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Trump le juega lealmente bien a Milei



Portación de apellidos Primer apoyo de Donald Trump en la región tan apetecible para China (en virtual reflotación de la Guerra Fría). Consta que sin embargo China es menos dramáticamente cinematográfica que la Unión Soviética (no se prestan los escenarios grises para entregas recíprocas de espías en puentes casi abandonados). Consta también que el Tertuliano que preside el Gobierno de Consultores se mostró absolutamente solidario con Trump desde la campaña electoral. En otra de las frecuentes excursiones hacia la Madre Patria, el Tertuliano se desplazó hacia los pagos sofisticados de Mar-a-Lago para animar una kermesse de la FCAP. Santiaguito, el Neo Giacomini, el consultor preferido, le había prometido la primera fotografía idílica con Trump y su corbata carmesí. Justamente logró la fotografía el día después de haber sido visitado, en la Casa de Gobierno de Buenos Aires, por la hidalga cortesía del Premier Antony Blinken, secretario de estado de Joe Biden. Fue exhibido en el balcón eterno de Evita como si se tratara románticamente de la señora Fátima.

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El detrás del enfriamiento de la economía estadounidense: “La pelea de fondo de acá es Estados Unidos versus China” Debe aceptarse que Trump le jugó siempre lealmente bien a Milei, de frente, como corresponde al perro varón y americano. Como debe aceptarse que en 2025 Trump le salvó el gobierno a Milei, con un tuit categórico de Scott Bessent, complementado por la contundencia del cheque que resultó expresivamente fundamental para que el Tertuliano se pusiera la campaña legislativa al hombro y persistiera victorioso. Para consagrarse con la astucia del portador de apellidos. Con un Roca intrascendente se impuso en Córdoba a la dupla ambiciosa Schiaretti-Llaryora. Con otro Pellegrini de utilería elemental venció en Santa Fe al gobernador Maximiliano Pullaro. Por último, debe aceptarse que Trump no podía ni debía dejar que se derritiera en paz el exclusivo aliado del sur que la adversaria China conquistaba paulatinamente con meras estrategias comerciales. Potencia ansiosa -China- se obstinaba en repetir en Sudamérica la similar humillación que sistémicamente le supo producir en África a Occidente. Como si el poderoso Trump le explicara al discípulo Milei: “Si me brinda su apoyo, lo hago líder global”. Racionalizar a Milei Mientras se multiplican los respaldos externos de la extrema derecha, al rey Trump se le complica el suspenso de la situación angustiosamente interna. Son las vísperas de la elección legislativa de noviembre, que probablemente transforme a Trump en un pato rengo. La reciente derrota de Víktor Orbán en Hungría derivó en otro papelón de Trump compartido con Milei. No olvidar que el Tertuliano se trasladó hacia Budapest con la Guantanamera en el avión comprado por Alberto, el Poeta Impopular, para ayudar a don Víktor en el cierre de la campaña electoral. La dulce estadista italiana Giorgia Meloni de pronto toma explicables distancias del icónico Trump. Estridentes moralejas de la principista Unión Europea. La onda a favor del rey Trump cambia abruptamente en Sudamérica. En la imprevisible Bolivia, cuando Rodrigo Paz humilla al desperdiciado populismo indigenista de Evo Morales, atosigado por los conflictos ególatras de progresistas perjudiciales. En el compasivo Paraguay, el “colorado” Santiago Peña se impone, y a los efectos de rescatar al jefe vulnerado -Horacio Cartes- se alinea de inmediato con Milei. Como se alinea naturalmente también Daniel Noboa desde Ecuador. Aunque pronto en Chile asoma desde la cordillera la pretensión arrasadora de José Antonio Kast, con ínfulas impulsivamente explícitas de postularse para la conquista del liderazgo global de los azules. Pronto se produce el esperado juramento de Abelardo de la Espriella, el Milei de Colombia, que también contiene superiores reivindicaciones que distan de armonizar con la irritante modestia de la señora Keiko Fujimori, que se hizo cargo de Perú. A la instancia derrochada del progresismo le queda apenas la brevedad ejemplar de Uruguay, el alterado presente de Venezuela y la monumentalidad gigantesca de Brasil que depara el dramático escenario del penúltimo conflicto entre los azules de la extrema derecha y los rojos tenues del descolorido progresismo. Consecuencia del estruendoso paso de Milei por San Pablo, quien acompañado por la Guantanamera y por el disciplinado canciller Quirno, asistió como alegrante al lanzamiento presidencial de Flavio Bolsonaro, el Junior, para tratar violentamente al presidente Lula de “ladrón”. En las presidenciales de Brasil se termina de diseñar el próximo mapa ideológico del sur continental, donde confluyen teorías originales como la del ensayista mejor informado Carlos Pagni, erudito que describe a Milei como si fuera un simple “ariete de Trump” (según la interpretación de Marcelo Longobardi), en la estrategia elaborada (por Trump) con el objetivo de clausurar el avance de China en la región. Pero atinadamente Longobardi sugiere que en realidad Pagni trata de “racionalizar a Milei”. Como si por su propia cuenta Milei no fuera un desequilibrado incurable dispuesto a cometer cualquier disruptiva barbaridad. Como tildar en Brasil de ladrón al presidiario Lula que emerge otra vez como el favorito. Kristalina y el papelón La noche del día del papelón de Milei en San Pablo coincidió con la visita de la señora Kristalina Georgieva en Buenos Aires. Directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina arribó a la patria a los efectos de desempolvar su intrascendencia personal para disponerse a tomar exámenes de solidez a los políticos y funcionarios. Y hasta se dio tiempo para dialogar con los empresarios más gravitantes que van a seguir generacionalmente importantes cuando Kristalina sea apenas una burócrata octogenaria retirada con una retribución plácida para residir en Sofía, capital de Bulgaria. Sin embargo, acaso inspirada en madame Christine Lagarde, supo Kristalina disfrutar del transitorio estrellato para dedicarse a inspeccionar la inteligencia de los funcionarios y de los parlamentos. Trump y Netanyahu se reunieron tras los chispazos y cierran filas contra Irán Mientras Max Alier, embajador del Fondo en Argentina, se encargaba de seleccionar a los permanentes empresarios, condenados significativamente a ser significativos hasta la eternidad, profesionales del poder que se sometieron con hidalguía al examen inofensivo de las preguntas con la compartida certeza hipócrita de saber que no podía deslizarse en el acontecimiento gastronómico ningún sesgo crítico, ni la menor crítica con el objetivo constructivo de la ficticia buena fe, porque francamente la dama que les iba a tomar amablemente el examen necesitaba extender el arte de la simulada conjetura, la sugerencia elaborada, el rigor estrictamente invalorable del silencio, en acuerdo total con el patriotismo extraño de los empresarios apuntados que escenificaron el mismo rol y no trataron ningún tema divisorio, nada que siquiera fuera, en efecto, serio.

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