{"id":14376,"date":"2026-04-25T05:09:37","date_gmt":"2026-04-25T08:09:37","guid":{"rendered":"https:\/\/noticiasdeangostura.com.ar\/?p=14376"},"modified":"2026-04-25T05:09:37","modified_gmt":"2026-04-25T08:09:37","slug":"entre-la-celebracion-y-el-desgaste-el-mundo-del-libro-se-sostiene-muy-a-pesar-de-la-crisis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/noticiasdeangostura.com.ar\/?p=14376","title":{"rendered":"Entre la celebraci\u00f3n y el desgaste, el mundo del libro se sostiene muy a pesar de la crisis"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<br \/><\/p>\n<p>\t\t\t\t\t\tLa escena se repite cada oto\u00f1o, con una puntualidad que ya forma parte del calendario cultural porte\u00f1o: la Feria del Libro de Buenos Aires vuelve a abrir sus puertas y, con ellas, se activa una maquinaria que lleva medio siglo convocando a todos los eslabones de la cadena editorial. No es solo un evento: es un ecosistema que se enciende durante semanas y que, como cada a\u00f1o, mezcla entusiasmo, agotamiento y una persistente sensaci\u00f3n de que, pese a todo, el libro sigue encontrando su lugar.    Afuera, la econom\u00eda aprieta. La crisis \u2013una m\u00e1s en la larga serie argentina\u2013 empuja a la cultura, incluso a su expresi\u00f3n m\u00e1s elemental, hacia el terreno de los bienes de lujo. Adentro, sin embargo, la escena es otra. Los pasillos se llenan, los stands se preparan para recibir lectores, los cat\u00e1logos se despliegan como promesas. La Feria avanza a tientas sobre ese terreno complejo, sostenida por una pregunta que nunca termina de responderse: cu\u00e1nto m\u00e1s puede resistir una industria que vive en permanente estado de alerta.    Quienes trabajan en el mundo del libro lo sintetizan con una mezcla de resignaci\u00f3n y orgullo. Hay cansancio, dicen. Hay jornadas interminables, falta de descanso, una din\u00e1mica que se parece m\u00e1s a la de un festival que a la de una feria tradicional. Pero tambi\u00e9n hay otra cosa, dif\u00edcil de medir: la algarab\u00eda, el reencuentro, la persistencia de una pr\u00e1ctica que combina comercio y vocaci\u00f3n. Se vende, s\u00ed, pero tambi\u00e9n se conversa, se discute, se comparte. En ese cruce, la Feria mantiene su singularidad.<\/p>\n<p>        Esto no les gusta a los autoritarios<\/p>\n<p>                El ejercicio del periodismo profesional y cr\u00edtico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los due\u00f1os de la verdad.<\/p>\n<p>    Terminadas las jornadas profesionales, las puertas se abren al p\u00fablico general y el clima cambia. La circulaci\u00f3n se vuelve m\u00e1s densa, m\u00e1s diversa, m\u00e1s ruidosa. Empieza, ahora s\u00ed, la fiesta. Familias, estudiantes, lectores ocasionales y habitu\u00e9s recorren los pabellones en busca de novedades, ofertas o simplemente de la experiencia de estar ah\u00ed. La Feria, en ese momento, deja de ser una plataforma de negocios para convertirse en una escena cultural masiva.    El rito inaugural, como siempre, marca el tono. Hay discursos, autoridades, invitados especiales. Es un g\u00e9nero en s\u00ed mismo, con sus c\u00f3digos y sus expectativas. Este a\u00f1o, sin embargo, hubo una peque\u00f1a variaci\u00f3n que no pas\u00f3 desapercibida. En lugar del discurso solitario de una figura destacada, la organizaci\u00f3n opt\u00f3 por un formato distinto: un di\u00e1logo entre tres escritoras de peso, Gabriela Cabez\u00f3n C\u00e1mara, Leila Guerriero y Selva Almada. La moderaci\u00f3n qued\u00f3 en manos de la periodista Mar\u00eda O\u2019Donnell y la cita fue en la Pista Central, ante m\u00e1s de 1.500 invitados.    