{"id":2432,"date":"2026-02-15T01:57:58","date_gmt":"2026-02-15T04:57:58","guid":{"rendered":"https:\/\/noticiasdeangostura.com.ar\/actualidad\/laberintos-economicos-perfil\/"},"modified":"2026-02-15T01:57:58","modified_gmt":"2026-02-15T04:57:58","slug":"laberintos-economicos-perfil","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/noticiasdeangostura.com.ar\/?p=2432","title":{"rendered":"Laberintos econ\u00f3micos | Perfil"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<br \/><\/p>\n<p>\t\t\t\t\t\tDos casualidades geogr\u00e1ficas han definido buena parte de la historia econ\u00f3mica argentina. En primer lugar, la Argentina fue hasta hace muy poco tiempo \u2013en el gran relato de la Historia\u2013 un desierto.    Alejado de la cuna de la especie humana m\u00e1s que cualquier otro pa\u00eds continental, probablemente fuera la Argentina el aut\u00e9ntico finis terrae en la prehistoria de las migraciones: la estaci\u00f3n final del raid de algunos cientos de a\u00f1os de duraci\u00f3n que, tras la \u00faltima glaciaci\u00f3n (c. 15.000 a.C.), protagonizaron grupos n\u00f3mades que hab\u00edan accedido al hemisferio occidental a trav\u00e9s del estrecho de Bering. No era un importante centro amerindio, sino un despoblado suburbio de la civilizaci\u00f3n inca, el que encontrar\u00edan en el extremo sur de Am\u00e9rica los europeos de la larga aventura del siglo XVI.    Los espa\u00f1oles, interesados por las regiones capaces de brindarles riqueza minera, o seres humanos para satisfacer a bajo costo las necesidades de su imperio en las tres Am\u00e9ricas, o un clima favorable a las econom\u00edas de plantaci\u00f3n \u2013probablemente, en ese orden de prioridad\u2013, no hallaron en las tierras exploradas por los Sol\u00eds, Gaboto y De Mendoza nada que se pareciera a un Eldorado. El espacio que hoy es la Argentina solo cobrar\u00eda vitalidad econ\u00f3mica por contagio, a medida que el oc\u00e9ano Atl\u00e1ntico pasara a ser el escenario m\u00e1s apreciado del comercio internacional. Por obra de ese fen\u00f3meno \u2013debido mucho menos a aventureros o funcionarios ib\u00e9ricos que a comerciantes originarios del norte de Europa\u2013, Buenos Aires ganar\u00eda preeminencia continental y hasta ser\u00eda elevada a la categor\u00eda de capital virreinal en 1776. As\u00ed y todo, el territorio argentino que se independizaba de Espa\u00f1a en 1810 contaba con alrededor de 500 mil habitantes, mucho menos que los 6 millones de M\u00e9xico o el mill\u00f3n y medio de Per\u00fa, y poco menos tambi\u00e9n que otros retazos geogr\u00e1ficamente menores del imperio hisp\u00e1nico, como Chile o Venezuela.<\/p>\n<p>        Esto no les gusta a los autoritarios<\/p>\n<p>                El ejercicio del periodismo profesional y cr\u00edtico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los due\u00f1os de la verdad.<\/p>\n<p>    Buenos Aires: ah\u00ed el segundo punto de partida alrededor del cual tambi\u00e9n debe girar cualquier explicaci\u00f3n del pasado o el presente argentinos. De ese Atl\u00e1ntico que en la segunda mitad del siglo XIX era el epicentro de un veloz estrechamiento de los lazos econ\u00f3micos entre continentes \u2013fen\u00f3meno que hoy llamamos globalizaci\u00f3n\u2013, era Buenos Aires el \u00fanico puerto que lindaba, a metros de sus muelles, con una pradera f\u00e9rtil cuya frontera final apenas se intu\u00eda. Esa ubicaci\u00f3n tan especial, en el l\u00edmite preciso entre un oc\u00e9ano bullicioso de comercio y una pampa cuya promesa ya empezaba a hacerse realidad en las d\u00e9cadas que siguieron a la organizaci\u00f3n nacional, estar\u00eda en la ra\u00edz del esplendor que en alg\u00fan momento conoci\u00f3 Buenos Aires.     