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Pablo Kratina alerta por la presión sobre los chicos: “Pierden la infancia”

Hay una escena que se repite en el país y que, vista desde afuera, parece sencilla: un pibe juega, alguien lo observa, un teléfono registra, un video circula y, en algún punto de esa cadena cada vez más veloz, alguien decide que allí puede haber un futuro futbolista. Lo que antes podía suceder casi por accidente, hoy tiene departamentos de scouting, coordinadores, captadores, bases de datos, redes sociales, pruebas y una competencia feroz por llegar primero, porque en el fútbol de estos tiempos todo parece tener que suceder ya. Pero dentro de ese vértigo moderno, Pablo Kratina pone la pausa y aparece ese fútbol que tanto nos diferencia del resto del mundo.
El exjugador de Belgrano es una referencia a nivel nacional como captador de jóvenes promesas. Lleva más de tres décadas haciendo algo que todavía conserva una parte artesanal, que consiste en mirar. En saber mirar. “Lo primero que vemos es la técnica individual”, le cuenta el cordobés a Perfil Córdoba.
Kratina es sinónimo de fútbol en Córdoba. Como delantero pasó por Belgrano, Las Palmas, General Paz Juniors, Sportivo Belgrano, Estudiantes de Río Cuarto, San Martín de Mendoza y Patronato de Paraná, entre otros; además vistió las camisetas de Alianza Atlético de Perú, Municipal de Perú, Audaz Octubrino de Ecuador y Santos Laguna de México.
Cuando estaba dando los últimos pases con la casaca de Agrario de Corralito, en la Liga Regional de Río Tercero, empezó a meterse en el mundo de la captación. Trabajó como cazatalentos para Racing Club (durante 10 años), el ‘Pirata’, River, Instituto, Racing de Córdoba, Aldosivi, Huracán, Tigre, Aldosivi y actualmente se desempeña en Lanús.
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“Cada club tiene identidades distintas”, explica. Para él encontrar un futbolista no consiste sólo en determinar si juega bien, sino en descubrir si sus características pueden desarrollarse dentro de una estructura. River, dice, históricamente buscó determinadas características en ciertas posiciones; Racing tuvo su tradición de goleadores; Lanús, siempre competitivo en inferiores, obliga a afinar más la mirada. “Cuando vos buscás las características, tenés que buscarlas como lo hace el club”, explica.
Es observar al jugador que tiene adelante y al mismo tiempo intentar imaginarse al futbolista en que podría convertirse. Por eso mira una diagonal, la forma en que un delantero se ubica cuando su equipo tiene la pelota, cómo responde un defensor cuando debe retroceder, qué hace un mediocampista antes de recibir, qué decisión toma cuando la jugada todavía está formándose. “Hay pibes que no demuestran todo en una prueba, pero en algunos movimientos te das cuenta que son interesantes. Entonces hay que llevarlo, porque tiene lo mejor”, cuenta, quien calcula que tiene más de 30 jugadores que alcanzaron el fútbol profesional.
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De la diversión a la presión.
Mientras este deporte aprendió a mirar con mayor precisión, el fútbol infantil también cambió y allí Kratina se detiene con preocupación, porque la velocidad que sirve para encontrar talentos, puede convertirse en una presión que termina perjudicando a quienes todavía están aprendiendo a jugar. “A mí no me gusta llevar chiquitos”, aclara, y enseguida explica por qué prefiere trabajar con chicos de 13 años en adelante, cuando ya empiezan a definirse como futbolistas: “Los chiquitos tienen que disfrutar de la infancia”, asegura.
En la charla cuenta que los clubes ya están buscando nenes de entre 9 y 11 años y que los padres también están en esa búsqueda temprana. Todo rápido. Entonces, desde pibes dejan sus casas, sus pueblos, sus escuelas. El desarraigo precoz. “Para mí pierde la niñez, pierde la infancia, pierde todo”, afirma.
También están los padres. Alrededor de cada pibe aparece una tribuna familiar que, cuenta Kratina, puede acompañar, presionar, reclamar o proyectar sobre el hijo aquello que alguna vez quiso ser. En ese sentido, explica que los escucha porque parte de su trabajo consiste justamente en estar allí. Dice: “Tenés padres que acompañan bien, también padres que quieren salvarse con el hijo y otros que quieren que el pibe juegue sí o sí”.
Y analiza: “La mayoría de los padres son quejosos, pero hay de todo. Hoy las redes también te venden una situación que no es la real, porque te muestran lo que es Messi, lo que es Julián Álvarez o Enzo Fernández, pero no todos llegan a ese nivel. En el fútbol podés jugar en la elite de Europa o hacer carrera en el ascenso. También hay que saber que el porcentaje de jugadores que llegan a Primera no llega ni al 2%”.
FORMACIÓN. “Los técnicos, los clubes, me conocen mucho porque ando toda la semana por el interior”, explica sobre su trabajo.
Aprender jugando.
Por eso su mirada se dirige a los formadores y a una palabra que considera central: ayudar. “Hay que formar, ayudar, acompañar”, explica. Para él, en las primeras edades el resultado debería ocupar un lugar secundario, porque un chico de 9 o 10 años puede ganar o perder un partido y ese resultado carecerá de importancia cuando llegue el momento en que verdaderamente tenga que tomar decisiones dentro de una cancha. Y sentencia: “Lo primero es que tiene que aprender es a jugar. Porque la mejor forma de aprender es jugando”.
En ese marco, creó su propia escuela de fútbol con esa concepción, en 1998. Allí decidió sacar la competencia del centro: no hay campeonatos ni tablas de posiciones y tampoco una obsesión por ganar cada domingo. “Los chicos se divierten, la pasan bien. Yo les aviso a los padres que en la escuela no es para ganar”. Juegan todos, en encuentros donde el bueno, el malo y el regular tienen su espacio, y cuando aparece un chico que ya está preparado para otro escenario, se lo dice a la familia: “Cuando el pibe anda bien, yo te voy a decir: llevalo a un club”.
Recorre Córdoba, desde la capital hasta el interior. Cuenta que hay una franja que considera especialmente fértil, desde Río Cuarto hacia Villa María y San Francisco, extendiéndose hacia Santa Fe. “Es una zona de buenas ligas y competencia intensa, donde tienen buena alimentación”, añade, aunque también conoce lugares donde las condiciones materiales hacen más difícil que el talento pueda desarrollarse. Kratina va a todos lados, porque en cualquier rincón de la provincia puede encontrar un talento que pide pista.
El ex-Belgrano conoce la tensión, porque ha vivido buena parte de la transformación del fútbol. “Antes a nadie se le ocurría tener una dirección de scouting. Hoy esto se ha convertido en un pie fundamental para divisiones inferiores”, dice.
Sin embargo, después de tantos años y de tantos nombres, cuando se le pregunta qué distingue al futbolista vuelve al principio, a aquello que ningún algoritmo parece capaz de reemplazar por completo: “La técnica”, sentencia.





