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La producción de petróleo de la OPEP se desplomó un 27,5% por la guerra en Medio Oriente
La guerra en Medio Oriente ya está dejando profundas cicatrices en el mercado energético global. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) confirmó este lunes que su producción de crudo se derrumbó casi 8 millones de barriles diarios (mbd) durante el mes de marzo, lo que representa una caída del 27,5% respecto a los volúmenes extraídos en febrero.
El drástico recorte es una consecuencia directa del inicio de los ataques a Irán -lideradas por Estados Unidos e Israel desde el 28 de febrero- y del estricto bloqueo impuesto en el estratégico estrecho de Ormuz.
Según el informe mensual del organismo, elaborado a partir de cálculos de diversos institutos independientes y consignado por la agencia EFE, el impacto en el primer mes de la guerra fue devastador para las arcas de los principales proveedores mundiales.
El documento señala que «los acontecimientos al este de Suez» causaron caídas drásticas en los suministros de las naciones del Golfo Pérsico. De hecho, las refinerías mundiales registraron en marzo su mayor descenso de procesamiento mensual desde abril de 2020, en plena parálisis por la pandemia de coronavirus.
Los países más golpeados por el bloqueo en el estrecho de Ormuz
La parálisis logística y los ataques a la infraestructura petrolera reconfiguraron el mapa de los grandes exportadores. Según los datos revelados, Irak fue la nación más afectada por la crisis, al hundir sus extracciones hasta los 1,62 mbd (2,5 mbd menos que en el mes anterior). Por su parte, Kuwait vio su producción reducida a menos de la mitad, pasando de 2,58 a apenas 1,21 mbd.
Los gigantes del cartel tampoco salieron ilesos: Arabia Saudita dejó de suministrar unos 2,3 millones de barriles diarios (cayendo de 10,1 mbd a 7,8 mbd), mientras que los Emiratos Árabes Unidos restaron 1,5 mbd a su oferta global (bajando de 3,4 a 1,9 mbd).
Paradójicamente, la pérdida de barriles iraníes fue mucho menor, cifrada en apenas 0,18 mbd. En el otro extremo, Venezuela y Nigeria fueron los únicos miembros de la OPEP que lograron aumentar levemente su producción (0,79 mbd y 0,22 mbd, respectivamente) en medio del caos de Medio Oriente.
En términos generales, si se contabiliza al conjunto de la OPEP+ (que incluye a Rusia y a otros diez países aliados), el bombeo total bajó de 42,75 a 35 mbd. Se trata de la segunda mayor reducción en la historia del grupo, solo superada por el freno voluntario aplicado en 2020 por la crisis del COVID-19.
La OPEP alerta por el encarecimiento de los combustibles
La dramática caída en la oferta internacional -la producción del conjunto de la OPEP pasó de 28,6 mbd a 20,7 mbd en un mes- tuvo un correlato inmediato en las pizarras internacionales. La canasta de 12 calidades de crudo que utiliza la OPEP como referencia reflejó fuertes aumentosy tocó un pico alarmante de 146 dólares el 19 de marzo. El valor promedio mensual se ubicó en los 116 dólares, unos 48 dólares por encima de la media de febrero.
Cabe destacar que el actual reporte mensual no incluye los datos correspondientes a abril, ni las potenciales implicancias del frágil alto el fuego o las recientes maniobras de Estados Unidos para bloquear la salida de buques desde los puertos iraníes.
Pese a este escenario de extrema turbulencia, la OPEP optó por mantener sin cambios sus proyecciones sobre el crecimiento de la economía mundial (3,1% en 2026 y 3,2% en 2027) y sobre el aumento de la demanda global de «oro negro».
Sin embargo, de cara al corto plazo, el cartel petrolero encendió las alarmas de los consumidores. El organismo admitió que se espera una exacerbación de la crisis debido al inminente aumento estacional de la demanda por la temporada de vacaciones de verano en el hemisferio norte. Esta combinación de escasez y alta demanda derivará inevitablemente en un mayor encarecimiento de la gasolina, el diésel y el queroseno utilizado por las aerolíneas en todo el planeta.
Política
Plantas resistentes al frío: cinco especies fáciles de cuidar que sobreviven al invierno sin problemas
A medida que bajan las temperaturas, la vida en las plantas también cambia. Muchas especies tropicales o de climas cálidos sufren con el frío, pierden hojas o incluso mueren si no se protegen. Sin embargo, existen variedades que resisten perfectamente las bajas temperaturas y que, además, son muy fáciles de cuidar.
Si querés seguir disfrutando del verde en otoño e invierno, sin preocuparte demasiado por el riego o la exposición al sol, estas plantas son opciones ideales para vos. Son resistentes, adaptables y muy decorativas, perfectas tanto para jardines como para interiores bien iluminados.
Lavanda: aroma y resistencia todo el año
La lavanda no solo es famosa por su perfume relajante: también es una de las plantas que mejor resiste el frío. Aunque prefiere los climas templados, soporta temperaturas bajas y sigue floreciendo si tiene buen drenaje y algunas horas de sol al día.
Además, sus flores secas se pueden usar para preparar saquitos aromáticos, infusiones o baños relajantes. Una planta que cuida la casa y el ánimo a la vez.
Clave de cuidado: regar poco en otoño e invierno, solo cuando la tierra esté completamente seca. Evitar que sus raíces permanezcan encharcadas.
Romero: un clásico que se fortalece en el frío
El romero es otra aromática rústica que tolera muy bien el clima fresco. Su porte leñoso y su estructura fuerte le permiten sobrevivir a heladas suaves y a vientos fríos. Además, sigue siendo una fuente de hojas aromáticas para cocinar todo el año.
