{"id":14388,"date":"2026-04-25T07:12:03","date_gmt":"2026-04-25T10:12:03","guid":{"rendered":"https:\/\/noticiasdeangostura.com.ar\/?p=14388"},"modified":"2026-04-25T07:12:03","modified_gmt":"2026-04-25T10:12:03","slug":"chernobyl-y-4-imagenes-de-lo-invisible","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/noticiasdeangostura.com.ar\/?p=14388","title":{"rendered":"Chernobyl y 4 im\u00e1genes de lo invisible"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<br \/><\/p>\n<p>\t\t\t\t\t\tEn 1953 la escritora estadounidense Marilyn Venable (1927-2025) public\u00f3 el relato Al fin tiempo suficiente en If, una revista de ciencia ficci\u00f3n. La figura central era Henry Bemis, un hombrecito tan miope que \u201cliteralmente no pod\u00eda ver su mano delante de la cara\u201d.     Por su complexi\u00f3n sumisa resultaba presa f\u00e1cil para un pu\u00f1ado de personas que lo somet\u00edan sin tregua, incluso apelando a perversas estrategias para impedir que consumara su ansiada ambici\u00f3n: \u201cleer un libro. No solo el t\u00edtulo, el prefacio o una p\u00e1gina cualquiera. Deseaba leerlo entero, de principio a fin\u201d.    Muchos supimos de Henry no por ese cuento de acceso limitado, sino a trav\u00e9s de una adaptaci\u00f3n bastante fidedigna efectuada en 1959 para la serie The Twilight Zone, una creaci\u00f3n de Rod Serling que aqu\u00ed se llam\u00f3 La Dimensi\u00f3n Desconocida y que hoy se ha convertido en materia de culto. No consegu\u00ed rastrear la fecha exacta de emisi\u00f3n en la Argentina de aquel octavo episodio, pero es muy probable que ocurriese entre 1961 y 1962&#8230; m\u00e1s o menos a mis nueve o diez a\u00f1os.<\/p>\n<p>        Esto no les gusta a los autoritarios<\/p>\n<p>                El ejercicio del periodismo profesional y cr\u00edtico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los due\u00f1os de la verdad.<\/p>\n<p>    Chernobyl, primera imagen invisible    Eran tiempos de Guerra Fr\u00eda, de la erecci\u00f3n del Muro de Berl\u00edn, de la crisis de misiles cubana y \u2013particularmente- de la detonaci\u00f3n nuclear m\u00e1s potente de la historia, concretada por la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica en una isla del \u00c1rtico. Acaso porque el mundo parec\u00eda hallarse al filo de un abismo, nunca olvid\u00e9 la escena final, una cruel iron\u00eda del destino que mantendr\u00eda tallada a fuego como un testimonio precoz de nuestra vulnerabilidad.     Hastiado del acoso, Henry irrumpe en la caja fuerte del banco donde trabaja, con su almuerzo, un peri\u00f3dico y alg\u00fan libro. Acomoda sus opulentos anteojos y se prodiga al fervor de la lectura. Su primer contacto, ef\u00edmero, es con la portada del peri\u00f3dico, que alerta sobre la colosal capacidad de destrucci\u00f3n de un arma nuclear.       En los a\u00f1os de gestaci\u00f3n de The Twilight Zone, Masaki Kobayashi concibe La Condici\u00f3n Humana, un colosal fresco humanista y antib\u00e9lico de casi 10 horas\u00bb      M\u00e1s tarde, mientras degusta un volumen sobre los viajes de Col\u00f3n, se adormece. Despierta con un estruendo que conmueve los cimientos de la b\u00f3veda y lo arroja al piso. Sale al exterior con dificultad y su mirada se trastorna ante la ciudad aniquilada. Camina despacio entre las ruinas, y su desaliento s\u00f3lo se aten\u00faa al divisar a lo lejos los escombros de una biblioteca p\u00fablica. Su cara delinea una expresi\u00f3n de ternura al comprobar que la mayor\u00eda de los libros est\u00e1n intactos, y a su disposici\u00f3n.     Entonces, justo cuando se inclina para recoger un libro, tropieza con algo y sus anteojos caen y se destruyen.     No creo haber sido el \u00fanico perturbado por esa representaci\u00f3n de sordidez. Algo comparable les debe haber sucedido a muchos otros, porque la situaci\u00f3n ha sido recreada y parodiada en juegos de PC, en parques tem\u00e1ticos de Hollywood, en series de reciente factura, y hasta por el cartero de Los Simpson.    