Un desierto, una gema. Sobre esos dos factores se configurar\u00e1n un componente de equidad y dos de asimetr\u00eda, que organizar\u00e1n el destino econ\u00f3mico de la Argentina a partir de su fase constitucional. La gran fuerza equitativa es la que surge de la escasez de poblaci\u00f3n y del tipo de recursos naturales que posee la Argentina: era Buenos Aires un lugar inaudito en el que las reses se pudr\u00edan en el campo porque, una vez quitado el cuero, no hab\u00eda para la carne interesados: la elevad\u00edsima dotaci\u00f3n por habitante de recursos naturales utilizados en la producci\u00f3n de alimentos hizo que los productos de la tierra fueran comparativamente m\u00e1s baratos, y los salarios altos en relaci\u00f3n con los de otros pa\u00edses. En 1896 \u2013si tomamos un a\u00f1o para el que poseemos c\u00e1lculos comparativos\u2013 hab\u00eda en la Argentina 3,9 habitantes por cada kil\u00f3metro cuadrado de tierra productiva. Salvado el caso australiano (1,3 habitantes por kil\u00f3metro cuadrado), en ning\u00fan otro territorio hab\u00eda tan poca poblaci\u00f3n por unidad de tierra f\u00e9rtil, y ello es cierto no solo en la comparaci\u00f3n con las peque\u00f1as superficies europeas (en Inglaterra, hab\u00eda 277 habitantes por kil\u00f3metro cuadrado de tierra f\u00e9rtil; en Alemania, 148; en Italia, 145; en Francia, 105, y en Espa\u00f1a, 82), sino tambi\u00e9n cuando se contrasta con regiones abundantes en tierra como los Estados Unidos (49 por kil\u00f3metro cuadrado), Rusia (44) o Canad\u00e1 (39). Como consecuencia de ello, la Argentina fue, hasta tiempos muy recientes, una naci\u00f3n de altos salarios.    Veremos que la desigualdad fue cambiante a lo largo del \u201csiglo XX largo\u201d, que va desde 1880 hasta 2003; pero una aceptable remuneraci\u00f3n al trabajo \u2013al menos, en la comparaci\u00f3n internacional\u2013 fue una caracter\u00edstica originaria de la Argentina durante el per\u00edodo que estudiamos.    Dos datos acaban con cualquier discusi\u00f3n en este sentido: la Argentina fue el pa\u00eds en el que la proporci\u00f3n de inmigrantes lleg\u00f3 a ser m\u00e1s alta en el mundo; en la d\u00e9cada de 1880 entraron 220 inmigrantes por cada mil habitantes; en el decenio siguiente, 163, y en la primera d\u00e9cada del siglo XX, casi 300. Esas cifras triplican a las observadas para los Estados Unidos en cada una de esas d\u00e9cadas, y duplican c\u00f3modamente a las de Canad\u00e1, el destino que sigue a la Argentina en t\u00e9rminos de incidencia de la inmigraci\u00f3n durante aquel lapso. Los salarios argentinos llegar\u00edan a ser durante algunos a\u00f1os (por ejemplo, en 1929) superiores a los de Gran Breta\u00f1a, un pa\u00eds con un ingreso per c\u00e1pita superior. Para ese a\u00f1o, si se toma como un \u00edndice 100, la proporci\u00f3n entre salario e ingreso per c\u00e1pita en Inglaterra, a los Estados Unidos les corresponde un valor de 136, y a la Argentina uno de 163. En la comparaci\u00f3n internacional, la Argentina era el reino de la igualdad.    Mencionamos dos asimetr\u00edas. Una podr\u00eda llamarse \u201casimetr\u00eda sectorial\u201d y la otra, \u201casimetr\u00eda regional\u201d. La asimetr\u00eda sectorial alude a la vasta brecha de productividad entre actividades primarias y secundarias. Como consecuencia de la escasa poblaci\u00f3n y de la abundancia de tierra f\u00e9rtil (combinadas, al menos en un principio, con una m\u00ednima existencia de capital acumulado), la Argentina estuvo siempre muy bien preparada para producir alimentos. Esa ventaja absoluta para la elaboraci\u00f3n de bienes primarios, resultado de la demograf\u00eda y la naturaleza, fue al mismo tiempo la fuente de la gran desventaja comparativa que siempre tuvo la Argentina para la producci\u00f3n industrial, que requer\u00eda precisamente