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10 libros para regalar en el Día del Niño: historias para cada edad y tipo de lector

Si el libro está recuperando un lugar preponderante -o más bien, para que siga ocupando un lugar preponderante-, lo primero, es que esté presente, que exista esa posibilidad de tenerlo a mano, que sea una opción ante la pregunta de qué puedo hacer, que haya lecturas compartidas, alguna de esas rutinas de irse a dormir con un libro. El placer de leer, antes de ser una realidad concreta, a veces empieza por el oído.
Mucho antes de aprender a juntar letras, escuchamos historias. Reconocemos voces, anticipamos finales, pedimos que nos lean el mismo cuento una y otra vez. En ese territorio empieza también la formación de un lector.Por eso, elegir un libro infantil no debería reducirse a buscar qué le “enseña” o qué habilidad desarrolla. También importa qué curiosidad despierta, qué conversación puede abrir, qué imágenes quedan dando vueltas después de cerrar sus páginas. Para la celebración de mañana, reunimos diez propuestas muy diferentes —para distintas edades y momentos de lectura— que tienen algo en común: pueden convertirse en una puerta de entrada, o en una invitación a seguir entrando, a ese territorio inagotable que es la literatura
En la librería Lecton (Foto: Cecilia Maletti).
Esta selección reúne diez propuestas muy diferentes: clásicos de la literatura infantil, libros álbum, novelas gráficas, historias que recuperan episodios de la historia argentina y otras que se ocupan de cuestiones absolutamente contemporáneas, como la llegada del primer celular. Hay animales, monstruos, brujas, superhéroes, palabras que se convierten en dibujos y hasta una vaca que recorre Humahuaca. También hay lugar para una autora de General Roca, Mariana Rizzuto, cuyo libro propone jugar con el lenguaje a través de los caligramas.
No es un ranking ni una lista de “los mejores”. Son diez posibilidades para elegir según cada lector. Porque quizás de eso se trate también regalar libros: de encontrar esa historia que, entre tantas otras, parece haber estado esperando justamente a ese niño.
1.- El circo de Joaquín, de Pablo Bernasconi, (La Brujita de Papel)
Joaquín construye un circo con cajas, tuercas, zapatos y “mucho de todo y nada”. Por allí desfilan un presentador despistado, un malabarista torpe, una bailarina hipnótica, un mago misterioso y hasta un león giratorio. Entre piruetas imposibles, artistas extraordinarios y un gato escurridizo, la función está a punto de comenzar.
Escrito en rima y con letra de imprenta mayúscula, el libro propone un juego entre palabras, objetos e imágenes que resulta especialmente atractivo para los primeros lectores. Pablo Bernasconi construye un universo visual en el que los objetos, los materiales y las palabras parecen cobrar una vida propia. La tapa ya funciona como una invitación: un personaje construido a partir de piezas, texturas y objetos cotidianos anuncia el tono lúdico del libro. Bernasconi, uno de los grandes nombres de la ilustración argentina, propone una experiencia en la que mirar es tan importante como leer.
2.- El lobo que se cayó de un libro, de Thierry Robberecht y Grégoire Mabire (Editorial Ume)
¿Qué pasa cuando un lobo terrible sale de su propio libro y aparece en la habitación de una niña? Acostumbrado a ser el personaje que da miedo, el lobo descubre que fuera de sus páginas las reglas cambian: allí está Zoé y, sobre todo, está el gato, que le recuerda que ese ya no es su territorio. Asustado, el lobo intentará regresar a su libro.
Una historia que juega con los límites entre ficción y realidad y que, con humor, cambia el punto de vista sobre uno de los personajes más clásicos de los cuentos infantiles: esta vez, el lobo también puede tener miedo. Una propuesta especialmente atractiva para quienes disfrutan de las historias que rompen las fronteras entre realidad y ficción y que, de paso, recuerdan que leer también puede ser una aventura.
“La vaca de Humahuaca”, de María Elena Walsh, ilustrado por Krysthoper Woods (Alfaguara)
Un clásico que no necesita demasiadas explicaciones. La vaca de Humahuaca recupera una de las canciones más conocidas de María Elena Walsh y la lleva nuevamente al territorio del libro ilustrado. La historia de la vaca que quiso estudiar y terminó convertida en una celebridad pertenece ya a la memoria de varias generaciones de lectores argentinos.
Las ilustraciones de Krysthoper Woods le dan una nueva dimensión visual a ese universo disparatado, donde los animales pueden hacer cosas extraordinarias y el humor se mezcla con el juego de las palabras. Una oportunidad para que una nueva generación conozca a Walsh y para que los adultos vuelvan, junto a los chicos, a una historia que probablemente recuerden de memoria.
4.- La elefanta, de Jungyeon Kang y Lilia
Una elefanta duerme tranquilamente en el bosque, pero tiene un pequeño problema: una trompa demasiado larga. Tanto, que los animales del lugar empiezan a confundirla con toda clase de cosas: los topos creen que es un jarrón, las mariposas una flor y otros animales aprovechan su superficie suave y esponjosa para jugar, leer o hacer sus tareas. Todo parece marchar bien hasta que la elefanta estornuda y provoca una verdadera revolución. Una historia llena de humor y color que invita a mirar lo cotidiano desde una perspectiva inesperada. Recomendado a partir de 4 años.
