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Un buzo mostró cómo bajó 20 metros el nivel de un lago patagónico



Las impactantes imágenes comparativas entre el año pasado y este mes fueron publicadas por Marcos Ponce, un buzo y fotógrafo de Esquel. Qué es lo que sucede.

Las imágenes registradas por el buzo y fotógrafo Marcos Ponce, entre el año pasado y el presente mes de julio son impactantes. Fotos: Marcos Ponce

Hace unos días, el buzo esquelense Marcos Ponce hizo algo que hasta hace poco solo podía imaginar: caminó por un sector de la Bahía de Los Palos, en el embalse Amutui Quimey, dentro del Parque Nacional Los Alerces, que meses atrás recorría buceando. Donde antes había varios metros de agua sobre su cabeza, hoy hay piedra seca, troncos expuestos y una línea de costa que retrocedió más de lo que cualquier vecino de la zona recuerda haber visto.

“Hace algunos años yo había hecho una comparación similar, aunque la de esta temporada supera ampliamente aquella”, escribió Ponce en su publicación, acompañando imágenes de los mismos puntos que había fotografiado y filmado en inmersiones anteriores. La diferencia, dice, es notoria a simple vista. En estos días, el espejo de agua está 20 metros por debajo de su cota habitual. 

La mirada de quien lo ve desde abajo del agua

Para Ponce, que recorre el fondo del Amutui Quimey desde hace años con cámara y equipo de buceo, el contraste entre lo que fotografió meses atrás y lo que hoy puede pisar es una forma directa de mostrar algo que las estadísticas hídricas describen en números: la Patagonia cordillerana está perdiendo agua a un ritmo que no tiene precedentes recientes. “El cambio climático es innegable, de la misma manera que la importancia del agua”, escribió el buzo junto a sus imágenes, cerrando su publicación con un pedido simple: que sirva para tomar conciencia.

Su comparación con una bajante similar que él mismo había registrado años atrás —esta vez ampliamente superada— funciona como un termómetro visual de algo que técnicos, universidades y organismos de gestión hídrica vienen advirtiendo desde hace al menos siete años: la cordillera patagónica recibe cada vez menos nieve, y eso repercute en cada eslabón de la cadena, desde el caudal de los ríos hasta la capacidad de generación eléctrica de un complejo que abastece a buena parte de la industria pesada del país.

Un lago artificial con nombre de “belleza perdida”

El Amutui Quimey —que en mapuzungun significa “belleza escondida” o “belleza perdida”— no es un lago natural sino el embalse que se formó entre 1971 y 1978 con la construcción de la represa General San Martín, del Complejo Hidroeléctrico Futaleufú. Su llenado cubrió un valle glaciario donde antes había cuatro lagos independientes —Situación, Quiñe, Epu y Cula—, hoy fusionados en un único espejo de agua de  5.700 hectómetros cúbicos de capacidad que cubre unas 9.200 hectáreas dentro del Parque Nacional Los Alerces.

La represa, de materiales sueltos, tiene 120 metros de altura y 600 metros de longitud de coronamiento y su central genera energía principalmente para abastecer a la planta de aluminio ALUAR, en Puerto Madryn. Según datos técnicos del Organismo Regulador de Seguridad de Presas (ORSEP), el nivel máximo normal de operación del embalse es de 495 metros sobre el nivel del mar, con apenas cinco metros de margen hasta la cota límite de seguridad del muro.

Que el espejo de agua esté hoy unos 20 metros por debajo de esa cota habitual para la temporada —según informó el gerente de Hidroeléctrica Futaleufú, ingeniero Pablo Belkenoff— no es un dato menor: equivale a cuatro veces ese margen de seguridad, y explica por qué sectores como la Bahía de Los Palos, antes cubiertos por agua, hoy son transitables a pie.

Un problema que no empezó este invierno

La bajante del Amutui Quimey no es un fenómeno aislado, sino la manifestación más visible de un proceso que la región cordillerana de Chubut viene atravesando desde hace años. Especialistas del INTA describieron la situación actual como parte de un déficit hídrico que se concentra en los meses invernales, con menos volumen de nieve en la montaña y, por lo tanto, menor recarga de arroyos, lagos y napas subterráneas. La misma fuente comparó los años 1996, 2016 y 2025 como los más deficitarios del registro, aunque remarcó que estas anomalías son cada vez más frecuentes e intensas.

El diagnóstico se repite desde distintos ángulos. Un estudio de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco detectó que la acumulación de nieve en las cordilleras chubutenses cae de forma sostenida desde 2021, a un ritmo de hasta medio metro por año, y advirtió que lo perdido no se recupera fácilmente ni siquiera con inviernos más húmedos. En agosto de 2025, mediciones citadas por Radio Chubut ya marcaban que la cordillera registraba apenas el 40% de las precipitaciones esperadas para esa altura del año.

Las consecuencias se sintieron mucho más allá del embalse. En enero de 2026, Esquel debió aplicar cortes diarios de agua potable luego de un invierno con registros de nieve prácticamente nulos, y el municipio gestionó perforaciones de emergencia para acceder a napas profundas. Meses antes, en agosto de 2025, el Concejo Deliberante había avanzado con una declaración de emergencia hídricaante la falta de agua y nieve. El propio jefe del Servicio de Incendios de Esquel señaló que el déficit hídrico acumulado agrava el comportamiento del fuego en la región cordillerana, en un verano marcado también por incendios forestales.

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