los factores menos abundantes, el trabajo y el capital. La relaci\u00f3n entre abundancia de factores productivos y perfil productivo era visible para los observadores m\u00e1s agudos de la joven Argentina. Carlos Pellegrini presentaba en el Congreso de 1899 una versi\u00f3n rudimentaria y pedag\u00f3gica del teorema Heckscher-Ohlin: en la Rep\u00fablica Argentina es muy caro el capital y es muy cara la mano de obra, por ejemplo, mientras que hay otras naciones en que una y otra cosa son m\u00e1s baratas. En la Rep\u00fablica Argentina hay facilidades de otro orden, que no se encuentran en otros pa\u00edses.    Una industria cualquiera que requiriera mucha mano de obra ser\u00eda una industria muy dif\u00edcil de arraigar en la Rep\u00fablica Argentina, porque desde el principio tendr\u00eda que luchar contra esta condici\u00f3n especial nuestra, que es la falta de mano de obra.    No es ocioso recordar que, para determinar qu\u00e9 producir\u00e1 a menor costo un determinado pa\u00eds, hay dos comparaciones involucradas: la productividad comparada entre las actividades en ese pa\u00eds, cotejada a su vez contra esa misma relaci\u00f3n de productividad en el resto del mundo.    La Argentina pudo ser durante buena parte del siglo XX el pa\u00eds de Am\u00e9rica Latina con mayor productividad industrial, pero nunca fue aquel con mayores ventajas comparativas en la producci\u00f3n manufacturera. Al contrario, en la medida en la que durante los cincuenta a\u00f1os que siguieron a 1880 el campo argentino mejoraba su productividad (reduciendo los costos de transporte gracias al ferrocarril, incorporando cultivos, mejorando la calidad de su ganado, introduciendo sistemas m\u00e1s eficientes de rotaci\u00f3n de tierras), la industria perd\u00eda atractivo salvo que compensara esas desventajas con incrementos en su propia eficiencia. Algo de eso sucedi\u00f3, y la industria argentina empez\u00f3 a crecer tempranamente, aunque desde una base muy modesta.    Sobre la relaci\u00f3n entre crecimiento primario y secundario hay un contrapunto de escuelas: seg\u00fan algunos, el sector manufacturero es tributario del primario, no solo porque le proporciona beneficiosos eslabonamientos hacia adelante (por ejemplo, el trigo fomenta la aparici\u00f3n de la industria harinera) y hacia atr\u00e1s (demandando, por caso, maquinaria agr\u00edcola), sino sobre todo porque la prosperidad agropecuaria se transmite a toda la econom\u00eda gracias al incremento de la demanda global. Para otros \u2013curiosamente reacios a citar la escuela cl\u00e1sica que inspira su argumento\u2013, industria y agro se han enfrentado en un juego de suma cero. En todo caso, sigue siendo cierto que la industria manufacturera en la Argentina habr\u00eda crecido m\u00e1s con una dotaci\u00f3n m\u00e1s favorable de factores de producci\u00f3n (es decir, con una dotaci\u00f3n m\u00e1s desfavorable a la producci\u00f3n primaria) y que una parte no desde\u00f1able del crecimiento manufacturero anterior a la crisis de 1930 fue gracias a tempranas barreras proteccionistas. Hubo para la industria argentina otros dos factores gen\u00e9ticos que la limitaron, adem\u00e1s de la desventaja abismal respecto a la producci\u00f3n primaria: la escasa poblaci\u00f3n representar\u00eda para muchas actividades un mercado insuficiente para producir a gran escala; adem\u00e1s, entre aquellos recursos naturales que abundaban no se encontraban precisamente los insumos arquet\u00edpicos de la industria manufacturera (carb\u00f3n, hierro). Frente a tanta adversidad, no podr\u00eda la industria manufacturera prosperar s\u00f3lidamente sin ayuda del Estado o de eventos externos que obligaran al pa\u00eds a producir por s\u00ed mismo casi todo aquello que consumiera.    