Connect with us

Política

Antonella, la niña de Maquinchao que aprendió telar mapuche en tiempo récord


El tejido en telar mapuche esconde una fuerte simbología ya que forma parte de la cultura, la lengua y la espiritualidad. La actividad se mantiene entre muchas mujeres y hombres mapuches que, a su vez, intentan transmitir sus conocimientos a otros. Incluso en las 24 escuelas interculturales de Río Negro se abordan temas como el telar, la platería y la alfarería.

Antonella Hernández se convirtió en la tejedora más joven con solo 11 años. Esta niña oriunda de Maquinchao, ubicada en el corazón de Río Negro, sobre la Ruta Nacional 23, entre el mar y la cordillera, deslumbró con sus diseños en la Fiesta Nacional de la Lana.

Transita sexto grado en la escuela 363, de jornada extendida. Además de participar en talleres de telar mapuche que ofrece la Municipalidad de Maquinchao desde hace tan solo un año, patina, concurre a clases de guitarra y folklore. También le gusta cocinar budines, tortas, fideos y ñoquis.

«Arranqué los talleres de telar cuando tenía 10 años. Por el Instagram vi la Municipalidad abría las inscripciones y le mostré a mi mami. Me preguntó si quería anotarme y le dije que sí», cuenta Antonella al tiempo que reconoce: «No sabía nada, ni cómo iban los hilos».

Antonella elaboró 11 diseños en solo un año. Foto: gentileza

Cuando llegó a la primera clase en la asociación “Sol de Esperanza”, se encontró con mujeres de entre 20 y 60 años que la miraron sorprendidas. «Me veían muy chiquita y me preguntaban qué hacía que no estaba jugando con mis amigas. Yo estaba super entusiasmada», señala.

Antonella heredó la pasión por el tejido de su tía Luciana Contreras. La veía tejer crochet mientras miraba algún programa en la televisión y le pidió que le enseñara. En ese momento, tenía apenas 7 años. «Empecé haciendo carpetitas redondas para poner en la mesa. Ahora busco tutoriales por el celular y hago tulipanes, ositos y hasta una almohada con forma de estrella«, se enorgullece.

Antonella elaboró 11 diseños en solo un año. Foto: gentileza

En telar mapuche, los hilos se urden en un bastidor de madera y se van tejiendo de forma vertical. Lo definen como un arte complejo y «difícil de aprender en solo un año”. Pero Antonella volvió a sorprender: en solo un mes y medio, logró su primer tejido: fue una carpeta de color rosa y blanco. «Gloria (Hueche), mi profesora, venía a verme a cada rato para ver cómo iba. Pensó que al ser tan chiquita, me iba a costar. Pero no. Hice dos diseños lisos y arranqué con los laboreados (con dibujitos)», dice.

El taller se dicta tres veces por semana, de 15 a 18. Antonella concurre a las 16, apenas sale del colegio. «A veces -añade-, llego apurada sin merendar y me están esperando con un tecito. Me encanta tejer. Me gusta eso de estar muy concentrada porque si te equivocás, hay que desarmar«. Durante la Fiesta Nacional de la Lana, Antonella se puso a tejer porque estaba algo aburrida y la gente la observó maravillada. Incluso, le preguntaban si hacía diseños para vender.

Antonella elaboró 11 diseños en solo un año. Foto: gentileza

«El gusto por el tejido lo heredé de mi tía. Mi mamá siempre me dice que tengo mucha paciencia. Yo lo disfruto mucho. Vuelvo del taller y me pongo a tejer en casa. Lo que sea: guantes, medias, carpetas. Incluso le regalé la bandera argentina hecha en telar a mi escuela y la colgaron en la entrada», resalta.

Su profesora sueña con que esta niña la reemplace cuando ella ya no pueda seguir dictando los cursos. Antonella asegura que nunca dejará de tejer porque «es una de las cosas que más disfruta». Y si bien aun no está decidida, cree que una vez que termine el secundario, estudiará para ser farmacéutica o instrumentadora quirúrgica.

Antonella elaboró 11 diseños en solo un año. Foto: gentileza

La «tejedora ancestral»

Los mapuches entienden que cada elemento de la naturaleza tiene un espíritu y energía que lo protege. De ahí, el respeto y cuidado hacia los animales y las plantas. La «Llalliñkushe» o Araña Vieja, conocida como “la tejedora ancestral”, es un símbolo del tejido.

«La simbología del telar lo da la Llalliñkushe, la araña. Tanto hombres como mujeres hacen telar en el mundo mapuche. Así se teje la identidad, la historia. Muchos tejían después de la Conquista para sacar el dolor. Así dejaban escrita la historia, a través de la simbología», explicó Amancay Quintriqueo, lonco de la comunidad Kinxikew.

Antonella elaboró 11 diseños en solo un año. Foto: gentileza

Consideró que, hoy «una niña tan pequeña teja de esta manera es increíble y da esperanza. He ido conociendo a muchos jóvenes que lo hacen porque sus abuelas les han transmitido el conocimiento. Pero en un país tan fundado por el racismo, estas prácticas, a veces, se hacen ocultas. En la casa la transmiten las abuela, pero queda ahí».

Apuntó a que «el conocimiento del telar revalorizara la identidad mapuche. Es reconocer que existe el pueblo mapuche y que tiene un conocimiento que se transmite, a través del telar, la platería, la alfarería, la cerámica«.