Connect with us

Ultimas Noticias

Una joya patagónica: la montaña, el glaciar, los ríos y una laguna turquesa


Visitar El Chaltén, en la provincia de Santa Cruz, es encontrarse con esa postal mágica de cuentos y la quiero compartir en esta edición de El Diario de Vanesa. Allí nos recibe el imponente cerro Fitz Roy y toda su majestuosa figura, que nos enmudece el alma.

Pero si nos atrevemos a más y tomamos la Ruta Provincial 41 hacia el norte, bordeando el río de Las Vueltas por unos 37/38 kilómetros —a una velocidad lenta debido al estado del ripio—, vamos a ingresar a la famosa zona del Lago del Desierto.

En un día mágico y soleado podremos ver la cara norte del cerro Chaltén y disfrutar del color imponente del río de Las Vueltas, cruzar puentes y ver cascadas.

Una vez que estamos en la Reserva Provincial Lago del Desierto y pagamos la entrada para su ingreso, vamos a comenzar con un trekking de 4 km de ida y vuelta, que podría demandarnos entre 2 y 3 horas de caminata.

Este mágico sendero comienza en la Estancia Lago del Desierto. Ya adentro, vamos a caminar por un sendero que nos invita a ingresar a un bosque de lengas y coihues, donde me encantó encontrar en esos árboles algunas caritas sonrientes que parecían dibujadas por los visitantes.

Luego, el camino comienza a subir. Es importante recalcar que está todo señalizado y, por momentos, hay algunas sogas que hacen de baranda, facilitando la subida. Son aproximadamente unos 215 metros de desnivel positivo y se llega a una altura máxima cercana a los 725 metros. Estas estimaciones corresponden a la caminata de ida y vuelta.

Durante el recorrido nos acompañan varias cascadas que nos invitan a desviarnos para sacar fotos… allí todo es mágico.

Me habían contado que podía llegar a ver huemules, pero no he podido ser testigo de esta maravilla. Aun así, estaba expectante por su presencia.

Para llegar y poder ver el glaciar Huemul y su lago de color intenso —por momentos verde esmeralda o azulado—, primero debía completar un último ascenso empinado. Sabía que ese esfuerzo tendría su recompensa… y así fue. De repente, el camino se abre y nos impacta la laguna con su color turquesa intenso.

Me emocioné. Qué maravilla lo que veían mis ojos: el glaciar Huemul allí, colgando entre las montañas… el entorno… todo parecía salido de un cuento. Y yo estaba allí, siendo parte de esa maravilla de la naturaleza. Así fue que me animé a seguir caminando por un sendero lateral que sube por la cresta, del lado este del lago, donde logré captar unas vistas increíbles.

Visitar el glaciar Huemul es una experiencia sensorial difícil de describir. No es una caminata difícil, pero sí tiene pendiente, lo que hace que el esfuerzo valga completamente la pena: la recompensa final es increíble.

Este lugar es ideal para quienes buscan paz, lejos de las multitudes de los senderos principales.

Aquí les dejo mi experiencia y les aseguro que el glaciar Huemul es el secreto mejor guardado del Lago del Desierto: un gigante dormido que nos regala su reflejo turquesa para recordarnos que las mejores recompensas de la vida están siempre un poco más arriba, donde el silencio manda.

Así fue que bajé la montaña con las piernas algo cansadas, pero con los ojos llenos de ese azul turquesa que quedó grabado en mi memoria mucho tiempo después de haber regresado a casa.

Pero faltaba la frutilla del postre. En mi retorno, detuve mi vehículo y saqué mi reposera para quedarme contemplando esa vista hermosa que me regalaba el imponente Fitz Roy al atardecer. Pero, geminiana inquieta como soy, no me bastó: me subí al techo de mi camioneta y estiré mis manos como queriendo tocarlo, abrazarlo.

Así fue que, una vez más, la Patagonia me recordó lo pequeños que somos y lo inmensa que es la belleza de lo salvaje y natural.

Ahora sí, me fui en silencio, sabiendo que una parte de mi asombro quedó guardada en ese rincón azul del mundo. Y sigo pensando que la Tierra aún guarda tesoros intactos para quienes se atreven a buscarlos.

¡Será hasta el próximo Diario de Vanesa!