La asimetr\u00eda regional es de alg\u00fan modo an\u00e1loga a la sectorial. La distancia entre la productividad natural de las tierras pampeanas y aquella de otras regiones de la Argentina fue desde un principio sideral. La zona m\u00e1s productiva ofrec\u00eda retornos mayores a la inversi\u00f3n y al trabajo, y all\u00ed se instal\u00f3 la mayor parte del capital importado y de los inmigrantes, mientras que otras regiones dependieron desde el comienzo del per\u00edodo que aqu\u00ed tratamos de una acci\u00f3n estatal compensadora. La analog\u00eda con la asimetr\u00eda sectorial entre actividades agropecuarias e industriales no puede llevarse del todo lejos: es por lo menos posible que, considerando el largo plazo, la industria manufacturera argentina se perjudicara por la alta productividad de la producci\u00f3n primaria; es menos probable que las regiones menos productivas sufrieran por la prosperidad de Buenos Aires y sus prolongaciones pampeanas. Dif\u00edcilmente habr\u00edan tenido las provincias andinas, mesopot\u00e1micas o subtropicales un destino mejor de haber sido cierta la catastr\u00f3fica gaffe compartida por el ge\u00f3logo alem\u00e1n Burmeister en 1876 (\u201cla pampa, aun en sus partes m\u00e1s f\u00e9rtiles, solo produce una miserable vegetaci\u00f3n herb\u00e1cea, inferior a los trigales con los cuales se piensa reemplazarla. Esto \u00faltimo no ser\u00e1 posible; m\u00e1s a\u00fan, nunca ser\u00e1 posible\u201d). Las regiones menos benditas por la naturaleza fueron encontrando la manera de coparticipar, a su manera, del esplendor de las pampas.    La d\u00e9cada de 1880, la primera en la que la Argentina tuvo un gobierno constitucional no cuestionado militarmente desde el interior o el exterior (el de Julio Roca), fue de cambio acelerado, organizado alrededor de nuestros dos puntos de partida: la promesa de la pampa comenz\u00f3 a realizarse con la expansi\u00f3n de los primeros cultivos, y fue pobl\u00e1ndose de inmigrantes y ferrocarriles.    Aquellos a\u00f1os encarnaron vivamente la fuerza de equidad y las de desigualdad que resultaban de esas condiciones iniciales. Los altos salarios atra\u00edan un torrente in\u00e9dito de inmigrantes: entre 1880 y 1889 ingresaron al pa\u00eds 850 mil personas, un tercio de la poblaci\u00f3n de 1880. La industria manufacturera ya gestionaba protecci\u00f3n estatal: el presidente Roca se declaraba \u201cun abierto partidario del sistema de protecci\u00f3n industrial abarcando los productos de la industria nacional\u201d y en 1885 se votaban incrementos arancelarios a diversos art\u00edculos. Las provincias menos favorecidas por la naturaleza, sobre las que Roca y Ju\u00e1rez Celman asentaron su estructura pol\u00edtica, se sumaban a la ola de prosperidad: obten\u00edan del gobierno nacional la facultad de emitir su propio dinero, se beneficiaban con creces de la obra p\u00fablica nacional y eran incorporadas r\u00e1pidamente a la red de ferrocarriles.     La expansi\u00f3n iniciada en 1880 acab\u00f3 un decenio m\u00e1s tarde en una crisis que por su magnitud y sus caracter\u00edsticas fue comparable a la de 2001. Hay, por lo pronto, abundantes paralelismos en la superficie pol\u00edtica: una d\u00e9cada dominada por un presidente escasamente austero, originario de una provincia del Norte, explot\u00f3 en las manos de un cordob\u00e9s de poca fortuna, y empez\u00f3 a resolverse luego de que una revuelta con epicentro en las calles porte\u00f1as cuestionara los modos vigentes de hacer pol\u00edtica y acabara por llevar al poder a un hombre de la provincia de Buenos Aires. Tambi\u00e9n hay similitudes en los s\u00edntomas econ\u00f3micos de la crisis: la moneda se depreci\u00f3 desde un tipo de cambio original de 1 a 1 hasta rozar los 4 pesos por unidad de divisa, antes de estabilizarse entre los 2 y 3 pesos; los depositantes perdieron parte de sus ahorros, y el Estado se vio obligado a dejar de cumplir con los pagos de la deuda.    