{"id":6765,"date":"2026-03-07T03:01:32","date_gmt":"2026-03-07T06:01:32","guid":{"rendered":"https:\/\/noticiasdeangostura.com.ar\/actualidad\/la-monetizacion-del-hambre-perfil\/"},"modified":"2026-03-07T03:01:32","modified_gmt":"2026-03-07T06:01:32","slug":"la-monetizacion-del-hambre-perfil","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/noticiasdeangostura.com.ar\/?p=6765","title":{"rendered":"La monetizaci\u00f3n del hambre | Perfil"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<br \/><\/p>\n<p>\t\t\t\t\t\tAs\u00ed, mientras Am\u00e9rica Latina lamenta sus miserias generales, el interlocutor extranjero cultiva el sabor de esa miseria, no como s\u00edntoma tr\u00e1gico, sino apenas como dato formal de su campo de inter\u00e9s.    (Glauber Rocha, \u201cEst\u00e9tica del hambre\u201d, 1965)    Hay un parteaguas indiscutible, en el sentido de que no hay n\u00famero que resista an\u00e1lisis en contrario: la dictadura de la desaparici\u00f3n de personas. Desde entonces, cada vez que los sectores medios y populares pierden poder adquisitivo, condiciones laborales y soportes colectivos (educaci\u00f3n, salud, transporte, obra p\u00fablica), solo se recuperan intermitentemente y siempre por debajo de lo ya descendido. Entre la resignaci\u00f3n y la bronca, entre la esperanza y el esp\u00edritu de lucha, experimentamos, en nuestra historia reciente, momentos intensos de creatividad social como el que tuvo lugar entre mediados de los 90 y 2001, corrientes antipol\u00edticas fundamentalmente reactivas, como la que podemos ubicar de 2001 hasta nuestros d\u00edas y, en ese mismo lapso, creencia en un Estado redivivo, una m\u00edstica capaz de acompa\u00f1ar ampliaci\u00f3n de derechos y pagos millonarios a acreedores externos. <\/p>\n<p>        Esto no les gusta a los autoritarios<\/p>\n<p>                El ejercicio del periodismo profesional y cr\u00edtico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los due\u00f1os de la verdad.<\/p>\n<p>    Corri\u00f3 agua bajo un puente que hoy parece roto. Lo que antes fue gesta hoy aparece como estigma. Y el enojo leg\u00edtimo con el Estado, los pol\u00edticos, el pa\u00eds, asociado a momentos precisos, hoy parece cristalizado como verdad de tontos, sectores que, para colmo, no van hasta las \u00faltimas consecuencias de su rechazo a lo pol\u00edtico, sino que delegan su estado de \u00e1nimo en lo m\u00e1s rancio que supo dar la pol\u00edtica argentina: el gobierno de Javier Milei. Cuando la pendiente no parece encontrar su contrapendiente, el miserabilismo se instala como una forma de ser, como una disposici\u00f3n. Entonces, los cuchicheos sobre las personas que merodean la basura para encontrar alimentos dudosos circulan entre pelagatos y poligrillos, la estridencia que tuerce gestos y el falso asombro por la ca\u00edda en desgracia del vecino muerden el sistema nervioso de las pr\u00f3ximas v\u00edctimas de un pa\u00eds que se achica. Pero las formas de evitar la mirada frontal al problema \u2013justo cuando el malestar podr\u00eda alimentar cierto esp\u00edritu de lucha\u2013 no son pocas y las justificaciones est\u00e1n a la orden del d\u00eda, incluso a un click de distancia.     