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Viejas heridas | Perfil




El 20 de noviembre de 2025, bien tempranito, salieron desde Rosario en la ya famosa combi algunas figuras representativas de Rosario Central: Gonzalo Belloso (presidente), Carolina Cristinziano (vicepresidenta), Ariel Holan (entonces DT), Jorge Broun (arquero y referente) y Angel Di María (capitán, líder y figura). El viaje fue tranquilo. Llegaron a la sede de la Liga Profesional de Fútbol en Puerto Madero unas 3.30 horas más tarde. El día anterior, en una reunión ordinaria del Comité Ejecutivo, Claudio Tapia, presidente de la AFA, había hablado de hacerle un “reconocimiento” a Central y todos estuvieron de acuerdo. No hubo mano alzada. Sólo se informó de un “reconocimiento”, nadie habló entonces de “estrella” o “título”. Por eso, cuando a Central se le dio un trofeo, hubo fotos, se habló de “Campeón de la Liga 2025” (posteo en X de la cuenta oficial de Central ese mismo día a las 13.26), todos los demás observaron con estupor como, una vez mas, las reglas se modificaban a mitad de camino. Nunca nadie antes había hablado de un trofeo y una estrella para el escudo por ocupar el primer puesto de la Tabla Anual, una de las tantas tablas que hay que contemplar en el alborotado fútbol argentino.