El default fue ruidoso en ambos casos: el de 1890 hizo caer a la casa Baring, el de 2001 fue sencillamente el m\u00e1s cuantioso de la historia universal. M\u00e1s significativamente, es posible hallar intersecciones entre el conjunto de causas de nuestras dos grandes crisis. La Argentina fue, en v\u00edsperas de ambos derrumbes, el destino predilecto del capital internacional, atra\u00eddo las dos veces por la idea de un pa\u00eds naturalmente rico que por fin hab\u00eda dejado atr\u00e1s un pasado de conflictos para incorporarse decididamente al mundo bajo una s\u00f3lida autoridad presidencial. En los a\u00f1os anteriores a 1890 y a 2001, los gobiernos nacionales y provinciales hab\u00edan explotado al l\u00edmite esa generosidad de los mercados, y la propia sociedad tambi\u00e9n se hab\u00eda endeudado en la esperanza de un futuro de prosperidad.    En el par de d\u00e9cadas que siguieron a la crisis de 1890, la Argentina creci\u00f3 al 5,8% anual. El incremento per c\u00e1pita fue bastante menor (1,9%) por el veloz aumento de la poblaci\u00f3n, que era otro signo de prosperidad. \u00bfPor qu\u00e9 creci\u00f3 tanto el pa\u00eds? \u00bfCu\u00e1ndo y por qu\u00e9 aminor\u00f3 el ritmo de su desarrollo? \u00bfC\u00f3mo evolucion\u00f3 durante ese per\u00edodo y los siguientes la distribuci\u00f3n del ingreso? \u00bfDe qu\u00e9 manera influyeron sobre ese desempe\u00f1o la participaci\u00f3n argentina en el comercio y las finanzas internacionales? \u00bfEs posible relacionar esos movimientos con las caracter\u00edsticas gen\u00e9ticas de la Argentina que describimos antes? En la segunda secci\u00f3n de este trabajo brindamos un panorama de la evoluci\u00f3n econ\u00f3mica del pa\u00eds entre 1875 y 2025. A la luz de los elementos m\u00e1s salientes de esa historia, en una secci\u00f3n final describimos el presente argentino y planteamos los interrogantes que asoman en el futuro.    Conviene anticipar desde el comienzo los rasgos generales de nuestra visi\u00f3n sobre la evoluci\u00f3n econ\u00f3mica de la Argentina. Las caracter\u00edsticas primigenias que hemos mencionado generaron una din\u00e1mica finalmente fatal entre las pol\u00edticas econ\u00f3micas, la distribuci\u00f3n del ingreso y el crecimiento. En primer lugar, la b\u00fasqueda de cierta equidad en la distribuci\u00f3n \u2013tanta o m\u00e1s que la que caracterizaba a la Argentina en nuestro punto de partida\u2013 tuvo siempre un valor pol\u00edtico prioritario: una tras otra, las generaciones argentinas han estado marcadas a fuego por el mito fundante de sus antecesores europeos que arribaron a una tierra plena de oportunidades.    En segundo lugar, la dotaci\u00f3n de factores productivos, muy apartada de la del resto del mundo, hizo que durante la globalizaci\u00f3n comercial anterior a la Primera Guerra Mundial la Argentina participara vigorosamente como exportador e importador y que recibiera por ello ganancias formidables. La exposici\u00f3n a los flujos de comercio determin\u00f3, sin embargo, que el pa\u00eds se perjudicara m\u00e1s que otros por la crisis del intercambio que sigui\u00f3 a la Depresi\u00f3n.     En tercer lugar, la desventaja natural de las actividades intensivas en mano de obra hizo que, una vez superada la crisis del comercio que acompa\u00f1\u00f3 a las d\u00e9cadas de la Depresi\u00f3n y la Segunda Guerra, las pol\u00edticas proteccionistas fueran una manera efectiva de estimular el empleo y los salarios. En una sociedad m\u00e1s sensible que otras a la demanda de igualdad, ello les confiri\u00f3 un atractivo pol\u00edtico irresistible y las hizo especialmente intensas tras la incorporaci\u00f3n de las masas a la vida pol\u00edtica. Al mismo tiempo, esas desventajas comparativas para la producci\u00f3n manufacturera hicieron del proteccionismo una pol\u00edtica costosa en t\u00e9rminos de crecimiento econ\u00f3mico y de ayuda p\u00fablica.    