5.- Influencio versus Fomo. Mi primer celular, de Melina Knoll, ilustrado por Mey (Pequeño Editor)
Hay un momento que muchas familias conocen: el día en que llega el primer celular. En esta novela, César espera durante un año ese regalo que imagina como la solución para dejar de sentirse afuera. Pero cuando finalmente tiene el teléfono aparecen también las notificaciones permanentes, los desafíos virales, los problemas para dormir y un supuesto amigo de un videojuego que no es quien dice ser. Sobre esa trama se instalan los dos personajes que le dan título al libro.
Fomo, la hechicera del miedo a perderse algo, es esa fuerza que hace imposible apagar la pantalla -para los chicos y para nosotros-. Influencio, su contracara, es un educador digital que aparece cuando en una casa llega el primer teléfono. Entre los dos se juega una pelea que cualquiera va a reconocer como propia, tenga nueve años o cuarenta. La historia evita convertir el libro en un sermón sobre el uso de las pantallas. En cambio, propone que César construya junto con su familia un acuerdo digital. El libro aborda además los riesgos de los contactos virtuales y fue realizado con la colaboración y lectura crítica de Chicos.net. La propuesta inaugura la colección Pequeño Editor Novela, que combina prosa y tiras de historieta.
6.- La Bruja Lechuza, de Myriam Dahman y Nicolas Digard, ilustrado por Júlia Sardà (Pípala)
Una mujer solitaria vive en lo alto de un acantilado hasta que debe enfrentarse al temido señor del mar para salvar a otra mujer. Así comienza La Bruja Lechuza, tercera entrega de una serie de cuentos de hadas que incluye El secreto del lobo y Leina y el Señor del Bosque.
Las ilustraciones de Júlia Sardà tienen un papel central en esta historia de atmósfera oscura y marcada potencia poética. El relato recupera elementos del cuento tradicional -el bosque, los seres misteriosos, el peligro, la prueba que debe atravesarse-, pero los desplaza hacia una historia donde aparecen con fuerza la empatía, la solidaridad y la posibilidad de enfrentarse juntos a aquello que parece invencible.
7.- Sereno, de Luciano Vecchio (Muchas Nueces)
¿Es posible imaginar un superhéroe sin repetir exactamente las historias de superhéroes que ya conocemos? Sereno lo intenta desde una perspectiva sensible y transformadora. La novela gráfica está ambientada en Nueva Teia, una utopía futurista donde Sereno, el Paladín de la Luz, debe enfrentarse a adversarios nacidos de las sombras y de las pesadillas urbanas.
Luciano Vecchio construye así una aventura que toma elementos reconocibles del género -el héroe, los enemigos, la ciudad, la lucha contra el mal- para explorar otras formas de heroísmo. Una alternativa especialmente interesante para lectores que ya se acercan a la novela gráfica y disfrutan de los mundos de superhéroes, pero también buscan personajes y conflictos diferentes.
8.- La plaza y los monstruos, de Mario Méndez, ilustrado por RoMa (Gerbera)
¿Cómo contarles a los chicos uno de los episodios más oscuros de la historia argentina? La plaza y los monstruos lo hace desde la mirada de un niño que no quiere ir a una excursión escolar. A partir de esa perspectiva, Mario Méndez reconstruye el bombardeo de Plaza de Mayo de 1955 sin perder de vista la experiencia infantil frente a un acontecimiento que resulta difícil de comprender.
Las ilustraciones de RoMa acompañan el texto en una edición que recupera visualmente la forma de un cuaderno de época. Además, está impreso con una tipografía especialmente diseñada para lectores con dislexia. Un libro que puede abrir una conversación sobre la historia y sobre aquello que ocurre cuando la violencia irrumpe en la vida cotidiana.
9.- La niña que no sabía dibujar, de Anne Goscinny, ilustrado por Emmanuel Guibert (Libros del Zorzal)
A veces los adultos creemos saber cuál es la mejor manera de expresar lo que sentimos. En La niña que no sabía dibujar, esa certeza se pone en cuestión. La protagonista recibe consignas habituales: dibujar para agradecer un regalo, para expresar sus emociones o incluso para atravesar un momento de duelo.
El problema es que ella no sabe -o no puede- dibujar aquello que los adultos esperan. Anne Goscinny construye a partir de esa dificultad una historia sobre la imaginación y sobre las distintas maneras que tenemos de expresar lo que nos pasa. Las ilustraciones de Emmanuel Guibert acompañan esta reflexión sobre la infancia y sobre la necesidad de aceptar que no todos sentimos, pensamos ni nos expresamos de la misma manera.
10.- Caligramas, de Mariana Rizzuto (Dos Golondrinas)
¿Qué pasa cuando las palabras dejan de ocupar la página solamente en líneas y comienzan a formar dibujos? Eso son, justamente, los caligramas: textos o poemas cuyas palabras se disponen de manera que su forma visual representa aquello que están diciendo. En Caligramas, Mariana Rizzuto propone a los lectores descubrir ese juego entre palabra e imagen y, además, animarse a crear sus propias composiciones.
El libro incluye caligramas y propuestas de escritura y convierte la lectura en una experiencia activa: mirar, jugar, escribir, cortar, ordenar y volver a mirar.
La propuesta tiene además un valor especial para los lectores de la región: Rizzuto es autora, docente e impulsora de proyectos de literatura para las infancias y reside en General Roca. (Disponible a través de la web https://yzurlibros.com/)