Quien aspiraba a pertenecer a la clase media en la Argentina sab\u00eda la diferencia entre un dulce de leche de buena calidad y uno mediocre, d\u00f3nde se compraban las mejores facturas, c\u00f3mo sab\u00eda una pizza bien hecha. Todav\u00eda se escucha a una generaci\u00f3n repetir entre la nostalgia y el autoenga\u00f1o esos cuasidict\u00e1menes normativos. Como ocurre con la cl\u00e1sica distinci\u00f3n entre ser y deber ser: no importa tanto que uno pueda acceder a la verdadera torta de ricota, sino que sepa d\u00f3nde se consigue; para decirlo kantianamente, importa la orientaci\u00f3n. \u00bfVivimos un tiempo de desorientaci\u00f3n terminal? Entre quienes se resisten y quienes se adaptan se reparten el ingenio y las opciones facilistas, subjetividades m\u00e1s cercanas a la piller\u00eda y esp\u00edritus disponibles al ofertorio de la \u00e9poca. Una \u00e9poca, por cierto, que no distingue entre c\u00e1ndidos y resignados. Mientras tanto, ante semejante estado de cosas, hay al menos dos apropiaciones o capturas que en los \u00faltimos a\u00f1os se hicieron patentes. Por un lado, la moralizaci\u00f3n; por otro, la monetizaci\u00f3n.     Hablando de moralizaci\u00f3n, en nuestro pa\u00eds la apelaci\u00f3n a un sacrificio necesario, como contrapartida de una indebida fiesta pasada, se correspondi\u00f3 con la idea de que los sectores populares viv\u00edan por encima de sus posibilidades, que lo barato era ficticio, que la precaria saciedad de necesidades b\u00e1sicas deber\u00eda ser considerada un lujo impropio, por eso se habl\u00f3 de \u201csinceramiento\u201d para justificar un ajuste. M\u00e1s tarde, se insisti\u00f3 en que, producto de ese despilfarro, \u201cno hay plata\u201d, para justificar, as\u00ed, una nueva etapa de privaciones y redistribuci\u00f3n al rev\u00e9s. Enunciados otrora ofensivos hoy disciplinan, act\u00faan como una voz de orden en un pa\u00eds en el que nadie quiere admitir que vive en la pobreza.     En el marco de atm\u00f3sferas miserabilistas como la que nos toca en esta coyuntura, suele proliferar la resignificaci\u00f3n de la malaria, su representaci\u00f3n jocosa y \u201ccreativa\u201d. As\u00ed, la imposibilidad creciente de alquilar una vivienda, la dificultad para las familias de contar con unas vacaciones amables o, directamente, el hambre rampante, se vuelven temario para notas de color, caricaturas bonachonas y sospechosamente nobles. En Clar\u00edn, entre 2016 y 2019, se le\u00edan titulares como \u201cCrece la moda de alquilar con otras familias, para gastar menos y compartir el verano\u201d, \u201cVivir en comunidad: para gastar menos, dos de cada diez alquileres ya se comparten\u201d, \u201cLanzan un manual para aprender a no desperdiciar tanta comida\u201d, \u201cPasiones argentinas. La decencia de los que buscan comida entre la basura\u201d, y as\u00ed.    Que se cocinen en su propia salsa. Pero si de monetizaci\u00f3n se trata, en la Argentina actual, donde la mirada caritativa y el silenciamiento hip\u00f3crita son reemplazados por el rechazo expl\u00edcito de todo principio de empat\u00eda, desembarca la aplicaci\u00f3n Cheaf, que propone una forma eficiente de comercializaci\u00f3n de alimentos por vencer. A mediados de 2020, Kim Durand, un franc\u00e9s formado en ingenier\u00eda aeroespacial, fund\u00f3 la app, cuyo prop\u00f3sito, seg\u00fan su p\u00e1gina web, consiste en \u201cconectar\u201d negocios alimentarios que tienen excedentes de comida (supermercados, restaurantes, panader\u00edas, etc.) con personas dispuestas a consumir esa comida, cercana a su fecha de vencimiento, por un conveniente descuento. Durand, ex-General Manager de UberEATS, promociona su aplicaci\u00f3n como una suerte de activismo contra el desperdicio de alimentos y propone a los nuevos hambrientos convertirse en rescatistas de esa comida acechada por la podredumbre. Como suele ocurrir con las apps, su propuesta es de doble entrada, ya