Con el paso de los a\u00f1os la historia revel\u00f3 para m\u00ed una nueva dimensi\u00f3n, mucho m\u00e1s astringente. A medida que crec\u00eda le fui detectando, como en otros guiones m\u00e1s o menos contempor\u00e1neos, ciertas inconsistencias que le restaban verosimilitud. Lo m\u00e1s inquietante fue tomar conciencia de que ese mundo silente que al final enfrentaba Henry no pod\u00eda ser inerte, y que el aut\u00e9ntico drama transcurr\u00eda despu\u00e9s, por cuestiones que Venable y Serling hab\u00edan eludido.      Mientras cargaba sus pulmones de aire t\u00f3xico, quedaba inerme al veneno de rayos mort\u00edferos\u00bb      Aunque hubiera conservado sus anteojos, Henry no habr\u00eda sobrevivido en ese escenario de radiaciones lacerantes. La opresi\u00f3n de ese impacto fue mucho m\u00e1s profunda que la motivada, all\u00e1 por mi ni\u00f1ez, por su imposibilidad de leer. Henry se enfrentaba ahora a la degradaci\u00f3n de lo invisible. Mientras cargaba sus pulmones de aire t\u00f3xico, quedaba inerme al veneno de rayos mort\u00edferos. Esa circunstancia, la carencia de refugio y de contenci\u00f3n, dejaba expuesta su contundente fragilidad.     Hasta aqu\u00ed se extiende la primera imagen.    La segunda imagen hacia Chernobyl    La segunda imagen est\u00e1 esculpida en m\u00fasica de desintegraci\u00f3n. La intu\u00ed en alg\u00fan momento, cuando vislumbraba un \u00e1mbito para la agon\u00eda no exhibida de Henry. Eleg\u00ed un canto f\u00fanebre que, por la \u00e9poca de mi contacto con el hombrecito miope, concibi\u00f3 Krzysztof Penderecki. Es una p\u00e1gina para 52 instrumentos de cuerda, de rabiosos cromatismos, de ocasionales cuartos de tono, de bloques sonoros modulados por notas adyacentes superpuestas.     Originalmente designada 8&#8217;37\u00bb en alusi\u00f3n a su duraci\u00f3n, la pieza cobr\u00f3 una inusitada notoriedad cuando, poco despu\u00e9s, el compositor la rebautiz\u00f3 Treno a las v\u00edctimas de Hiroshima.      Es la pesadilla desatada en dos ciudades japonesas, el grito espectral de los transmutados en vapor y sombra; es la verg\u00fcenza, el horror, el caos at\u00f3mico\u00bb      La explosi\u00f3n germinal que encrespa la caja fuerte parece manifestarse en su apertura, luego sobreviene la punzante evocaci\u00f3n de un ilusorio alarido colectivo. Este clamor no se incluye en la filmaci\u00f3n, pero es f\u00e1cil presentirlo en los cad\u00e1veres que Henry elude en su rodeo. Es la pesadilla desatada en dos ciudades japonesas por los coterr\u00e1neos de Venable, el grito espectral de los transmutados en vapor y sombra. Es la verg\u00fcenza, el horror, el caos at\u00f3mico.    El Treno es devastaci\u00f3n, son las c\u00e9lulas de Henry que comienzan a ser degradadas sin que \u00e9l advierta un olor, un color, una se\u00f1al hostil, un m\u00ednimo dolor que delate el peligro. Es miop\u00eda devenida en ceguera frente al dominio inmaterial que lo embiste.    La tercera imagen de Chernobyl    La tercera de las im\u00e1genes es una suerte de collage, un inventario al estilo de El Jard\u00edn de las Delicias, que tiene figuras muy dis\u00edmiles suturadas por la prevalencia de lo invisible. En una esquina despunta una procesi\u00f3n de afectados por pestes medievales, que fundamentan la agresi\u00f3n de lo intangible mediante miasmas, azotes divinos, vapores corruptos y humores desequilibrados.     De tanto en tanto afloran canoas de pobladores polinesios que desoyen el forzado destierro y regresan a sus hogares todav\u00eda calientes de ensayos nucleares. Tambi\u00e9n est\u00e1n los que se prestan a recibir dosis de plutonio sin saber que son conejitos de un estudio de consecuencias inciertas.     Por aqu\u00ed y por all\u00e1 deambulan ni\u00f1os hu\u00e9rfanos con discapacidades mentales, alimentados ex profeso con comida radiactiva, adem\u00e1s de varios presos que han permitido irradiar sus test\u00edculos para explorar la esterilidad. Un poco a la derecha, dispuestos en un sector de mayor abstracci\u00f3n, se percibe una secuencia interminable de oficinas, pasillos y funcionarios, y un proceso que se cierne como una amenaza sobre Josef K por un delito que no se revela y nunca se sabr\u00e1 cu\u00e1l es.     Y, para enmascarar la inocultable fisonom\u00eda del bestiario, hay rayos y m\u00e1s rayos, rayos \u00f3pticos de los X-men, rayos de fuerza de Star Wars, rayos repulsores de Iron Man. En la cercan\u00eda de Godzilla exhalando su aliento at\u00f3mico, se sorprende a un Superman quebrantado por los destellos emitidos por un residuo de Kript\u00f3n.    \u201cBosque Rojo\u201d de Chernobyl, la cicatriz que dej\u00f3 la naturaleza    El espacio central est\u00e1 consagrado a bomberos y trabajadores de Chernobyl, impregnados como Henry en emisiones radiactivas. A escasa distancia de un reactor abierto, cuyo incendio contemplan absortos, son tan ignorantes como \u00e9l del centelleo que los consume de a poco.     Hay una ronda de miradas embelesadas por la luz azul fantasmal que desgarra su biolog\u00eda, cautivados como insectos que marchan fatalmente hacia la llama. En esa latencia macabra y letal, qu\u00e9 pueden saber todos ellos de part\u00edculas cargadas, de electrones de alta energ\u00eda, de desintegraciones radiactivas.    Los destellos de luz azul y una cadena similar de irresponsabilidades se extienden hasta un v\u00e9rtice rotulado Goiana. El deslumbramiento se desata al franquear un m\u00f3dulo de radioterapia que ha sido abandonado en un hospital desierto. El polvo que alumbra con ese azul fascinante pasa de mano en mano entre la gente de la ciudad brasile\u00f1a, y algunos se lo esparcen sobre la piel ignorando que el juego es invocador de muerte.    La \u00faltima imagen es concisa, y comprende una apertura y un cierre que, en primera impresi\u00f3n, puede resultar descolocado por su difusa consonancia con todo lo previo.    La apertura refiere a un texto de Max Born, premio Nobel de F\u00edsica 1954:     \u201cEn el \u00e1mbito de la ciencia y en su \u00e9tica se ha producido un giro que hace imposible seguir manteniendo el viejo ideal de la investigaci\u00f3n pura encaminada exclusivamente al conocimiento. Mi generaci\u00f3n se dedic\u00f3 a la ciencia por la ciencia y cre\u00eda que nunca podr\u00eda conducir al mal porque la b\u00fasqueda de la verdad es buena por s\u00ed misma.       Mi generaci\u00f3n se dedic\u00f3 a la ciencia por la ciencia y cre\u00eda que nunca podr\u00eda conducir al mal porque la b\u00fasqueda de la verdad es buena por s\u00ed misma\u00bb      \u201cEra un bello sue\u00f1o del que fuimos despertados por los acontecimientos mundiales. Incluso quienes disfrutaban de un sue\u00f1o m\u00e1s profundo hubieron de despertar cuando, en agosto de 1945, se arrojaron sobre ciudades japonesas las primeras bombas at\u00f3micas.     \u201cDesde entonces hemos comprendido que a causa de los resultados de nuestro trabajo estamos implicados irremisiblemente en la econom\u00eda y en la pol\u00edtica, en las luchas sociales internas de los pa\u00edses y en las luchas por el poder entre las diversas naciones, y que todo ello nos asigna una gran responsabilidad\u201d. (Born, Max y Hedwig: Ciencia y conciencia en la era at\u00f3mica. Madrid, Alianza 1971)    En los a\u00f1os de gestaci\u00f3n de The Twilight Zone, Masaki Kobayashi concibe La Condici\u00f3n Humana, un colosal fresco humanista y antib\u00e9lico de casi 10 horas, fraccionado en tres cap\u00edtulos. Como conclusi\u00f3n de esta serie de im\u00e1genes rescato el opresivo momento final de aquel fresco, en el que Kaji, el protagonista, avanza penosamente por la nieve con la \u00fanica perspectiva de una muerte en soledad.     Las razones por las que selecciono esta escena derivan de una especulaci\u00f3n de car\u00e1cter subjetivo, cuyas alturas me cuesta remontar. Quiz\u00e1 sea por la desolaci\u00f3n extrema de la estepa infinita, por el \u00e1spero silencio, por la desintegraci\u00f3n de Kaji convertido en un espectro que se funde en el paisaje nevado, o sencillamente porque aqu\u00ed tambi\u00e9n lo invisible acaba prevaleciendo, inexorable y aterrador, sobre la acorralada condici\u00f3n humana.    *Docente y capacitador de F\u00edsica y CN. Lector cr\u00edtico en Diniece\/Min.de Educaci\u00f3n. Consultor para NAP (Flacso\/Unesco\/Fopiie). Coordinador en Plan Social Educativo, Educ.ar y Adultos 2000      <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1953 la escritora estadounidense Marilyn Venable (1927-2025) public\u00f3 el relato Al fin tiempo suficiente en If, una revista de ciencia ficci\u00f3n. La figura central era Henry Bemis, un hombrecito tan miope que \u201cliteralmente no pod\u00eda ver su mano delante de la cara\u201d. 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