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La educación se cae en la Argentina: cómo se analizan los resultados de las pruebas PISA

La economista Sol Alzú, de Argentinos por la Educación, explicó por AM Cumbre 1400 por qué el país que supo ser un modelo educativo en América Latina hoy queda octavo entre 13 naciones de la región.
La especialista fue entrevistada en el programa “Nada sucede dos veces”, por AM Cumbre 1400. Foto: captura de video Cumbre Stream/archivo
La crisis educativa argentina volvió a quedar expuesta con la publicación de los últimos resultados de las pruebas PISA 2025 (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes), el estándar que mide cada tres años el nivel de aprendizaje de alumnos de 15 años en decenas de países del mundo. Los números, lejos de mostrar una mejora, confirman una tendencia que preocupa a especialistas, docentes y familias: la Argentina retrocede en calidad educativa mientras el resto de la región avanza.
Así lo explicó Sol Alzú, economista y analista de datos de la organización Argentinos por la Educación, en una entrevista radial en el programa Nada sucede dos veces, de AM Cumbre 1400. Alzú brindó un diagnóstico detallado sobre los resultados de PISA y sobre las causas estructurales que explican la decadencia del sistema educativo argentino.
Argentina, en la mitad de la tabla y cayendo
Según detalló Alzú, en la última edición de PISA participaron 91 países, y Argentina forma parte de la evaluación desde el año 2000 (desde 2006 en el caso de Matemática), lo que permite reconstruir una serie histórica completa.
Los resultados ubican al país en el puesto 75 en Matemática, el 62 en Lectura y el 71 en Ciencias, con una caída en el puntaje de las tres materias respecto de la medición anterior. “Estamos en la mitad de la tabla y tirando para atrás”, resumió uno de los periodistas durante la entrevista, una síntesis que Alzú no dudó en confirmar.
El dato se vuelve más contundente cuando se deja de lado la comparación con las potencias educativas mundiales —como Singapur, China o Japón— y se mira hacia adentro de la propia región. Alzú remarcó que incluso frente a Uruguay, Brasil, Chile, Perú o Colombia, Argentina queda octava entre los 13 países latinoamericanos que participaron de esta edición de PISA.
De modelo educativo regional a la mitad de la tabla
La entrevista también repasó el contraste histórico entre el presente educativo argentino y su pasado. Durante buena parte del siglo XX, Argentina fue una referencia educativa para América Latina, un legado que se remonta a la sanción de la Ley 1420 y al impulso que Domingo Faustino Sarmiento le dio a la educación laica, gratuita y obligatoria, tras un período colonial en el que las élites debían formarse fuera del país.
Ese liderazgo regional se sostuvo, según explicó Alzú, hasta aproximadamente la década de 1970. A partir de ahí, la caída se profundizó: la especialista recordó que hasta 1998, en las pruebas CERSE —el antecedente regional de PISA en América Latina—, Argentina ocupaba el segundo puesto en Lectura y Escritura del continente. Hoy, en cambio, el país arrastra un fuerte problema de comprensión lectora que ya se detecta en los primeros años de la escolaridad.
La mitad de los chicos no entiende lo que lee a los 8 años
Uno de los datos más alarmantes que aportó Alzú tiene que ver con la comprensión lectora temprana: prácticamente la mitad de los alumnos de tercer grado no entiende lo que lee, según los resultados de las pruebas nacionales. Ese déficit inicial, advirtió, genera un “efecto bola de nieve” que se agrava con el paso de los años.
Al llegar a los 15 años —la edad que evalúa PISA— la brecha ya es profunda:
- 6 de cada 10 estudiantes no alcanzan los niveles mínimos en Lectura.
- 8 de cada 10 estudiantes no alcanzan los niveles mínimos en Matemática.
- 6 de cada 10 estudiantes no alcanzan los niveles mínimos en Ciencias.
“A veces Matemática suena más normal de escuchar, esta dificultad de los chicos a los que no les gusta o no les motiva. Pero incluso en Ciencias y en Lectura, más de la mitad no alcanza esos niveles necesarios”, subrayó la economista.
Cobertura sin calidad: la flexibilización que profundizó la crisis
Para Alzú, uno de los factores clave para entender esta crisis es el diseño mismo del sistema educativo argentino. La especialista planteó un “balance” entre dos variables: por un lado, el sistema tiene amplia cobertura, con la mayoría de los chicos escolarizados en el nivel primario y secundario, y altas tasas de terminalidad (alrededor del 75% completa el secundario). Por otro lado, esa cobertura no viene acompañada de calidad educativa.
Según explicó, distintas políticas fueron flexibilizando con el tiempo normas vinculadas a la repitencia, con el objetivo declarado de evitar el abandono escolar. La consecuencia, sin embargo, fue que muchos alumnos permanecen escolarizados con meses de ausentismo o sin haber alcanzado los conocimientos necesarios para avanzar de grado. “¿Qué puede aprender ese chico?”, planteó Alzú, al advertir que la escolarización sin aprendizaje real termina siendo, en sus palabras, “una pantalla”.
El impacto de la tecnología y las pantallas en el aprendizaje
La entrevista también abordó el rol de la tecnología en la crisis educativa. Alzú señaló que el uso intensivo de pantallas desde edades muy tempranas —niños de ocho años que llegan a pasar hasta un tercio del día frente a una pantalla— afecta procesos cognitivos clave para el aprendizaje. En ese marco, mencionó que distintas provincias y el Gobierno nacional impulsan hoy el regreso del libro en papel y los textos literarios en las aulas.
Respecto del uso de inteligencia artificial y celulares entre los estudiantes más grandes, la economista destacó que los países que lideran los rankings educativos globales —Singapur, China y Japón— no prohíben estas herramientas, sino que las incorporan con regulación y capacitación docente, en lugar de dejarlas libradas al azar.
La brecha entre lo que los jóvenes quieren y lo que logran
Otro de los datos que aportó Alzú tiene que ver con la transición hacia la educación superior. Según los datos relevados, más del 80% u 90% de los estudiantes del último año del secundario —incluso entre los sectores más vulnerables— expresa la intención de seguir estudiando.
Sin embargo, la realidad muestra una brecha significativa entre esa expectativa y lo que efectivamente ocurre:
- Un 25% de los jóvenes de entre 18 y 25 años ni siquiera logró terminar el secundario.
- La mitad de quienes manifestaron intención de seguir estudiando no estudia ni trabaja.
Para Alzú, esta desconexión es consecuencia directa de las dificultades de aprendizaje acumuladas durante la trayectoria escolar. Si ocho de cada diez chicos no alcanzan los niveles mínimos en Matemática, remarcó, resulta esperable que enfrenten serias dificultades al iniciar carreras vinculadas a Economía, Ingeniería o Ciencias Exactas, lo que se traduce en mayores tasas de abandono universitario temprano.
Una crisis que necesita estar en la agenda electoral
Hacia el final de la entrevista, Alzú insistió en la importancia de sostener el debate educativo basado en evidencia y datos concretos, y planteó un reclamo concreto de cara a las próximas elecciones: que la educación forme parte central de la agenda política y que se le exija a cada candidato una posición clara sobre cómo piensa revertir la crisis.
“Estamos hablando, incluso en términos más pragmáticos, del desarrollo del capital humano de un país. Y sin eso no se puede”, concluyó la economista de Argentinos por la Educación.







