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Volver sin haber ido: la historia de un neuquino que corrió en Malvinas y revivió el ’82



Este 2 de abril, la historia de un atleta neuquino que corrió en Malvinas revive la memoria, las emociones y las tensiones que todavía persisten en las islas.

Puerto Argentino, Islas Malvinas. Foto: Gentileza

Hay fechas que no pasan, que vuelven cada año con el mismo peso, con la misma carga emocional. El 2 de abril es una de ellas. En Argentina, Malvinas no es solo memoria: es identidad, es herida, es historia viva. Y para algunos, además, es experiencia personal.

Rodolfo Morales lo sabe bien. El atleta de Villa La Angostura, decidió este año correr una maratón en las Islas Malvinas. No lo hizo como un gesto deportivo más, sino como una forma de conectar con una parte de su vida que, aunque no lo llevó al frente de combate, lo marcó para siempre.

“Yo no soy veterano de Malvinas, sino que estuve en el Teatro de Operaciones, estuve en Río Gallegos”, aclara, con precisión casi quirúrgica. Esa distinción, lejos de ser un detalle, revela el respeto con el que aborda el tema: “Me considero parte de la historia de Malvinas, para mí es todo«.

Su viaje a las islas llegó cuatro décadas después, impulsado por sus hijos y sostenido a pulmón. “Fui a correr la modalidad de 42 kilómetros ahí, a Puerto Argentino”, cuenta. Pero la carrera, en realidad, fue otra. Una interna, silenciosa, cargada de recuerdos y preguntas. “Fue la primera vez que pisé Malvinas… es algo que me llena el alma, me emociona, mucho sentimiento”, describe.

La experiencia no estuvo exenta de contrastes. Morales se encontró con un territorio atravesado por tensiones que todavía persisten. “Bienvenido, lógicamente que los argentinos no somos bienvenidos… el decir argentino ya implica una cosa como que te dejan un poquito de lado”, relata.

En ese contexto, incluso los símbolos se vuelven límites. “Vestir una camiseta que diga Argentina, menos si tiene una bandera… está prohibido. La chica que ganó en la clasificación femenina es compatriota nuestra; cuando llegó a la meta en su festejó gritó ‘Argentina’ y tuvo problemas, después le cortaron el video”, señala. Detalles que, lejos de ser anecdóticos, hablan de una realidad que sigue marcando distancia entre la historia y el presente.

A días de un nuevo 2 de abril, su testimonio adquiere otro peso. Porque no se trata solo de recordar, sino de entender que Malvinas sigue siendo una experiencia abierta. Una que atraviesa generaciones, geografías y formas de vivirla. Para Morales, esa conexión se dio corriendo. Para otros, llegará de otra manera. Pero siempre vuelve. Siempre está.