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Ya es parte del folclore aquella foto de Belloso, Cristinziano, Holan, Broun y Di María con la copa a bordo del vehículo que los llevó de regreso a Rosario. Sin dejar de lado que el reconocimiento era justo —había sido un muy buen año de Central, aunque las estructuras de torneos de la AFA no le habían permitido dar una vuelta olímpica— no menos cierto es que la entrega del trofeo y la obtención de una estrella no estaban contemplados cuando comenzó el año. Central, por esa primera ubicación, ya tenía el acceso a la fase de grupos de la Conmebol Libertadores 2026, lo que en términos deportivos y económicos era un gran logro. Acaso la presencia de Di María cebó a las autoridades de la AFA a subir un escalón y eso fue visto como un exceso. De ahí en más, ocurrieron varias cosas. La primera, inmediata, fue la del 23 de noviembre de 2025. En el Gigante de Arroyito se enfrentaron, como ayer, Central y Estudiantes de La Plata, es decir, el club presidido por quien agradeció la gestión de Tapia y Toviggino en 2023, cuando consiguió la Copa de la Liga Profesional de ese año y el club de quien es el más encarnizado opositor a esta conducción afista, Juan Sebastián Verón. La AFA, en otra medida equivocada y falta de timming, obligó a Estudiantes a hacerle un recibimiento con honores al flamante ganador de la Tabla Anual del fútbol argentino. En general, aquí y en el mundo, esas actitudes provienen de un gesto de cortesía, no de una disposición de un ente superior. En este caso, se juntó todo: la tan cuestionada entrega de la copa en la oficina de la LPF, la rivalidad Verón – Tapia y la obligatoriedad de algo que debería ser, cuanto menos, optativo y cortés. Estudiantes hizo el pasillo de recepción con sus jugadores de espalda a los de Central que ingresaban al campo de juego orgullosos del logro, trofeo en mano, con el estadio explotado y feliz. Esa imagen de los futbolistas de Estudiantes de espalda a sus colegas de Central recorrió el mundo. Central no lo perdonó nunca y Estudiantes jamás bajó el pie del acelerador. Siempre habló de protesta contra la AFA, pero los futbolistas rosarinos lo tomaron como una afrenta hacia ellos y eso estuvo claro desde la conferencia de prensa previa al enfrentamiento por la Supercopa Internacional, una de las ocho estrellas en juego que anualmente tiene y tendrá el fútbol vernáculo. Marco Rubén e Ignacio Ovando hablaron de aquel evento con enojo, Leandro González Pérez apenas esbozó una defensa sin demasiada convicción. Como eslabón final de esta cadena de rencores y en medio de la batalla entre dirigentes afines y opositores, el 31 de mayo de 2026 Estudiantes eliminó a Rosario Central en 32avos de final de la Copa Argentina con un contundente 3-0, en el estadio Mario Kempes, de Córdoba. La Supercopa Internacional (disputada entre el ganador de la Tabla Anual 2025 y el ganador del Trofeo de Campeones del mismo año) está metida en el calendario del año en el fútbol argentino porque fue pensada para otra cosa. Eran tiempos de un Racing gobernado por Víctor Blanco, presidente muy cercano a Claudio Tapia y propulsor de esta idea. Pensaron en llevar estos enfrentamientos al mundo árabe —símil Supercopa de Italia— y hacer un gran negocio con sponsors importantes. Nada de esto ocurrió. La trajeron a Paraguay y terminó en Santiago del Estero. Otro “round” Central- Estudiantes Aquí hay otro episodio que engrosa la flamante rivalidad entre Central y Estudiantes. La fecha establecida para la disputa de la Supercopa Internacional 2026 era el 18 de marzo, en Asunción del Paraguay. Posteriormente, se postergó para la segunda mitad del año y, allá por mayo, se determinó que se llevara a cabo el 26 de septiembre en Santiago del Estero. Pero Di María se desgarró a comienzos de marzo y el 10 de ese mes, todavía no se confirmaba postergación o realización. Finalmente, se corrió la fecha y se cambió la sede. En Estudiantes sospechan que hubo una movida de Central para no jugarla en ese tiempo por la lesión de Di María y porque tenía el comienzo de su participación en la Conmebol Libertadores en ciernes. El partido de ayer se vivió con mucha tensión. Hubo 40 micros con hinchas de Estudiantes que fueron detenidos por Gendarmería Nacional en el ingreso a Santiago del Estero y sus ocupantes fueron muy maltratados durante un lapso tan largo, que esos hinchas recién llegaron al estadio Madre de Ciudades en el entretiempo del partido que ya ganaba Central 2-1, con dos goles de Di María, el primero con una pegada excelsa al ángulo izquierdo del arquero Muslera y el otro, tras la ejecución de un penal larga y lógicamente discutido por la gente de Estudiantes. Herrera, Baliño… Todos estos antecedentes jugaron este sábado y fueron la llave del escándalo. La AFA designó a Darío Herrera como árbitro y a Jorge Baliño como VAR, dos jueces que dan poca garantía de equilibrio e idoneidad. Ni siquiera vale el hecho de que Herrera estuvo en el Mundial 2026. Esas designaciones están más referidas a política y relaciones que a la capacidad. Herrera cometió muchos errores y, casi todos, perjudicaron a Estudiantes. El presidente pincha, Sebastián Verón, aplaudía irónicamente en el palco y, al final, entró al campo a insultar a Herrera, mientras en el túnel de salida muchos jugadores de Central y Estudiantes se tomaron a golpes. Fue un escándalo que, seguramente, traerá sanciones importantes. Aquel mal timming de la AFA en la entrega de una copa que nadie tenía en los planes (ni siquiera Central) trajo muchos coletazos. No solo pasó todo esto que contamos en el plano futbolístico, sino también en el político-judicial. Sabido es que el gobierno de Javier Milei quiere quedarse con la AFA e impulsar el advenimiento de las SAD. El obstáculo para ese objetivo es, primero, el estatuto de la AFA y, después, la filiación peronista de Tapia y el apoyo irrestricto que tiene de la abrumadora mayoría de los clubes. Di María festejando en Santiago del Estero. Fue figura en la caliente final ante Estudiantes. Entre el 1ro de diciembre de 2025 y el 31de enero de 2026 (apenas unos días después de ocurrido el evento de la entrega del trofeo a Central), seguramente por la pérdida de popularidad de Tapia por ese hecho y la decisión de la AFA de darle la televisación del ascenso a una plataforma propia y sacarlo de TyC Sports (cuyo management aún tenía el Grupo clarín), los diarios Clarín y La Nación le dedicaron un total de 241 títulos de tapa al presidente de la AFA y a Pablo Toviggino entre las versiones de papel y digital, vinculados a acusaciones, investigaciones y causas judiciales que, hasta ahora, no prosperaron. El tema continuó por algunos meses más hasta agotarse, al menos por ahora. El único que compró una idea del Gobierno Nacional en este sentido fue, justamente, Juan Sebastián Verón, cuando se unió (o al menos intentó hacerlo) a un empresario estadounidense precedido de discutibles antecedentes llamado Foster Gillett, de quien ya hablamos en estas columnas. Fue presentado por Milei y Guillermo Tofoni como el salvador económico del fútbol argentino a través de Estudiantes y terminó en Uruguay fundiendo y descendiendo a tercera con Rampla Juniors. Verón compró esta idea, algunos hinchas de Estudiantes siguieron a Verón como si éste fuera El Flautista de Hamelin, pero otros dudaron mucho de la supuesta billetera generosa del advenedizo. Verón estaba convencido, pero dudaba sobre si la unión comercial pasaría el filtro de la Comisión Directiva. No llegó hasta ahí. Foster Gillett se esfumó bastante antes. Las dudas de Scaloni Milei se encolumnó detrás de Verón después de esto. Todo el espectro libertario tiene como objetivo lograr que el presidente de la AFA sea Verón o alguien del palo y no Tapia. El presidente de Estudiantes —a quien Néstor Kirchner le destrabó el impedimento que tenía para empezar a construir el nuevo estadio y Estela de Carlotto visitaba a menudo en el club mientras su salud se lo permitió— trata de zafar de ese pegoteo. En este estado de polarización brutal, es muy complicado estar en una posición intermedia o no tan extrema, al menos, que es lo que pretende el presidente pincha. Central le ganó a Estudiantes 3 a 1 en la final y es una pena que esto sea lo que haya quedado de lado. El partido traía consigo una historia de rencores y desamores que cualquier otra cosa pasaba a segundo plano. Fue una historia que uno podría haber escrito antes. Ocurrió tal cual lo pensábamos. Se completó con Tapia negándose a entregando las medallas del segundo lugar a Estudiantes, con Estudiantes y Verón aplaudiendo irónicamente la premiación a los jueces y con un final acorde con los antecedentes. Esta historia continuará…

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