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María Laura dejó una oficina para convertirse en electricista: la mujer que desafió todos los prejuicios

De trabajar en una empresa de seguros a enfocarse en los cables y los paneles solares en los techos. Una historia que contagia y desafía.
A partir de cumplir su sueño de ser electricista, se sumó a una red de mujeres relacionadas con la construcción. De la oficina a los cables y los techos. Fotos: María Laura Heredia
Hay personas que pasan toda una vida preguntándose cuál es su verdadera vocación. Otras, en cambio, un día reúnen el coraje suficiente para dejar atrás la seguridad de un empleo estable y comenzar de cero. Eso hizo María Laura Heredia, la protagonista de esta edición especial de El Diario de Vanesa.
Durante años trabajó como administrativa en una empresa de seguros. Analizaba riesgos, autorizaba coberturas y llevaba adelante una rutina que conocía de memoria. Sin embargo, algo dentro suyo le decía que ese ya no era su lugar.
Había una pasión que la acompañaba desde la infancia y que nunca había desaparecido: la electricidad.
Aquella curiosidad nació mirando a su padre reparar enchufes, tableros y cualquier objeto que se rompiera en la casa. Ella lo seguía a todas partes, observándolo con admiración. “Yo le decía que era MacGyver”, recuerda entre risas.
Hoy, con 43 años, esa niña curiosa se convirtió en electricista profesional y trabaja todos los días en viviendas, comercios y obras, demostrando que los oficios no tienen género.
Pero el camino estuvo lejos de ser sencillo.
Cómo empezó a trabajar como electricista: una decisión que cambió su vida
Cuando sintió que el trabajo de oficina ya no la hacía feliz, decidió estudiar electricidad en un Centro de Formación Laboral de La Matanza.
El primer día de clases encontró un aula llena de hombres. Ella era la única mujer. Sintió miedo. Dudó. Incluso se preguntó qué hacía allí.
Pero eligió quedarse.
Con el paso de los meses, esa inseguridad inicial se transformó en confianza. Aprendió rápidamente y terminó ayudando a muchos de sus propios compañeros a comprender distintos conceptos de electricidad.
Aunque al principio tuvo que enfrentar miradas de desconfianza y algunos prejuicios, nunca respondió con enojo. Respondió trabajando.
Apenas tres meses después de comenzar el curso tomó otra decisión que marcaría un antes y un después: renunció a su empleo.
Necesitaba generar ingresos, pero también quería demostrarse que era capaz de vivir de aquello que realmente la apasionaba. Le pidió a su papá que le imprimiera algunos folletos y comenzó a recorrer barrios enteros.
Golpeó puertas. Entró en comercios. Se presentó frente a desconocidos. Dejó su número de teléfono y esperó la primera oportunidad.
“Creo que la necesidad me hizo valiente”, reconoce.
Los primeros trabajos los realizó junto a un compañero del curso. Esa experiencia le dio la confianza necesaria para comenzar a trabajar por su cuenta.
Redes sociales y una mujer electricista que rompió los estereotipos
Con el tiempo entendió que las redes sociales también podían convertirse en una herramienta de trabajo.
Comenzó publicando sus servicios en Facebook y, casi sin buscarlo, una de sus publicaciones se viralizó. El teléfono empezó a sonar sin parar. Pero junto con las consultas también aparecieron los prejuicios.
Hubo hombres que escribían que jamás contratarían a una mujer electricista. Otros aprovechaban para hacer comentarios fuera de lugar. Sin embargo, la respuesta fue mucho más fuerte.
Decenas de mujeres comenzaron a recomendar su trabajo, a defenderla y a compartir su historia.
María Laura descubrió entonces que muchas clientas la elegían justamente porque era mujer.
Personas mayores, mujeres que viven solas o madres con hijos pequeños encontraban en ella una tranquilidad especial al momento de abrir la puerta de sus casas.
Por eso, cuando un cliente nuevo la contacta, suele enviar un mensaje de voz antes de visitar el domicilio.
Es una forma sencilla de generar confianza en tiempos donde la seguridad también preocupa.
Paneles solares: la experiencia que impulsó su crecimiento profesional
Mientras su emprendimiento crecía apareció otra oportunidad inesperada. Un vecino, al enterarse de que estaba estudiando electricidad, decidió regalarle un curso sobre energía solar.
Ella aceptó sin dudar. Al poco tiempo fue convocada por una empresa especializada en paneles solares. Allí vivió una de las etapas más enriquecedoras de su carrera.
Participó en grandes instalaciones, viajó a Córdoba para realizar tareas de mantenimiento y, gracias a su compromiso, terminó coordinando equipos de trabajo.
Al principio algunos compañeros intentaban protegerla y evitar que realizara esfuerzos físicos. Hasta que un día les dijo que quería trabajar exactamente igual que todos.
