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“Me levanto y me cuesta lavarme los dientes”: la cruda confesión de Adolfo Cambiaso a Mario Pergolini

A los 51 años, el histórico polista visitó el ciclo de eltrece y abrió su corazón para hablar sin filtros sobre el altísimo costo físico de su exitosa carrera.Adolfo Cambiaso sorprendió a Mario Pergolini en eltrece al confesar las graves lesiones físicas que arrastra tras décadas en la elite del polo. (Foto: eltrece)
La pantalla de Otro día perdido (eltrece) volvió a sorprender a los espectadores con una entrevista tan profunda como reveladora de la mano de Mario Pergolini. En esta oportunidad, el invitado de lujo fue nada menos que Adolfo Cambiaso, considerado una de las máximas leyendas vivientes de la historia del polo mundial. Lejos de la formalidad habitual de las notas deportivas, el deportista se animó a charlar a corazón abierto sobre su presente, el privilegio de jugar junto a su hijo y su sobrino, y la dura y dolorosa “cara b” de mantenerse en la alta competencia a los 51 años de edad.Haciendo un repaso de sus inicios profesionales allá por 1991 cuando apenas tenía 14 años, Cambiaso reconoció que mantenerse en la cima durante tantas décadas es una auténtica excepción en el deporte moderno: “Yo ya estoy en mis últimos partidos; el único que juega a esta edad soy yo. Soy el abuelo del equipo, el más grande tiene 25 años. Juego con mi hijo y mi sobrino”, expresó con total naturalidad, dejando abierta la puerta a un inminente retiro definitivo de las canchas que sus seguidores ya comienzan a palpitar con nostalgia.Las graves lesiones cotidianas y el pedido desesperado de María VázquezSin embargo, el momento más impactante y crudo de la charla se produjo cuando el polista enumeró sin anestesia el desastroso estado en el que se encuentra su cuerpo tras años de caídas, golpes y exigencia extrema arriba del caballo: “Tengo todo roto. Se me cortaron los dos aductores mayores, la espalda, hernia de disco, ciática… El caballo es letal. Me levanto y me cuesta lavarme los dientes”, confesó con absoluta franqueza, dejando atónitos al conductor y a todo el panel con una radiografía descarnada del desgaste físico que implica el alto rendimiento.Lejos de ser un secreto de vestuario, esta compleja situación genera constantes cortocircuitos puertas adentro de su hogar, donde su esposa, María Vázquez, le insiste permanentemente para que baje el ritmo y priorice su salud: “Me tengo que andar cuidando y no digo nada en casa. Los kinesiólogos viven y viajan conmigo a todos lados”, admitió entre risas cómplices.Entre la inagotable pasión por la disciplina que lo consagró como el mejor del mundo y la implacable factura que le cobra el paso del tiempo a su físico, la visita de Adolfo Cambiaso dejó en claro que la gloria deportiva exige, indefectiblemente, un sacrificio corporal absoluto.