El romero es tan adaptable que puede cultivarse en macetas grandes, en jardines o directamente en el suelo. Con mínimos cuidados, puede vivir varios años en el mismo lugar.
Clave de cuidado: ubicarlo en un lugar soleado y no excederse con el riego. Le gustan los suelos secos y aireados.
Crisantemos: color en los días grises
Los crisantemos son una excelente opción para quienes buscan flores resistentes al frío. De hecho, su temporada natural de floración comienza en el otoño, cuando otras plantas ya están marchitas.
Vienen en múltiples colores y formas, y pueden iluminar patios, balcones o canteros incluso en días grises. Son muy valorados por su larga duración y su capacidad de florecer en temperaturas bajas.
Clave de cuidado: ubicar en lugares con luz indirecta brillante, regar moderadamente y cortar las flores marchitas para estimular nuevas floraciones.
Cactus: fuerza y supervivencia
Aunque muchos cactus se asocian a climas cálidos, varias especies soportan el frío sin problemas, siempre que estén protegidos del exceso de humedad. Son ideales para interiores luminosos, terrazas techadas o espacios donde no reciban lluvias directas.
Los cactus son casi indestructibles si se respeta su necesidad básica: poca agua y buen drenaje.
Clave de cuidado: regar solo cuando el sustrato esté completamente seco y reducir al mínimo el riego en invierno.
Cyclamen: una joya para interiores frescos
El cyclamen es una planta que ama el clima fresco. De hecho, sufre más con el calor que con el frío. Florece en otoño e invierno, llenando los ambientes de tonos vibrantes como rosados, violetas, blancos o rojos.
Es ideal para decorar interiores, siempre que se ubique en lugares bien iluminados pero frescos, lejos de calefactores o corrientes de aire caliente.
Clave de cuidado: regar desde abajo (colocando agua en el plato de la maceta) para no mojar las hojas. Mantener el sustrato húmedo, pero no encharcado.
El secreto: elegir las plantas adecuadas para cada estación
El otoño no tiene por qué ser una estación gris. Con las especies adecuadas, podés seguir disfrutando de la belleza y los beneficios de las plantas durante todo el año. Elegir variedades resistentes al frío no solo facilita el cuidado: también ayuda a crear ambientes más vivos, saludables y armoniosos.
Adaptar el jardín o los espacios interiores a cada estación es una forma de conectar con el ritmo natural de la vida, acompañando los cambios en lugar de resistirlos.
Política
Cuándo conviene viajar al Salto Ángel: la mejor época para ver la cascada más alta del mundo en máximo esplendor
En el corazón de la selva venezolana, el imponente Salto Ángel no solo sorprende por su altura —es la más alta del planeta— sino también por cómo cambia a lo largo del año. Elegir bien la fecha del viaje no es un detalle menor: puede definir por completo la experiencia.
Ubicado dentro del Parque Nacional Canaima, este salto natural depende directamente del clima tropical de la región. Lluvias, caudal de agua y visibilidad son factores clave que determinan qué tan impactante será la visita.
Elegir bien la época del viaje puede marcar la diferencia entre verlo o no. Foto: Diario Río Negro.
Temporada de lluvias: la mejor época para viajar
Entre mayo y noviembre se da el período más recomendado para conocer el Salto Ángel. Es la temporada de lluvias en la región y eso se traduce en un caudal de agua mucho más abundante.
Rodeado de selva y tepuyes, el paisaje cambia según la época del año. Foto: Diario Río Negro.
En estos meses, la cascada muestra su versión más espectacular, una caída continua, potente y visible desde varios puntos. Además, los ríos crecen, lo que facilita la navegación en curiaras —las canoas indígenas— y permite completar el recorrido hasta la base del salto.
Para quienes buscan la clásica postal de la cascada en todo su esplendor, esta es sin dudas la mejor época.
Temporada seca: una experiencia distinta
Entre diciembre y marzo, en cambio, el panorama cambia. Las lluvias disminuyen y el caudal del salto baja considerablemente. En algunos casos, incluso puede fragmentarse o perder fuerza, lo que impacta en la experiencia visual.
A esto se suma que los ríos tienen menor profundidad, lo que puede dificultar o limitar el acceso en lancha. Algunos recorridos directamente no se realizan, dependiendo de las condiciones.
Entre nubes y vegetación, el salto puede aparecer y desaparecer en cuestión de minutos. Foto: Diario Río Negro.
Sin embargo, no todo es negativo: durante la estación seca hay menos lluvias, lo que puede ofrecer cielos más despejados en ciertos días. Aunque, paradójicamente, la niebla también puede jugar en contra y ocultar el salto.
Un factor impredecible: el clima
Más allá de las estaciones, hay un elemento que no se puede controlar: la visibilidad. El Salto Ángel suele estar rodeado de nubes y neblina, lo que en ocasiones impide verlo con claridad, incluso en temporada alta.
Por eso, muchos viajeros recomiendan permanecer varios días en la zona para aumentar las chances de disfrutarlo en todo su esplendor.
Entonces, ¿cuándo ir?
Si el objetivo es ver la cascada en su máximo caudal y vivir la experiencia completa —incluyendo navegación y caminatas hasta miradores—, la mejor opción es viajar entre mayo y noviembre.
En cambio, si se prioriza evitar lluvias intensas o buscar una experiencia más tranquila (aunque menos impactante), los meses de verano pueden ser una alternativa.
La navegación hasta la base del salto es más accesible cuando crecen los ríos en época de lluvias. Foto: Diario Río Negro.
Viajar al Salto Ángel no es como cualquier otro destino. No solo implica logística, costos y planificación, sino también entender que la naturaleza marca el ritmo. Elegir bien la época del año puede hacer la diferencia entre ver una de las maravillas naturales más impactantes del mundo… o apenas intuirla entre la niebla.
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