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El lado B de la NBA: Luis Scola reveló las exigencias físicas y el costo del retiro

El ícono de la Generación Dorada pasó por «Otro día perdido» y habló de la realidad del básquet de elite, desde el desgaste calórico por partido hasta los sacrificios personales que marcaron su juventud.Luis Scola reflexionó en el programa de Pergolini sobre los mitos y verdades del básquet profesional en Estados Unidos.
Luis Scola es, sin lugar a dudas, uno de los deportistas más lúcidos a la hora de analizar el juego y el contexto que lo rodea. Durante su reciente paso por el ciclo Otro día perdido (El Trece), el integrante histórico de la Generación Dorada mantuvo una charla profunda con Mario Pergolini donde dejó de lado los flashes de las medallas para enfocarse en el costo humano de la competencia de alto rendimiento. En un repaso que fue desde sus inicios en el básquet hasta su vida post-retiro, Scola puso en perspectiva lo que significa vivir 20 años dentro de la élite mundial.Al ser consultado sobre si los sacrificios de su adolescencia, como haberse perdido el viaje de egresados para priorizar su carrera, habían valido la pena, «Luifa» fue contundente. Lejos de cualquier lamento, aseguró que si pudiera vivir su vida 20 veces, volvería a elegir el básquet en cada una de ellas. La oportunidad de participar en Mundiales y Juegos Olímpicos le otorgó una «experiencia de vida» que, a su criterio, supera cualquier anécdota escolar.Entre el gasto calórico y el entrenamiento de madrugadaLa conversación derivó inevitablemente en la comparación entre la liga española y la NBA, terreno donde Scola brilló durante años. Según explicó, la diferencia física es abismal: mientras en Europa se disputan dos encuentros semanales, en Estados Unidos el ritmo puede llegar a cinco, lo que obliga al cuerpo a un nivel de exigencia extremo. Para graficarlo, el exjugador reveló que, aunque no existía una medición oficial por cuestiones de privacidad, el gasto energético durante un partido de máxima intensidad oscila entre las 1.000 y las 2.000 calorías, dependiendo siempre de la cantidad de minutos que cada atleta pase en cancha.Más allá del partido en sí, el rigor de la NBA se traslada a los horarios. Scola sorprendió al detallar que el entrenamiento individual es la norma y que la vida de un jugador fuera de la rotación principal puede ser más agotadora que la de un titular. «Si no jugás, tenés que entrenar sí o sí; a veces terminabas trabajando a las dos de la mañana, después del partido», relató.Finalmente, el deportista reflexionó sobre la vida después del retiro, un tema que suele ser un tabú en el ambiente. Aunque reconoció que la NBA ofrece múltiples recursos y herramientas para que los atletas se preparen para el día después, admitió que la transición sigue siendo un proceso «difícil». Para Scola, no importa cuánta preparación se le brinde al jugador, hay una instancia humana y de desapego que, para muchos, termina siendo el obstáculo más complejo de superar.