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La mirada de Valeria López sobre el Pinot Noir, una cepa delicada con identidad patagónica

En el marco del Día Mundial del Pinot Noir, la provincia de Neuquén se prepara para homenajear a una de las variedades que mejor expresa las particularidades del clima patagónico. La enóloga Valeria López, de Mabellini Wines, destaca sus características, su adaptación al frío y las distintas expresiones que alcanza en los viñedos de Neuquén y Río Negro.
Delicada, elegante, frutada y con una personalidad que la distingue de otras variedades, el Pinot Noir tiene en la Patagonia uno de sus territorios privilegiados. Su piel fina, su corto ciclo de maduración y su particular respuesta a las amplitudes térmicas convierten a esta cepa en una de las protagonistas de la vitivinicultura del norte patagónico.
El Día Mundial del Pinot Noir, es una jornada que invita a descubrir y disfrutar una variedad que, lejos de la intensidad y estructura de un Malbec, propone una experiencia diferente, más ligera y amable, pero no por eso menos compleja.
En Neuquén, la celebración tendrá distintas propuestas y actividades, tanto públicas como privadas, que pondrán en valor la producción vitivinícola y las particularidades de esta cepa que encontró en el clima patagónico condiciones especialmente favorables para su desarrollo.
Para Valeria López, enóloga de Mabellini Wines, una de las claves está precisamente en su delicadeza. “El Pinot Noir es una variedad bastante delicada, tanto como fruto como para la vinificación. Tiene una piel bastante finita y por eso tiene ese color tan particular: nunca va a llegar a una intensidad como la de un Malbec, un Merlot o un Cabernet”, explica.
Esa característica también determina el ambiente donde mejor se desarrolla. “Se adapta bien a los climas fríos. Cualquier sol, si le da mucho calor, se quema y pierde la fruta. Por eso se da tan bien en estos climas, como los que tiene la provincia de Neuquén: un clima patagónico, seco y frío”, señala la especialista.
Una maduración diferente
El comportamiento del Pinot Noir en el viñedo también presenta diferencias respecto de otras variedades. López explica que se trata, al igual que el Chardonnay, de una cepa de ciclo corto, es decir, que alcanza su madurez en un período menor.
“El Pinot en diciembre empieza a aparecer, tipo arvejita, y ya en febrero está listo para cosechar. Es bastante cortito el ciclo”, detalla.
Su racimo también tiene características particulares. Es compacto y apretado, una condición que encuentra en la aridez y el viento patagónico un aliado natural. En regiones más húmedas, esa concentración puede favorecer la aparición de enfermedades y hongos, pero en el norte de la Patagonia las condiciones climáticas contribuyen a mantener una uva saludable.
“El clima seco y el viento hacen que sea muy sano”, sostiene López.
A esto se suma la amplitud térmica y el marcado contraste entre las estaciones. Las diferencias de temperatura permiten que la planta desarrolle adecuadamente sus distintos componentes y favorecen la calidad de la uva.
“En Neuquén, en el norte patagónico, están muy marcadas las estaciones. Incluso a la mañana o a la noche hace frío, lo que permite que la planta pueda respirar y tenga una mejor calidad”, explica la enóloga.
Dos territorios, dos expresiones
La diversidad de los suelos también permite descubrir distintas expresiones de una misma variedad. Mabellini Wines trabaja actualmente con viñedos ubicados en la ciudad de Neuquén y en Mainqué, Río Negro, separados por unos 70 kilómetros, pero con características que imprimen perfiles diferentes a la uva.
“En Neuquén, al tener suelos que pasaron por un río, son bien francoarenosos y drenan bien. Son plantas medianamente jóvenes, de unos ocho años, y dan un vino bastante liviano, ligero, bien rojo y con mucha fruta”, describe López.
En Mainqué, en cambio, predominan otras condiciones. “Al ser un suelo más arcilloso, que no drena tanto, y al tratarse de viñedos bastante viejos, tienen un color un poquito más intenso y bastante cuerpo”, señala.
La combinación de ambas expresiones permite construir vinos con diferentes perfiles y, al mismo tiempo, mostrar cómo el territorio puede transformar una misma cepa.
Pinot-Pinot, Gran Pinot y Pinot Confluencia
El Pinot – Pinot (con un porcentaje de Neuquén y otro de Rio Negro) actualmente se encuentra en el mercado, mientras que a fines de agosto sale a la venta el Gran Pinot. Y el año que viene saldrá Pinot Confluencia, una línea de Pinot Noir 100 por ciento neuquina, anticipa la enóloga.
La idea, además, es continuar experimentando en el futuro con otras variedades y sus distintas expresiones territoriales.
Quienes se acercan por primera vez al Pinot Noir pueden encontrar una puerta de entrada amigable al mundo del vino. Su menor estructura en comparación con variedades más robustas no significa ausencia de personalidad.
“Siempre tratamos de que la fruta sea la protagonista”, afirma López.
Entre sus principales características aparecen las notas de frutos rojos, frutilla y cereza, aromas y sabores que se hacen especialmente presentes en la vinificación.
“Más allá de ser liviano, tiene mucha fruta de lo que son frutos rojos, frutilla y cereza, y se siente mucho en la vinificación”, explica.
Esa combinación de frescura, fruta y delicadeza también explica su versatilidad. Puede acompañar pastas, hongos, pescados y determinadas carnes rojas, además de funcionar muy bien como aperitivo o en encuentros informales.
“Es bastante amable en ese sentido”, resume la enóloga.
Una cepa con identidad patagónica
La adaptación del Pinot Noir al norte de la Patagonia no es casual. Neuquén cuenta con la mayor superficie implantada de Pinot Noir de toda la Patagonia, una condición que posiciona a la provincia como uno de los territorios destacados para esta variedad.
El resultado es un vino que mantiene rasgos reconocibles a nivel internacional, pero que al mismo tiempo expresa las características del lugar donde nace.
“Por más que lo identifiques igual que cualquier otra zona del mundo, siempre se va a destacar mucho la fruta roja. El frío hace que se conserve ese colorcito”, explica López.
La amplitud térmica, el clima seco, el viento y las estaciones bien diferenciadas construyen un escenario que permite que el Pinot Noir desarrolle una identidad propia.
En el Día Mundial del Pinot Noir, la invitación de Valeria López es tanto para quienes ya conocen la variedad como para quienes todavía no se animaron a probarla.
“Primero, que se animen a probar el Pinot en todas sus facetas”, propone.
Blanco, rosado, frutado, con madera o con distintos tiempos de crianza: las posibilidades son múltiples y permiten descubrir una variedad que puede sorprender incluso a quienes tienen otros vinos entre sus preferidos.
“Al que le gusta, que se anime a probar otras facetas y al que no, lo invito a que no se va a arrepentir”, sostiene.
Y deja una última recomendación para quienes buscan qué llevar a una reunión: “El Pinot va muy bien en un encuentro con amigos, en un encuentro familiar. Siempre vas a caer bien y quedar bien si llevás un Pinot”.
El Día Mundial del Pinot Noir es una oportunidad para levantar las copas y celebrar una cepa que encontró en el frío, el viento, los suelos y la amplitud térmica de la Patagonia, un territorio capaz de darle identidad propia. En Neuquén, el Pinot Noir no solo se celebra: también se cultiva, se experimenta y se transforma en una expresión cada vez más reconocida de la vitivinicultura patagónica.