que, adem\u00e1s de contar con una opci\u00f3n para usuarios acorralados por el hambre, propone a los negocios de alimentos afiliarse como \u201cuna excelente oportunidad para reducir el desperdicio, ganar ingresos extra y atraer nuevos clientes\u201d. Est\u00e1 claro que Cheaf no es una entidad ben\u00e9fica, \u201cel modelo de negocios es de Marketplace, con un cobro de comisi\u00f3n al comercio que realiza la venta\u201d. La l\u00f3gica financiera que rige las formas de valorizaci\u00f3n de las aplicaciones tiende a separar el momento de la captura de saberes, necesidades y acciones de usuarios y clientes (lo que da carnadura y oficia como insumo b\u00e1sico, sin mediar remuneraci\u00f3n) del momento en que los accionistas retiran sus dividendos.    Se trata de un fen\u00f3meno de \u00e9poca y, en ese sentido, la sola mirada ideol\u00f3gica no podr\u00eda agotar su comprensi\u00f3n. De hecho, la difusi\u00f3n de la llegada de Cheaf a nuestro pa\u00eds no se limit\u00f3 a los espacios m\u00e1s previsibles, sino que tom\u00f3 buena parte del segmento tradicionalmente \u201cprogresista\u201d. En un contexto de avance corporativo sobre nuestros recursos naturales a costa de los ecosistemas, suena algo incongruente el argumento sobre los beneficios ecol\u00f3gicos; en todo caso, bastar\u00eda conversar con un pu\u00f1ado de compatriotas para, sin la necesidad de hacer focus groups, advertir que el potencial de la aplicaci\u00f3n en una sociedad como la nuestra no tiene tanto que ver con la \u201cconciencia ambiental\u201d, sino con la capacidad de rebusque de los argentinos. En ese sentido, un desliz del CEO de Cheaf parece mejor entonado que el pomposo argumento ambientalista: \u201cAdem\u00e1s, con la situaci\u00f3n econ\u00f3mica, puede ser una opci\u00f3n muy conveniente\u201d.         El sabor de la eficiencia. Dispositivos como la app que rescata alimentos como v\u00edctimas del tiempo capturan necesidades reales, incluso urgencias, y despliegan formatos de relaci\u00f3n contribuyendo a forjar un tipo de subjetividad. En el fondo, una propuesta como la de Cheaf parece disfrazar la ingenier\u00eda de un tipo de ser humano a medida de la creaci\u00f3n de un determinado mercado, bajo la m\u00e1scara de una descripci\u00f3n \u201cdesapasionada\u201d, \u201cobjetiva\u201d o \u201crealista\u201d de los comportamientos. Se presenta como una redistribuci\u00f3n de recursos a partir del m\u00e9todo y de la tecnolog\u00eda m\u00e1s eficientes para llevarla a cabo. No aparece como un tema pol\u00edtico o \u00e9tico y no ser\u00eda necesario preguntarse por las causas y complejidades de eso que es visto como un simple desacople entre \u201cexcedente de comida\u201d, por un lado y, digamos, faltante de alimentaci\u00f3n, por otro. En una entrevista Durand, haciendo gala de un espa\u00f1ol perfectamente inteligible para la teleaudiencia mexicana (\u00bfsu principal mercado?), plantea que Cheaf adquiere legitimidad gracias a sus tres millones de usuarios. No es ingenuo su comentario y, de hecho, deja ver una inteligencia pol\u00edtica capaz de leer un momento hist\u00f3rico en el que las formas de legitimaci\u00f3n est\u00e1n cambiando.     La posibilidad de imaginar cualquier problem\u00e1tica social como una cuesti\u00f3n de l\u00edmpida distribuci\u00f3n de recursos no es nueva, lo novedoso es la eficacia brutal de una tecnolog\u00eda para realizar ese imaginario (en el doble sentido de, en parte, provocarlo y, en parte, desplegarlo pr\u00e1cticamente). Se trata de una ret\u00f3rica potente, no por una formulaci\u00f3n virtuosa, sino por su capacidad de calzar en un sentido com\u00fan tan ejercitado en una suerte de matem\u00e1tica de la supervivencia y el regateo, como permeado por la voz de orden de la eficiencia como ratio \u00faltima de todo lo que hacemos.     