Por \u00faltimo: ese apoyo gubernamental, sumado a los elevados salarios que caracterizaban a un reino de la igualdad ya intensificado por la pol\u00edtica econ\u00f3mica, acab\u00f3 por provocar un problema financiero a quien m\u00e1s demandaba trabajo, el Estado, y consecuentemente una inflaci\u00f3n alta y creciente.    El \u00faltimo cuarto del siglo XX estuvo dominado por la aspiraci\u00f3n de revertir las pol\u00edticas que hasta los a\u00f1os setenta hab\u00edan resultado en un magro crecimiento y en la alta inflaci\u00f3n, pero la mutaci\u00f3n no se complet\u00f3 ni tuvo \u00e9xito porque una vez m\u00e1s fue m\u00e1s fuerte la resistencia de quienes perd\u00edan con la nueva configuraci\u00f3n distributiva.    El impacto de la apertura comercial sobre los salarios pudo moderarse algo gracias a la deuda externa, que permiti\u00f3 mantener remuneraciones en d\u00f3lares m\u00e1s elevadas que lo necesario para poder competir exitosamente con las importaciones en el mercado local y para exportar con alta rentabilidad. En otras palabras, el uso deliberado del atraso cambiario, o tan solo la complacencia con \u00e9l cuando las circunstancias lo favorecen, permite sostener por un tiempo salarios m\u00e1s elevados. El endeudamiento contra\u00eddo por el Estado (o, cuando no estuvo disponible, la emisi\u00f3n monetaria y la inflaci\u00f3n) fue otra manifestaci\u00f3n de la prioridad otorgada al objetivo de la equidad, ya que dio lugar a un nivel de empleo o de salarios estatales mayor al que podr\u00eda haberse sostenido sin ella, y permiti\u00f3 asimismo solventar cierta compensaci\u00f3n de las asimetr\u00edas regionales por la v\u00eda fiscal. (\u2026)    Solo por efecto involuntario de la crisis de 2001, la Argentina visit\u00f3, por un tiempo, la esquina destemplada \u2013en t\u00e9rminos distributivos\u2013 de un tipo de cambio razonablemente competitivo conviviendo con una apertura comercial como la heredada de las reformas de los a\u00f1os noventa. Cuando escribimos la primera edici\u00f3n de este ensayo, en 2004, nos pregunt\u00e1bamos si esa combinaci\u00f3n, que cre\u00edamos favorable para el crecimiento de la econom\u00eda podr\u00eda mantenerse en el tiempo; o si acaso la pulsi\u00f3n igualitaria que describimos aqu\u00ed forzar\u00eda aumentos de salarios por encima de la productividad, quiz\u00e1s acompa\u00f1ados por una mayor protecci\u00f3n a los sectores competitivos de importaci\u00f3n, precisamente para que pudieran pagar esos salarios m\u00e1s altos. En otras palabras: si la tentaci\u00f3n igualitaria \u2013al cabo, una tentaci\u00f3n pol\u00edtica\u2013 terminar\u00eda por reemplazar la combinaci\u00f3n de tipo de cambio competitivo y apertura comercial, a la que en 2002 hab\u00eda desembocado la Argentina, por una nueva fase de atraso cambiario y alguna forma de proteccionismo.    Ya desde 2025 tenemos m\u00e1s evidencia para evaluar aquel diagn\u00f3stico. La noci\u00f3n de que con d\u00f3lar razonable y econom\u00eda abierta la econom\u00eda podr\u00eda crecer, pese a la inestabilidad contractual a la que suele atribuirse el fracaso de las naciones, y que en la Argentina de principios del siglo XXI era m\u00e1s flagrante que en cualquier otro tiempo y lugar, result\u00f3 v\u00e1lida, aunque favorecida tambi\u00e9n por un contexto externo muy amigable, con precios r\u00e9cord en nuestros bienes de exportaci\u00f3n. Pero luego de unos pocos a\u00f1os (2003-2006) de \u201csuper\u00e1vits gemelos\u201d, con