Y así fue.
Se ganó el respeto del equipo demostrando, una vez más, que la capacidad no depende del género.
Seguridad eléctrica: un trabajo que también consiste en cuidar vidas
María Laura asegura que instalar cables o reparar un tablero es apenas una parte de su trabajo. La otra consiste en enseñar. A lo largo de estos años encontró instalaciones extremadamente peligrosas: cables de tela con varias décadas de antigüedad, empalmes improvisados, tableros sin disyuntor diferencial y conexiones realizadas sin ninguna medida de seguridad.
Incluso recuerda una anécdota que todavía la sorprende: una familia llevaba horas sin electricidad y nadie lograba descubrir el motivo.
Después de revisar toda la instalación encontró la causa: una pequeña araña había provocado un cortocircuito dentro de una llave térmica.
“Era increíble que un bichito tan chico pudiera dejar una casa completamente sin luz”, cuenta. Cada vivienda representa un desafío diferente.
Por eso dedica tiempo a explicarle a cada cliente cómo prevenir accidentes eléctricos y por qué resulta tan importante utilizar materiales adecuados.
El robo que la obligó a empezar de cero
Cuando su carrera atravesaba uno de sus mejores momentos, sufrió un golpe muy duro: le robaron el auto.
Dentro del vehículo estaban la mayor parte de sus herramientas y materiales de trabajo. Fue casi como volver al punto de partida. Sin embargo, nunca pensó en abandonar.
Herramienta por herramienta fue reconstruyendo su emprendimiento.
Todavía hoy continúa comprando equipamiento de a poco, convencida de que el esfuerzo siempre termina dando resultados.
Mujeres en la construcción: una red que crece todos los días
Además de trabajar como electricista, María Laura integra una comunidad de mujeres dedicadas a distintos oficios vinculados con la construcción.
Electricistas. Plomeras. Gasistas. Maestras mayores de obra.
Todas comparten experiencias, se recomiendan trabajos y se acompañan para seguir ganando espacios que durante décadas parecían reservados exclusivamente para los hombres.
Para ella, esa red representa uno de los logros más importantes de los últimos años.
Porque demuestra que el talento no entiende de géneros: “Quiero que muchas mujeres se animen”
Cuando le preguntan qué le gustaría transmitir después de todo lo vivido, no habla de dinero ni de éxito. Habla de animarse. De confiar en uno mismo. De no abandonar los sueños por miedo al qué dirán.
“Me gustaría que muchas chicas que lean esta historia se animen a hacer lo que realmente les gusta. Que se la jueguen de verdad y den todo.”
Hoy entra a una obra con la seguridad que antes le faltaba.
Ya no siente vergüenza. Ya no teme las miradas. Sabe que llegó hasta allí gracias a su esfuerzo.
Y aunque reconoce que todavía le queda muchísimo por aprender, también sabe que cada tablero que instala, cada cliente que vuelve a llamarla y cada mujer que encuentra inspiración en su historia son una prueba de que tomó la decisión correcta.
Porque, al final, la electricidad terminó iluminando mucho más que casas.
También iluminó el camino de una mujer que se animó a desafiar todos los prejuicios para construir la vida que siempre soñó.
Quién es María Laura Heredia
María Laura Heredia tiene 43 años y vive en Ramos Mejía, partido de La Matanza. Durante años trabajó como administrativa en una empresa de seguros, hasta que decidió dejar la oficina para dedicarse de lleno a la profesión que siempre la apasionó: la electricidad.
Se formó como electricista en un Centro de Formación Laboral y, con apenas unos meses de estudio, comenzó a recorrer barrios y comercios ofreciendo sus servicios puerta a puerta. Con el tiempo consolidó su propio emprendimiento y hoy realiza instalaciones eléctricas domiciliarias y comerciales, mantenimiento de tableros, asesoramiento en seguridad eléctrica y trabajos especializados en distintos puntos del Área Metropolitana de Buenos Aires.
A lo largo de su carrera también se capacitó en energías renovables y trabajó en la instalación y mantenimiento de paneles solares, una experiencia que considera fundamental en su crecimiento profesional.
Actualmente integra una red de mujeres que se desempeñan en distintos oficios vinculados con la construcción, donde electricistas, plomeras, gasistas y maestras mayores de obra comparten experiencias, conocimientos y oportunidades laborales.
Su filosofía de trabajo se basa en tres pilares: la prolijidad, la seguridad y el compromiso con cada cliente. Pero, sobre todo, busca demostrar que la capacidad profesional no depende del género.
Su mayor deseo es que cada vez más mujeres se animen a seguir su vocación y descubran que ningún oficio tiene límites cuando existe preparación, esfuerzo y perseverancia.
Espero que les haya gustado esta edición de El Diario de Vanesa y ¡será hasta la próxima!



