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Miguel Dávila, a 100 años de su nacimiento: cuerpos, ciudades y paisajes de una obra en transformación



Para Sasha Dávila, hijo de Miguel Dávila, las obras de su padre tienen una familiaridad que excede cualquier valoración artística: “Son mis hermanos”, dice. Creció rodeado de ellas y hoy conserva más de dos mil piezas. Esa cercanía explica una decisión fundamental del homenaje por el centenario del nacimiento del pintor: convocar a alguien que pudiera observarlas desde otra perspectiva. Eligió al curador Joaquín Rodríguez porque reconocía que su propia mirada estaba atravesada por los afectos. “Necesito otra mirada”, recuerda haber planteado. De ese encuentro surge Tercer orden. Miguel Dávila, la exposición antológica que presenta la Casa Nacional del Bicentenario. La oportunidad de ver a Wim Wenders en pantalla grande: diez películas restauradas llegan a la Sala Lugones El recorrido se extiende desde los trabajos iniciales hasta las últimas producciones de 2009. “Empezamos con su primera obra del año 49, para referencia, hasta el 2009, que sería su última obra”, señala Sasha. La amplitud de la selección permite seguir las transformaciones de un artista que trabaja con distintos lenguajes sin abandonar sus inquietudes. “Mostrar las diferentes etapas, las búsquedas”, esa es, según explica, una de las ideas centrales de la exposición. En ese movimiento reconoce una continuidad: “Siempre hay un hilo conductor, obviamente, ya sea por el color, la línea, la forma”.

