debe ser que no estamos acostumbrados. –No se haga el gracioso, jefe. –¿Con la despedida del martes tenés pensado hacer algo? –Solo si Sancor Seguros pone un aviso. –Jaaaaa, ¡qué papelón! Igual me emocioné, un par de veces estuve a punto de lagrimear. –Lo entiendo, jefe. El último partido, un gol, la despedida. Fue todo muy intenso. –Se lo va a extrañar a Leo. –¿Ah, Messi? Creí que hablaba de Otamendi. –Bue… ahora el gracioso sos vos. –La situación es un poco graciosa. Se despidió el mismo día que Messi y no se enteró nadie. A Otamendi le faltó timing, llegó tarde al cierre. –¿Qué cierre? –No me dé bola, cosas del fútbol. –Bueno, listo, andá a laburar, si no vas a terminar como Toto. –¿Timbeando con lingotes de oro? –No, colgado del pincel. –Uh, qué dice, con eso no se jode, jefe.