A su vez, el realismo digital pone en acto una suerte de transparencia conductual que se corresponder\u00eda con lo \u201cracional\u201d, pretendiendo dejar atr\u00e1s esa \u201cirracional\u201d humanidad a la que se le escapan cuestiones tan b\u00e1sicas como el hecho de, por un lado, comida que se tira, y por otro, que falte comida, que se traduce como hambre. De la suma cero a la cuenta razonable: el negocio que incrementa sus ganancias y el necesitado que accede al alimento. El peronismo no hubiese podido presentar con tanta claridad la armon\u00eda de clases. Aunque es menester aclarar que el peronismo es un fen\u00f3meno atravesado por el drama y la fiesta y su genealog\u00eda tiene que ver con la \u00e9poca de los mitos populares y una conflictividad que, lejos de ser escondida bajo la alfombra, fue asumida con artes y suertes diversas.     Al mismo tiempo, cada unicornio tecnol\u00f3gico abona una pedagog\u00eda y un imaginario emprendedor: cualquiera puede, con iniciativa y disciplina, con creatividad y unos pocos recursos de base, conectar el punto A con el punto B y resolver un problema de la humanidad. Una humanidad, ahora, de un solo problema: la correcta asignaci\u00f3n de recursos. Es decir, no una humanidad, sino recursos que deben ser eficientemente dispuestos. Entre esos recursos, la m\u00edstica emprendedora, pero tambi\u00e9n la p\u00e1tina social, ecol\u00f3gica, resiliente de su presentaci\u00f3n. \u00a1Que no sobre siquiera la solidaridad! Mejor convertirla en una aplicaci\u00f3n para su rendimiento. Si cada quien interpreta correctamente su rol, la armon\u00eda estar\u00eda garantizada, aunque hay al menos dos variables sobre las que posar la atenci\u00f3n. Por un lado, el hecho de que el fundador y CEO de Cheaf no es precisamente alguien que se alimente de comida a punto de pudrirse; por otro, que la completa positividad de la situaci\u00f3n, el \u201cmundo feliz\u201d que vende, es especialmente vulnerable al descontento de los hambrientos, a su negativa a convertirse en rescatistas de esos pobres alimentos pr\u00f3ximos a pudrirse sin ser saboreados por un esp\u00edritu pr\u00f3ximo a vencerse.      Un supuesto recorre las apps: todo puede ser monetizado y si todo puede, todo debe ser monetizado. Adem\u00e1s, todos pueden monetizar, solo se trata de un cambio de actitud. Para eso existen desde tutoriales hasta t\u00e9cnicas, terapias y consejer\u00edas que ofrecen la transformaci\u00f3n personal como servicio. Desde el coaching, hasta nuevos breviarios como la PNL, el counseling o el mindfulness (practicado, por ejemplo, por la ministra de Capital Humano del gobierno de Milei, intimada por la Justicia para entregar alimentos que su ministerio tiene retenidos en perjuicio de los comedores). Se trata de ingenieros del alma \u2013por lo tanto, el fin de la hip\u00f3tesis del alma\u2013 en un mundo, finalmente, de ingenieros que se vuelven coaches o CEOs. \u00bfSon los verdaderos ingenieros del caos?     