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Nueva instancia de formación ambiental en el Parque Nacional Laguna Blanca

La experiencia, que congregó a 40 participantes, permitió abordar la biodiversidad de la estepa, los efectos del cambio climático, el manejo de especies exóticas y la relación histórica de las comunidades con el territorio.
La Red de Educación y Proyectos Ambientales de la Provincia del Neuquén (Redepa) desarrolló una nueva instancia de formación en Zapala, con actividades presenciales y una salida de campo al Parque Nacional Laguna Blanca. Participaron 40 profesionales, integrantes de equipos técnicos y personas de la comunidad interesadas en fortalecer sus conocimientos y capacidades para impulsar acciones ambientales en sus territorios.
La propuesta fue organizada por el ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales, a través de la secretaría de Ambiente y Recursos Naturales, la subsecretaría de Cambio Climático y la dirección de Educación Ambiental, en articulación con el ministerio de Educación y con la colaboración de la Administración de Parques Nacionales.
La jornada en Laguna Blanca permitió trasladar al territorio los contenidos trabajados durante la formación. A través de la observación, el recorrido y el intercambio con los equipos especializados, las y los participantes pudieron reconocer las características del ambiente, analizar sus principales desafíos y conocer algunas de las estrategias implementadas para su conservación.
Un aula abierta en la estepa patagónica
El Parque Nacional Laguna Blanca protege 11.250 hectáreas de la ecorregión de la estepa patagónica. El cuerpo de agua que le da nombre ocupa aproximadamente 1.700 hectáreas, se encuentra a 1.270 metros sobre el nivel del mar y forma parte de un humedal reconocido como Sitio Ramsar de importancia internacional.
Durante la salida se realizaron actividades de avistaje de aves y reconocimiento de la flora nativa. Más de 100 especies de aves visitan las lagunas del área protegida en distintos momentos del año, entre ellas cisnes de cuello negro, flamencos, gallaretas, playeros y macaes plateados.
Uno de los ejes de la actividad fue el impacto del cambio climático sobre los ecosistemas de la región. Las conversaciones se concentraron especialmente en los déficits hídricos registrados durante los últimos años y en las consecuencias que la reducción de la disponibilidad de agua puede generar sobre los ambientes naturales.
El abordaje permitió comprender que la conservación requiere información, planificación y seguimiento. También implica analizar las decisiones de manejo dentro de sistemas complejos, en los que una modificación puede producir efectos sobre distintas poblaciones y relaciones ecológicas.
La experiencia incorporó una mirada sobre la dimensión cultural del área protegida. Durante el recorrido se conversó sobre los orígenes del Parque Nacional Laguna Blanca como figura de conservación y sobre la relación histórica de las poblaciones con este territorio.
El intercambio recuperó algunos de los usos que antiguos pobladores daban a los bienes naturales y permitió reflexionar sobre las modificaciones registradas a lo largo del tiempo. De esta manera, el ambiente fue abordado como un sistema en el que interactúan procesos naturales, sociales, históricos y culturales.
Esta perspectiva forma parte de la Educación Ambiental Integral, que propone comprender las problemáticas ambientales más allá de sus dimensiones exclusivamente naturales. Conocer un territorio también requiere reconocer las formas de vida, los saberes, las actividades y las decisiones que fueron transformándolo.











