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Luna de Cuarzo: avellanas, almendras y producción agroecológica en Centenario

La ingeniera agrónoma Susana Pilatti lleva adelante un proyecto productivo agroecológico y biodinámico en Centenario. En su chacra granja apostó por reconvertir una tradicional plantación de frutales de pepita para producir almendras y avellanas, con un modelo que prioriza la biodiversidad, el cuidado del suelo y la calidad de los alimentos.
En una chacra de Centenario, donde los árboles, las pasturas y la diversidad de especies conviven en equilibrio, Susana Pilatti encontró una manera de unir su formación como ingeniera agrónoma con una filosofía de producción que pone en el centro el cuidado de la tierra. Allí lleva adelante Luna de Cuarzo, un emprendimiento familiar dedicado al cultivo de frutos secos, principalmente almendras y avellanas, bajo un sistema agroecológico y biodinámico.
La historia comenzó en 2015, cuando junto a su familia adquirió la propiedad. El lugar tenía una plantación tradicional de frutales de pepita, pero Susana decidió apostar por una reconversión productiva. Con mucho trabajo manual y de manera artesanal, retiraron los árboles existentes y comenzaron una nueva etapa, con la incorporación de especies que se adaptaran a las condiciones de la región.
La elección de los frutos secos no fue casual. Detrás de esa decisión hubo una mirada productiva y comercial que buscaba diversificar la actividad agrícola y encontrar alternativas a los cultivos tradicionales de manzanas y peras.
“Las almendras no necesitan pasar por un frigorífico para mantenerse”, explica Susana al señalar una de las ventajas de esta producción. También destaca la posibilidad de manejar de manera más independiente los valores de comercialización y ofrecer un alimento diferenciado por su calidad y por el sistema de cultivo.
Un ecosistema que se construye desde el suelo
En Luna de Cuarzo, producir no significa solamente plantar y cosechar. La propuesta se basa en la agricultura biodinámica, un enfoque que considera al suelo como un organismo vivo y busca fortalecer los procesos naturales mediante la biodiversidad y el equilibrio del ecosistema.
Al recorrer la chacra, uno de los detalles que llama la atención es la vegetación que crece entre las hileras de árboles. Allí no hay una única especie de pastura, sino una combinación de variedades que contribuyen a generar un ambiente diverso.
“Lo que hace la biodinámica es producir alimentos vivos, alimentos sanos. Trabaja en fertilizar el suelo de manera que esté vivo y con mucha biodiversidad”, cuenta la productora.
Esa diversidad favorece la presencia de insectos, microorganismos y hongos que interactúan entre sí y contribuyen a mantener un agroecosistema equilibrado. La premisa es que los distintos componentes de la naturaleza encuentren su lugar y regulen sus relaciones sin necesidad de recurrir a productos químicos de síntesis.
Por eso, en su chacra no utiliza agroquímicos para fertilizar ni para controlar insectos. El manejo productivo está orientado a fortalecer la vida del suelo y aprovechar los propios mecanismos naturales para mantener la sanidad de los cultivos.
Almendras y avellanas con identidad patagónica
Entre los cultivos que desarrolla se destacan las almendras de la variedad Marinada, seleccionada por su floración más tardía en comparación con otros almendros. Esta característica resulta especialmente importante para las condiciones climáticas del norte de la Patagonia, donde las heladas primaverales pueden afectar las flores y comprometer la producción.
La elección de esta variedad responde, precisamente, a la búsqueda de alternativas que permitan reducir los riesgos climáticos y lograr una mejor adaptación a las condiciones de la zona.
Otro de los desafíos que asumió Susana fue incorporar avellanos. Aunque esta especie requiere ambientes con mayor humedad que los habituales en el norte patagónico, decidió probar su adaptación y encontró en el manejo del cultivo una respuesta favorable.
Los ejemplares, provenientes de un vivero de Viedma, crecieron y comenzaron a producir. “El avellano necesita una zona, un ambiente un poco más húmedo que el norte de la Patagonia. Yo me jugué y los árboles están bien. Se han adaptado, le encontramos la vuelta”, relata con satisfacción.
Esa experiencia refleja el espíritu emprendedor de Luna de Cuarzo: observar el entorno, conocer las características de cada especie, experimentar y encontrar alternativas productivas que puedan desarrollarse en el territorio neuquino.
Producir cuidando la tierra
La experiencia de Susana es una muestra de cómo la producción agrícola puede diversificarse a partir del conocimiento técnico, la innovación y una mirada integral sobre los recursos naturales. Desde Centenario, su chacra granja propone un modelo que se aparta de los esquemas convencionales y apuesta por alimentos diferenciados, con una identidad construida desde el origen y las prácticas de cultivo.
La reconversión de una antigua plantación de manzanas y peras en un espacio dedicado a los frutos secos habla también de la capacidad de adaptación de los productores y de las oportunidades que ofrece la actividad agropecuaria en Neuquén.
En Luna de Cuarzo, cada árbol representa una apuesta a largo plazo y cada pastura que crece entre las hileras forma parte de un sistema que busca convivir con la naturaleza. Una experiencia productiva familiar que demuestra que innovar en el campo también puede significar recuperar los equilibrios naturales y producir alimentos poniendo en valor la tierra que los hace posibles.
Como adquirir los productos
Luna de Cuarzo comercializa los productos a través de ferias o por contacto directo con el cliente. Se puede establecer comunicación mediante Instagram en lunadecuarzo_nqn o bien por teléfono móvil al 299 5463129.
La chacra se encuentra ubicada en calle 2 y 20 de la ciudad de Centenario.