un Estado que aprovechaba salarios reales moderados para recomponer su situaci\u00f3n financiera y un sector privado que, gracias a esos salarios limitados en d\u00f3lares, era capaz de aumentar exportaciones \u2013incluso manufactureras\u2013 y competir con importaciones m\u00e1s exitosamente que en los noventa, la situaci\u00f3n poco a poco se revirti\u00f3. Como resultado de un mercado de trabajo que primero, a aquellos salarios de emergencia, era sobredemandado, pero despu\u00e9s se ve\u00eda empujado por la pol\u00edtica salarial y fiscal, los gobiernos kirchneristas completaron un tr\u00e1nsito r\u00e1pido del tipo de cambio competitivo al atraso cambiario.     En 2011, la crisis de ese esquema de apreciaci\u00f3n real vino con una novedad respecto a otras experiencias recientes. Cuando la apreciaci\u00f3n cambiaria se hizo insostenible para la posici\u00f3n externa del pa\u00eds, no se tom\u00f3 el camino tradicional de una devaluaci\u00f3n, sino otro que tambi\u00e9n ten\u00eda una larga historia en la Argentina: la combinaci\u00f3n de restricciones cambiarias (el llamado \u201ccepo\u201d) con controles a las importaciones adicionales a los aranceles.    Las restricciones cambiarias estaban bastante ausentes en la primera edici\u00f3n de este ensayo quiz\u00e1 porque el pa\u00eds ya llevaba unos quince a\u00f1os sin ellas. Pero ten\u00edan una larga historia: la Argentina vivi\u00f3 alguna forma de control de cambios relevante entre 1929 y 1989 con la excepci\u00f3n de los a\u00f1os de Frondizi y del per\u00edodo 1977-1981.    Luego de dos d\u00e9cadas sin restricciones importantes en el mercado cambiario, a partir de 2011 todos los gobiernos tuvieron al menos alg\u00fan per\u00edodo con cepo, aunque muy breve y postrero en el caso del gobierno de Macri. En un conteo aproximado, en los noventa y seis a\u00f1os desde 1930 a 2025 la Argentina tuvo unos treinta y tres con libertad de cambio y sesenta y tres con alguna forma relevante de restricciones administrativas en la compraventa de divisas (y, como consecuencia, tipos de cambio m\u00faltiples).    \u00bfPor qu\u00e9 son relevantes para nuestra historia? Porque el cepo sintetiza en un solo instrumento las pol\u00edticas de atraso cambiario y proteccionismo que los gobiernos argentinos utilizaron de manera habitual para sostener los salarios. El cepo es casi necesariamente atraso cambiario (si el tipo de cambio de mercado fuera igual al \u201coficial\u201d, \u00bfpara qu\u00e9 tener un cepo?) y casi necesariamente proteccionismo: dado que en el mercado oficial las exportaciones est\u00e1n subincentivadas y las importaciones sobreestimuladas, habitualmente el cepo se combina con restricciones administrativas a las importaciones (en permisos, en cupos, en plazos de pago) que equivalen a una pol\u00edtica proteccionista.         \u261b T\u00edtulo: Ved en trono a la noble igualdad    \u261b Autores: Lucas Llach y Pablo Gerchunoff    \u261b Editorial: SXXI Editores    \u261b Primera edici\u00f3n: Febrero de 2026    \u261b P\u00e1ginas: 120        Datos de los autores    Lucas Llach es economista (Universidad Torcuato Di Tella) y doctor en Historia (Harvard). Es docente en la Universidad Torcuato Di Tella.    Pablo Gerchunoff es historiador econ\u00f3mico. Profesor em\u00e9rito de la Universidad Torcuato Di Tella; profesor honorario de la Facultad de Ciencias Econ\u00f3micas (UBA); profesor visitante en diversas universidades extranjeras.   <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dos casualidades geogr\u00e1ficas han definido buena parte de la historia econ\u00f3mica argentina. En primer lugar, la Argentina fue hasta hace muy poco tiempo \u2013en el gran relato de la Historia\u2013 un desierto. 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