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“Tercer orden” reúne más de cien obras de Miguel Dávila en la Casa Nacional del Bicentenario Miguel Dávila: entre la construcción y el impulso El título Tercer orden recupera una noción formulada por la crítica Elena de Bertola, quien identifica en la obra de Dávila la confluencia de dos fuerzas: un orden constructivo, asociado con la estructura, la conciencia y la contención, y otro pulsional, ligado al gesto, la intuición y el impulso. Esa lectura encuentra un eco en las palabras de Sasha, que define el universo de su padre como un “pensamiento visual”. La pintura aparece así como una actividad en la que construir una imagen también supone pensar, explorar y descubrir algo durante el trabajo. Charly García celebra sus 75 años con el lanzamiento de los conciertos que dio durante nueve noches en el Gran Rex Nacido en Chilecito, La Rioja, en 1926, Dávila se forma en el Instituto Superior de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Tucumán. Su aprendizaje se nutre de maestros como Enrique Policastro, Lino Enea Spilimbergo, Pompeyo Audivert y Lajos Szalay. En 1961 obtiene una beca del Fondo Nacional de las Artes para viajar a París junto a Rómulo Macció, Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega. Su trayectoria incorpora recursos del informalismo, el expresionismo y la nueva figuración, aunque el texto curatorial destaca que mantiene una distancia crítica frente a los “ismos”, entendidos como posibilidades expresivas y no como dogmas. La exposición recorre seis décadas de búsquedas a través de pinturas, dibujos, grabados y cortometrajes experimentales Para Sasha, las transformaciones de esa obra responden a una necesidad que acompaña toda la carrera de su padre. “Un buen artista necesita estar cambiando en nuevas búsquedas”, sostiene. La diversidad de soportes presentes en la exposición permite seguir esa inquietud: óleos, acrílicos, monocopias, aguafuertes, xilografías, tintas y pasteles conviven con películas experimentales de los años ochenta. “Él trabajó mucho con el celuloide, o sea, películas en Súper 8”, recuerda. Esa exploración amplía el recorrido y muestra cómo la investigación de la imagen también encuentra un espacio en el cine. Los cuerpos, la ciudad y la memoria La figura humana, la ciudad y el paisaje atraviesan la producción de Dávila. Según la lectura curatorial, los cuerpos se transforman, se fragmentan o se condensan en estructuras que desafían los límites de la figuración; los mitos y la fantasía permiten comentar su época y explorar estados emocionales profundos. En las obras de gran formato, la ciudad aparece bajo una mirada crítica, mientras que los paisajes de su Rioja natal y de otras geografías se reconstruyen desde la añoranza, el color y el gesto. Sasha insiste en que esa diversidad exige una experiencia directa: “Creo que es fundamental venir a recorrer esto, porque a veces contarlo es muy difícil”. Sasha Dávila, hijo del artista, impulsó el homenaje por los cien años del nacimiento de su padre La exposición también permite ampliar el conocimiento de quienes llegan con referencias parciales. Sasha cuenta que algunos visitantes reconocen obras de los años 60 o del período final, pero descubren otras etapas durante el recorrido. Según relata, le dicen: “Me encontré con algo que yo no conocía, que no sabía”. Esa respuesta condensa una de las posibilidades de la antológica: reunir momentos que suelen verse por separado y devolverles una relación. El homenaje ofrece así una oportunidad de revisar cuánto se conoce de un artista cuando su nombre queda asociado apenas con algunas imágenes. Ante la pregunta por una obra especialmente destacada, Sasha evita elegir una pieza definitiva. “Hay obras que yo puedo decir que yo las quiero más”, responde, y aclara que se trata de “una cuestión emocional, afectiva o del recuerdo”. Reconoce que cada etapa admite sus propias elecciones y que las diferencias de gusto también participan de la lectura artística. El trabajo con Rodríguez le permite comprobarlo: “Descubrí otra cosa que yo no había logrado ver”. Para explicar la intimidad que mantiene con ese patrimonio, encuentra una frase breve: “Son mis hermanos”. “El arte es tiempo” La reflexión que Sasha quiere transmitir a las nuevas generaciones atraviesa toda la entrevista: “El arte es tiempo”. Desde su experiencia como exdirector de un museo, galerista y colaborador de artistas jóvenes, observa una urgencia que resume sin rodeos: “Están todos muy apurados”. Frente a esa prisa, propone atender al proceso. “Hay que estudiar, pensar, investigar, recorrer la vida”, afirma. Su invitación no exige que la obra guste: busca que quienes visiten la exposición comprendan que existen distintas etapas, experiencias y decisiones detrás de la construcción de un artista. El color, la línea y la forma atraviesan las distintas etapas de la producción de Miguel Dávila Ese compromiso también aparece en su descripción de la vida cotidiana de su padre. “Él dedicó realmente su vida a esto, lo hizo con una gran pasión”, expresa. Según Sasha, Dávila se mantiene alejado de las estrategias de promoción y de la dimensión comercial de su trabajo, una actitud que considera vinculada con el conocimiento limitado de parte de su producción. Hoy, la magnitud del patrimonio que conserva ofrece otra medida de aquella dedicación: “En la actualidad conservo más de 2000 obras. O sea, mi padre pintó, y mucho”. Para su hijo, ese conjunto permite mostrar cuánto se puede trabajar y construir a lo largo de una vida. Cuando el arte se viste de moda: La influencia del surrealismo en la indumentaria La trayectoria de Dávila incluye, además, una participación sostenida en la gestión cultural y la enseñanza. Entre 1958 y 1960 ocupa la primera dirección del Museo Municipal de Bellas Artes de La Rioja, actual Museo Octavio de la Colina, y ejerce la docencia entre 1964 y 1995. Recibe el Premio del Salón Municipal Manuel Belgrano en 1964 y el Gran Premio de Honor del Salón Nacional de Pintura en 1981. Sus obras integran museos y colecciones del país y del extranjero. Esos antecedentes sitúan las palabras de Sasha sobre el compromiso profesional dentro de una carrera que abarca el taller, las instituciones y la formación de otros artistas. A cien años de su nacimiento, Tercer orden invita a seguir esas búsquedas y a dedicarles tiempo. Sasha reconoce el esfuerzo que exige una vida vinculada con el arte, pero encuentra su sentido más profundo en la experiencia personal: “Lo más importante es lo personal, es cómo uno se siente con esto”. Cuando habla de vivir rodeado de arte, lo relaciona con el amor y precisa qué entiende por esa palabra: “Sensibilidad ante la vida, ante la sociedad y ante los seres humanos”. La exposición permite acercarse a ese legado desde las obras y desde la voz de quien las conserva, las conoce y todavía encuentra en ellas algo por descubrir. ML

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