Antes de que comenzara la conversaci\u00f3n, la escena tuvo un pr\u00f3logo musical. Fito P\u00e1ez apareci\u00f3 como telonero, en un rol que sorprendi\u00f3 por su car\u00e1cter y por su duraci\u00f3n. El m\u00fasico se tom\u00f3 su tiempo. La espera se extendi\u00f3 m\u00e1s de lo previsto, pero, lejos de generar impaciencia, termin\u00f3 cargando de m\u00edstica el ambiente. Como si la demora formara parte del ritual.    P\u00e1ez abri\u00f3 con la zamba Maturana y recorri\u00f3 parte de su repertorio con cl\u00e1sicos como 11 y 6 y Mariposa Tecknicolor. Hubo un momento que condens\u00f3 el clima de la sala: cuando enton\u00f3 Me gusta estar al lado del camino, el p\u00fablico acompa\u00f1\u00f3 con un aplauso que estall\u00f3 justo en el verso que habla de los \u201ctiempos ego\u00edstas y mezquinos\u201d. No fue casual. En ese gesto se mezclaron m\u00fasica, contexto y una lectura compartida del presente.    Pero la ceremonia no qued\u00f3 al margen de la pol\u00edtica. Entre anuncios protocolares y menciones al puente cultural con Per\u00fa \u2013pa\u00eds invitado de esta edici\u00f3n\u2013, un episodio captur\u00f3 la atenci\u00f3n general y r\u00e1pidamente se convirti\u00f3 en comentario obligado. El secretario de Cultura, Leonardo Cifelli, subi\u00f3 al escenario en representaci\u00f3n del Ejecutivo. Defendi\u00f3 la gesti\u00f3n, habl\u00f3 de una inversi\u00f3n r\u00e9cord de 2.300 millones de pesos y asegur\u00f3 que el objetivo era \u201cordenar y hacer que la cultura funcione\u201d.    La reacci\u00f3n no fue un\u00e1nime. Hubo abucheos, murmullos, gestos de desaprobaci\u00f3n. Y, en ese clima tenso, lleg\u00f3 el momento que terminar\u00eda opacando el resto de su intervenci\u00f3n. Al intentar mencionar a Jorge Luis Borges, en el marco del homenaje por los 40 a\u00f1os de su muerte, lo nombr\u00f3 como \u201cJorge Luis Borgeres\u201d. El error fue inmediato, evidente. Y tambi\u00e9n, inevitablemente, comentado. La escena tuvo algo de involuntaria iron\u00eda: el desliz ling\u00fc\u00edstico en un evento dedicado a la palabra escrita.    Con ese antecedente fresco, el panel literario tom\u00f3 la posta. La decisi\u00f3n de reemplazar el discurso individual por una conversaci\u00f3n entre autoras \u2013y, adem\u00e1s, amigas\u2013 no fue solo una cuesti\u00f3n de formato. Propuso, de entrada, una idea: la escritura no es un acto completamente solitario, sino una pr\u00e1ctica atravesada por v\u00ednculos, lecturas compartidas, trayectorias que se cruzan. La Feria, en ese sentido, funciona como una confirmaci\u00f3n de esa dimensi\u00f3n.    El intercambio comenz\u00f3 con una reflexi\u00f3n sobre el lugar de las mujeres en la literatura contempor\u00e1nea. Leila Guerriero plante\u00f3 su incomodidad frente a la etiqueta \u201cliteratura de mujeres\u201d, una categor\u00eda que, seg\u00fan sugiri\u00f3, puede resultar reductiva. Sin embargo, celebr\u00f3 el cambio de escenario: record\u00f3 que, no hace tantos a\u00f1os, era habitual no encontrar mujeres en los programas de la Feria. Hoy, en cambio, la presencia es amplia, visible y diversa.    Selva Almada retom\u00f3 esa idea y la ampli\u00f3. Se\u00f1al\u00f3 que la literatura escrita por mujeres ya no ocupa un lugar marginal ni responde a una l\u00f3gica de gueto. Al contrario, se trata de un campo heterog\u00e9neo, con b\u00fasquedas propias y estilos diversos. La visibilidad, dijo, lleg\u00f3 para quedarse. Y, con ella, tambi\u00e9n se desarmaron ciertos prejuicios de lectura.    La pregunta sobre qu\u00e9 se entiende por \u201ctemas de mujeres\u201d apareci\u00f3 como un punto de tensi\u00f3n. Guerriero la formul\u00f3 de manera directa. Gabriela Cabez\u00f3n C\u00e1mara respondi\u00f3 desplazando el eje: plante\u00f3 que escribir es una capacidad que no depende del g\u00e9nero, la etnia o la clase social; que cualquier persona puede hacerlo; y que, en todo caso, la discusi\u00f3n deber\u00eda centrarse en qui\u00e9nes tienen acceso a los circuitos de publicaci\u00f3n y legitimaci\u00f3n.    