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La peor noticia para Agustín Marchesín sobre su lesión

El arquero de Boca cayó sobre su rodilla derecha a los 8 minutos de comenzado el partido contra Barcelona de Ecuador por la Copa Libertadores.
El llanto del arquero de Boca al momento de lesionarse y el consuelo de su compañero y capitán del equipo, Leandro Paredes, preanunciaban la gravedad que se confirmó en la mañana de este miércoles. Foto: NA
La noche prometía ser una celebración en La Bombonera. Bajo sus luces, con el pulso de la Copa Libertadores latiendo fuerte, Boca Juniors construía una victoria que parecía encaminarse sin sobresaltos frente a Barcelona de Ecuador. Pero el fútbol, a veces, escribe sus capítulos más intensos en clave de dolor.
Apenas ocho minutos habían pasado cuando el destino interrumpió la escena. Agustín Marchesín, guardián del arco y de tantas certezas, intentó reacomodarse tras un rebote. El césped, traicionero, lo empujó a un gesto mínimo que terminó siendo definitivo. Su rodilla derecha cedió, y con ella, el alma de una noche que se quebró de golpe.
El silencio fue inmediato, denso, casi irrespirable. Marchesín quedó tendido, atrapado entre el dolor físico y la angustia. Se retiró en camilla, con lágrimas que decían más que cualquier diagnóstico. En las tribunas, la fiesta se volvió preocupación; en el banco, la incertidumbre empezó a ganar terreno.
Horas más tarde, la confirmación llegó como un golpe seco: rotura de ligamentos cruzados en la rodilla derecha. Una lesión que no solo detiene el cuerpo, sino que obliga a detener el tiempo. En los próximos días será intervenido quirúrgicamente por Jorge Batista, referente en este tipo de intervenciones y pieza clave del cuerpo médico del club.
El camino de regreso será largo. Ocho meses de recuperación, de trabajo silencioso, de batallas invisibles lejos del ruido de la cancha. Marchesín no solo se perderá lo que resta de la fase de grupos de la Libertadores —donde Boca comparte horizonte con Universidad Católica y Cruzeiro— sino también buena parte de la temporada local. El regreso, si todo sigue su curso, quedará reservado para una nueva ilusión: la pretemporada de 2027.
Para Boca, la ausencia abre un interrogante profundo. En medio de la exigencia de la doble competencia, el arco queda en manos de quienes deberán sostener la historia: Leandro Brey y Javier García. Mientras tanto, el club evalúa si buscará una solución de urgencia o confiará en lo que ya tiene.
Pero más allá de las decisiones, hay algo que queda suspendido en el aire: la imagen de Marchesín saliendo entre lágrimas, como símbolo de esas noches donde el fútbol recuerda que, incluso en la victoria, también se aprende a resistir.