Funcionar hasta que duela. El juego de inversiones deja ver, al mismo tiempo, una vieja dial\u00e9ctica y un tiempo hist\u00f3rico espec\u00edfico como el nuestro. As\u00ed, los que no tienen para comer se vuelven \u201capasionados\u201d en la b\u00fasqueda de alimentos entre la basura, quienes no llegan una canasta b\u00e1sica son potenciales beneficiarios del manual para no desperdiciar comida, los j\u00f3venes que, m\u00e1s all\u00e1 de su formaci\u00f3n y esfuerzo, son v\u00edctimas de un mercado inmobiliario desregulado son protagonistas de un nuevo af\u00e1n comunitario, y para los sectores medios que experimentan la cr\u00f3nica de una ca\u00edda anunciada hay una app que, lejos del rescate por parte de una instituci\u00f3n p\u00fablica, les propone convertirse ellos mismos en \u201crescatistas\u201d de alimentos a punto de vencerse. \u00bfQu\u00e9 es lo que est\u00e1 realmente a punto de vencerse?     En ex-Twitter, puede verse a personas m\u00e1s y menos influencers, unpackeando su bolsa de sorpresas\u2026 Porque faltaba un detalle: los usuarios no eligen sus alimentos, sino que reciben una bolsa con lo que el negocio dispone. \u00bfUna especie de Caja PAN (en 1984, durante el gobierno de Ra\u00fal Alfons\u00edn, el Congreso aprob\u00f3 el Programa Alimentario Nacional por la emergencia social que hab\u00eda dejado la dictadura de la desaparici\u00f3n de personas. Se trataba de una caja de alimentos b\u00e1sicos seleccionados por el propio Estado a trav\u00e9s de especialistas en nutrici\u00f3n) de las plataformas virtuales? Como corolario, montones de usuarios imitando el gesto de los influencers, pero gratuitamente (sin pelos en la lengua: trabajando gratis, una vez m\u00e1s, para la aplicaci\u00f3n). Si, como reza el dicho popular, \u201csomos lo que comemos\u201d, qu\u00e9 decir mientras aceptemos que trabajamos para las sobras y que estamos m\u00e1s cerca de comer del tacho de basura que de la mesa.    Nomuy lejos de aquella \u201cmodesta proposici\u00f3n\u201d de Jonathan Swift, seg\u00fan la cual los campesinos irlandeses deber\u00edan vender a sus hijos a los terratenientes inflexibles con el precio del alquiler, para com\u00e9rselos; en la serie Pluribus (Apple TV), su protagonista, Carol, comienza como una hero\u00edna de otros tiempos, que refiere al mundo en t\u00e9rminos morales antiguos cuando llama a los sobrevivientes de un virus que convierte a las personas en seres est\u00fapidamente felices, \u201ctraitors to the human race\u201d. A cierto punto, se entera de que se est\u00e1n utilizando humanos como parte de un nuevo procesado alimenticio y, cuando encuentra a otro sobreviviente, uno que, de hecho, pretende sacar partido del nuevo orden de cosas, e intenta advertirle sobre lo que pasa, se encuentra con una respuesta desprovista de sorpresa: \u201cYa lo sab\u00eda\u201d. En un paso de comedia negra, el personaje le comparte una presentaci\u00f3n en video hecha por John Cena que explica, en un tono cordial y corporativo, que esa es la soluci\u00f3n m\u00e1s eficiente al problema de nutrici\u00f3n que est\u00e1n enfrentando. La reacci\u00f3n del adaptado no contiene nada del horror que, como espectadores, estar\u00edamos seguros de experimentar; simplemente le parece \u201cpreocupante\u201d. El horror de ayer es hoy una mera incomodidad. \u00bfEs la incomodidad, aunque l\u00e1nguida, el umbral entre la posibilidad de actuar y la funcionalidad?    \u00bfPero qu\u00e9 significar\u00eda actuar en nuestras condiciones? Lejos queda el mito seg\u00fan el cual el ser humano se vale de herramientas para construir y dar sentido al mundo. Hoy somos nosotros mismos funciones de un mundo digital al que venimos a prestarle brazos al interior de un armado tecnol\u00f3gico que cada vez funciona con mayor autonom\u00eda. Por eso, valores o sentidos como la solidaridad, la empat\u00eda, la gratuidad, parecen relegados a un terreno excedentario o incluso retardatario respecto al mandato del rendimiento y del funcionamiento. \u00bfC\u00f3mo se relacionan estas condiciones hist\u00f3ricas con la cuesti\u00f3n de la comida? Por ejemplo,Javier Milei, habitante pleno de esta racionalidad, sostuvo en una entrevista, en tiempos de campa\u00f1a electoral presidencial, que si fuera por \u00e9l preferir\u00eda resolver el momento de la alimentaci\u00f3n con p\u00edldoras, para as\u00ed no perder tiempo en el ritual de la comida. \u00a1Ni hablar de compartir la mesa! La comida es para Milei, seg\u00fan sus propias palabras, \u201ccombustible para funcionar\u201d. \u00bfAparece en este imaginario el cuerpo como un segmento de la m\u00e1quina, es decir, del puro funcionamiento?     Alternativas. Aun en tiempos aciagos como el nuestro, encontramos fuerzas que van a contrapelo y, de alg\u00fan modo, tensionan este estado de cosas. En relaci\u00f3n con la problem\u00e1tica alimentaria, cabe mencionar la labor de comedores sociales y comunitarios, en los cuales muchas personas act\u00faan al calor de ideas y afectos diferentes. Donan tiempo, trabajo y alimentos. Se trata de una forma pagana de lo que antiguamente se conoc\u00eda como C\u00e1ritas \u2013derivada de \u201ccarus\u201d: el amor y el deber hacia el otro, la estima, el afecto y el cuidado del semejante\u2013. Es otra modalidad de \u201cred social\u201d que pone en relaci\u00f3n panader\u00edas, restaurantes, mercados de frutas y verduras que donan miles de kilos de alimentos por a\u00f1o, voluntarios que reciben, organizan y entregan esos alimentos, personas que cocinan, limpian y colaboran con otras tareas, talleristas, terapeutas, gente que simplemente acompa\u00f1a. Muchos de estos comedores no solo no reciben el benepl\u00e1cito de medios de comunicaci\u00f3n y notas de color, sino que, por el contrario, son hostigados por la polic\u00eda, perseguidos y reprimidos.    Las soluciones de otros tiempos al hambre de siempre no parecen hoy evidentes e incluso son pasibles de cr\u00edticas leg\u00edtimas en un momento hist\u00f3rico en el que resulta dif\u00edcil saber de d\u00f3nde proviene la legitimidad de las acciones colectivas. La C\u00e1ritas cooptada por las instituciones cat\u00f3licas, as\u00ed como los distintos formatos de filantrop\u00eda, son percibidos, o bien como formas de paternalismo o incluso como un gesto indebido, casi justificador de la inhibici\u00f3n o del rechazo de las personas al trabajo. Las pol\u00edticas p\u00fablicas son atacadas por los lazos clientelares que terminan convirtiendo a las personas en rehenes de \u201cla pol\u00edtica\u201d. Pero ni en el clientelismo pol\u00edtico ni en las cr\u00edticas antipol\u00edticas priman los asuntos comunes, es decir, el campo de fuerzas de la pol\u00edtica. Entonces, si pretendemos ser lo que comemos, \u00bfc\u00f3mo no destinar el esfuerzo de nuestra imaginaci\u00f3n a la construcci\u00f3n de dispositivos, mecanismos, incluso una nueva instituci\u00f3n, que garantice la buena alimentaci\u00f3n de todo el mundo? Renta B\u00e1sica Universal, soberan\u00eda alimentaria, mecanismos de comercio exterior e interior, entre otras posibilidades, son solo algunas pistas para batallar.  <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>As\u00ed, mientras Am\u00e9rica Latina lamenta sus miserias generales, el interlocutor extranjero cultiva el sabor de esa miseria, no como s\u00edntoma tr\u00e1gico, sino apenas como dato formal de su campo de inter\u00e9s. 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