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Milei y una manera muy kirchnerista de relacionarse con el periodismo

Lo que ocurrió con José del Río durante la entrevista con Javier Milei fue muy inapropiado. El Presidente lo encaró mal delante de un auditorio repleto de gente, en una situación muy incómoda para un periodista que estaba haciendo su trabajo. Son cosas que hacía Néstor Kirchner. Recuerdo perfectamente una de las primeras veces que vi algo parecido con Kirchner. Un cronista, uno de esos clásicos movileros que muchas veces son grandes periodistas, le hizo una pregunta durante un acto y Kirchner le respondió: “Yo sé quién te manda a vos a preguntarme esto”. Era una manera muy vulgar de responderle a un periodista, especialmente porque ocurría delante del público. Eso es importante. No estamos hablando de dos personas discutiendo privadamente durante una entrevista, donde eventualmente uno agravia al otro y el otro puede contestarle. José del Río estaba frente al Presidente, con alrededor de mil personas mirando, tratando de explicarle que ese era el momento para discutir las diferencias.
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El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
El problema surgió porque Milei sostuvo que periodistas de La Nación habían amenazado e insultado a dos economistas por elogiar al Gobierno. Después le dijo directamente a José del Río que periodistas de su diario festejaban los datos adversos y ocultaban los positivos. Es la idea de que los periodistas que tienen una postura crítica o distante del Gobierno celebran cuando al Gobierno le va mal. Esto me recuerda muchísimo al kirchnerismo. La lógica es conocida: “A mí me critican por las cosas buenas que hago”, decía Néstor Kirchner. A mí me pasó personalmente. En 2005 me tocó entrevistar a Kirchner en la Casa Rosada. Yo trabajaba en Radio 10 y la emisora había organizado una serie de entrevistas en el contexto de las elecciones de medio término. Fuimos Oscar González Oro y yo a entrevistarlo. Yo ya tenía desde hacía tiempo una posición crítica respecto de Néstor Kirchner. Durante el reportaje, Kirchner se reía de mis preguntas delante de sus ministros. Yo hacía una pregunta y él respondía: “Mirá la boludez que me pregunta este pibe”. Y todos se reían. Era una situación espantosa. Recuerdo perfectamente mi molestia. Estaba ahí, prácticamente solo, mientras el Presidente me agraviaba delante de toda la gente que lo rodeaba, y yo pensaba cómo podía manifestar mi descontento y mi incomodidad. Finalmente cuando terminó el reportaje, me levanté y le pegué un portazo a la puerta de la oficina del Presidente de la Nación con toda la fuerza que pude. Fue un acto completamente deliberado. Milei también se refirió en términos extremadamente agresivos a la periodista Maru Duffard. Por eso entiendo perfectamente la situación incómoda que atravesó José del Río. Y el episodio no quedó solamente ahí. Antes, Milei también se había referido en términos extremadamente agresivos a la periodista Maru Duffard. A Maru la conocemos muchos periodistas desde hace años. Yo la conocí en la época en que trabajaba con Jorge Lanata. Es una periodista muy seria. Duffard había hecho un comentario político alrededor de la situación de Cristina Kirchner. Podrá compartirse o no lo que dijo. Podrá discutirse, rebatirse o analizarse, como ocurre con cualquier comentario político.Ese es precisamente el trabajo de un periodista. Cada uno puede decir lo que considere: Duffard, Carlos Pagni, yo o cualquiera que escriba una columna o realice un análisis político. El problema aparece cuando una opinión adversa deja de ser respondida con otra opinión y pasa a provocar una sucesión de insultos. Milei calificó a Duffard con expresiones como “zurda inmunda”, “doble moral” y “basura corrupta”, entre otras. Y estamos hablando, además, de una periodista que difícilmente pueda ser presentada como una representante del kirchnerismo. Maru Duffard formó parte durante años de equipos periodísticos que investigaron al kirchnerismo. Pero eso tampoco debería ser lo central. No importa si Duffard es kirchnerista, antikirchnerista, de izquierda, de derecha o ninguna de esas cosas. El punto es que hizo un comentario político y ese comentario puede ser discutido en términos políticos. Hay algo que se empieza a repetir demasiado: frente a determinados cuestionamientos, la respuesta presidencial es el agravio. Puede ocurrir con Maru Duffard. Puede ocurrir con José del Río. Puede ocurrir con periodistas de La Nación. Puede ocurrir con cualquiera que manifieste una posición distinta. Y ahí está, para mí, el verdadero problema. No se trata de que un Presidente tenga que estar de acuerdo con los periodistas. Sería absurdo pretender semejante cosa. Tampoco los periodistas tenemos por qué estar de acuerdo con un Presidente. Se trata de poder discutir. Una afirmación periodística puede ser incorrecta y puede ser rebatida. Un análisis político puede estar equivocado y otro analista puede explicar por qué. Una crítica puede ser injusta y el Gobierno puede contestarla. Pero el insulto sustituye esa discusión. Milei incorpora, además, una dimensión moral a muchas de estas discusiones. Mezcla frecuentemente elementos ideológicos, religiosos y políticos y termina colocando a quien discrepa no solamente en el lugar del adversario, sino en un plano moral diferente. Entonces da lo mismo si el cuestionamiento proviene de una periodista contemporánea, de un economista o de una figura histórica. La discusión deja de ser simplemente una discusión de ideas. Eso es lo que considero preocupante. El Presidente puede cuestionar a La Nación, puede discutir lo que diga José del Río y puede rechazar completamente un análisis de Maru Duffard. Todo eso forma parte de una sociedad abierta y de la discusión pública. Lo que no debería naturalizarse es que la respuesta habitual frente al disenso sea el agravio personal. El episodio con José del Río fue particularmente incómodo porque ocurrió delante de un auditorio enorme y colocó al periodista en una situación muy difícil. Yo ya viví una escena semejante hace muchos años con Néstor Kirchner. Por eso, cuando veo nuevamente a un presidente confrontar de esa manera con un periodista que está haciendo una pregunta o planteando una diferencia, inevitablemente recuerdo aquella historia. Y no es una historia que valga la pena repetir.