El di\u00e1logo avanz\u00f3 hacia el terreno del oficio. La sala, en silencio, acompa\u00f1\u00f3 un tramo que se pareci\u00f3 m\u00e1s a un taller que a una charla p\u00fablica. Cada autora expuso su modo de trabajo, sus dudas, sus certezas. El resultado fue una especie de seminario improvisado sobre la escritura.    Cabez\u00f3n C\u00e1mara habl\u00f3 de im\u00e1genes iniciales, de frases que llegan con una m\u00fasica propia y que empujan el texto hacia adelante. Describi\u00f3 la escritura como una exploraci\u00f3n que, poco a poco, va construyendo un mundo. Insisti\u00f3 en la dimensi\u00f3n corporal del lenguaje y en la necesidad de trabajar con su materialidad, especialmente en un contexto donde la inteligencia artificial amenaza con automatizar ciertas formas narrativas.    Almada, en cambio, se movi\u00f3 en un registro m\u00e1s intuitivo. Dijo no tener un m\u00e9todo claro, pero s\u00ed una experiencia recurrente: la sensaci\u00f3n de que la escritura aparece cuando logra captar una m\u00fasica interna. Compar\u00f3 ese proceso con la lectura, como si ambas pr\u00e1cticas compartieran un mismo mecanismo subterr\u00e1neo.    Guerriero introdujo una diferencia clave desde su lugar en la no ficci\u00f3n. Para ella, escribir implica una etapa previa de acumulaci\u00f3n: entrevistas, investigaciones, transcripciones. Solo despu\u00e9s de reunir ese material se sienta a escribir. Describi\u00f3 un m\u00e9todo exigente, casi extremo, que incluye jornadas de hasta doce horas de trabajo. Un proceso que puede ser tan gozoso como frustrante.    En ese punto, apareci\u00f3 una coincidencia entre las tres: la relaci\u00f3n con el lenguaje como una forma de resistencia. Guerriero lo defini\u00f3 con precisi\u00f3n: hay algo en la escritura que consiste en vencer una resistencia \u201camorosa\u201d del lenguaje. Cuando esa resistencia cede, dijo, aparece un momento de satisfacci\u00f3n dif\u00edcil de igualar.    La conversaci\u00f3n deriv\u00f3 tambi\u00e9n hacia la idea de investigaci\u00f3n en la ficci\u00f3n. Almada la describi\u00f3 como una b\u00fasqueda lateral, m\u00e1s cercana a las resonancias que a los datos. Lecturas, pel\u00edculas, m\u00fasicas que dialogan con el texto en construcci\u00f3n. Cabez\u00f3n C\u00e1mara habl\u00f3 de sus propias rachas de lectura, de los libros que la acompa\u00f1an mientras escribe y de las huellas que dejan en sus obras.    Mientras tanto, la Feria segu\u00eda su curso alrededor. Los pasillos llenos, las filas para las firmas, las presentaciones simult\u00e1neas. Ese pulso constante que combina industria y cultura, mercado y vocaci\u00f3n. Un equilibrio siempre inestable.    Hacia el final, como una coda inevitable, aparecieron ecos de otros a\u00f1os. Discursos que todav\u00eda resuenan en la memoria reciente. La tensi\u00f3n entre cultura e industria, la discusi\u00f3n sobre el valor del trabajo autoral, la pregunta por el dinero en un \u00e1mbito donde la pasi\u00f3n suele convivir con la precariedad.    La Feria del Libro vuelve, una vez m\u00e1s, a condensar todas esas capas. Es, al mismo tiempo, celebraci\u00f3n y conflicto, encuentro y desgaste, resistencia y negocio. Un espacio donde la literatura se afirma, aun cuando las condiciones no siempre acompa\u00f1an. Y donde, pese al cansancio y a la incertidumbre, el libro sigue siendo el centro de una escena que se reh\u00fasa a desaparecer.  <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La escena se repite cada oto\u00f1o, con una puntualidad que ya forma parte del calendario cultural porte\u00f1o: la Feria del Libro de Buenos Aires vuelve a abrir sus puertas y, con ellas, se activa una maquinaria que lleva medio siglo convocando a todos los eslabones de la cadena editorial. 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