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Canelo, el cachorro callejero que viajó de la Patagonia a Jujuy gracias a manos solidarias
Nahir, su dueña no lo puso llevar en avión de vuelta a su provincia y quedó varado en El Calafate, Santa Cruz. Una colecta, un “puente” en Buenos Aires y un reencuentro emocionante.
Una conmovedora historia de relación humana y de vida que conmovió a un pueblo y pudimos colaborar, entre tantas manos solidarias.
Nahir Funes decidió retornar de El Calafate a su hogar en Jujuy, pero la aerolínea no permitió que Canelo, el cachorro que rescató en la Patagonia, pudiera viajar con ella. Con sus ojos vidriosos por un segundo abandono, la vio partir hacia el norte del país. Esa mirada y la desesperación de Nahir hicieron que todo el pueblo iniciara una colecta para ese viaje cruzando el país.
Cuando vi la situación en una publicación de Señal Calafate, me puse en contacto con ella para ofrecerle mi ayuda de corazón y hacer posible que ellos estén juntos. Confieso que desde la partida de mi Jefferson he quedado muy sensible con algunos casos y para mí este fue uno de los puentes más emocionantes en estos 17 años trasladando mascotas .
Hace años que el slogan de mi empresa de traslado de mascotas por todo el país es “Uniendo la Argentina y haciendo a puentes de felicidad”. Y este fue el «puente de felicidad» que hizo posible el reencuentro de Canelo con su dueña.
Realmente la situación desesperada de Nahir me tocó el corazón y desde que le ofrecí mi ayuda nunca se me cruzó cobrar por mis servicios. Sentí que tenía que hacer este puente para que ellos estén juntos.
Y así fue, cuando la solidaridad en El Calafate alcanzó para pagar el vuelo a Buenos Aires, lo esperé allí, en una madrugada que no olvidaré en mi vida. Estuve con Canelo unas horas hasta que por fin, lo pude embarcar hacia Salta, adonde esperaban los brazos ansiosos de Nahir para un reencuentro lleno de vida.
Cómo comenzó la historia de Nahir y Canelo
Él era apenas un cachorro encontrado en la calle. Ella, una joven atravesada por la soledad, viviendo lejos de su familia y buscando, sin saberlo, algo que le devolviera sentido a sus días. Un anuncio en Facebook terminó cruzando sus caminos. Una chica contaba que había encontrado a un perrito abandonado y buscaba a sus dueños. Nahir vio la imagen y sintió algo inmediato. Preguntó si alguien lo había reclamado. La respuesta fue no. Esa misma tarde fue a buscarlo.
“Yo ya venía pensando en adoptar un cachorro porque me sentía muy sola. Necesitaba esa rutina, esa sensación de que alguien dependiera de mí para tener ganas de afrontar la vida”, recordó.
Canelo llegó siendo apenas un bebé. Dormía, comía y buscaba refugio en brazos ajenos después de haber conocido demasiado temprano el abandono. Los primeros días transcurrieron entre veterinarias, medicamentos y cuidados constantes. La desparasitación le provocó malestares y largas noches difíciles, pero también fue el comienzo de un vínculo profundo.
Poco a poco, aquel cachorro tranquilo empezó a mostrar su verdadera personalidad: energía desbordante, travesuras y una alegría imposible de contener. Nahir, casi sin darse cuenta, ya no podía imaginar sus días sin él.
Pero la historia todavía tenía un desafío enorme por delante
La joven tomó la decisión de regresar desde El Calafate al norte del país por cuestiones laborales y económicas. Volver a Jujuy significaba reencontrarse con su familia y recuperar estabilidad. Sin embargo, había algo que tenía claro desde el principio: Canelo debía viajar con ella.
Hizo todos los trámites, reunió certificados, vacunas y requisitos. La aerolínea le había informado que el cachorro podía viajar en cabina si cumplía ciertas condiciones. Todo parecía resuelto hasta llegar al aeropuerto. Allí apareció un detalle que nadie le había explicado: además del peso, existía un límite de altura dentro del canil.
Canelo no podía subir al avión.
“Fue desesperante. Lloré, insistí, ofrecí pagar otro pasaje, pagar un extra o incluso trasladarlo en bodega, pero me dijeron que no había solución”, contó.
De un momento a otro, el viaje que debía ser un nuevo comienzo se transformó en angustia. Nahir no tenía con quién dejarlo. Sentía que abandonar a Canelo era abandonarse a sí misma.
Entonces apareció algo que todavía la emociona al recordarlo: la solidaridad.
Una compañera de trabajo se ofreció a cuidarlo hasta que pudiera reunir el dinero necesario para traerlo. Amigos, conocidos y personas que nunca había visto comenzaron a colaborar. Donaron premios, dinero y ayuda para organizar una rifa solidaria. Poco a poco, el objetivo dejó de parecer imposible.
“Yo sentía que una parte de mí se había quedado en Calafate”, confesó.
Finalmente llegó el día del reencuentro. Después de semanas de trámites, ansiedad y esfuerzo, Canelo aterrizó en Salta. Cuando volvió a verlo, Nahir sintió que algo dentro suyo volvía a completarse.

“Tenerlo conmigo me hace sentir plenamente feliz”
Desde entonces, la rutina cambió para siempre. Los paseos, los juegos, las travesuras y hasta las macanas de cachorro se transformaron en pequeñas escenas de felicidad cotidiana. Porque detrás de cada almohadón roto y de cada recibimiento lleno de saltos hay algo mucho más profundo: la certeza de sentirse acompañada.
Para Nahir, adoptar no fue solamente rescatar a un perro callejero. También fue rescatarse un poco a sí misma.
Por eso, hoy intenta dejar un mensaje para quienes todavía dudan en abrirle la puerta de su casa a un animal abandonado.
“Quizás no cambiás el mundo entero, pero sí cambiás el mundo de ellos”, expresó. “Les das un techo, comida, amor y un lugar donde sentirse seguros”.
Y agrega algo que aprendió atravesando toda esta historia: cuando el amor es verdadero, siempre encuentra la forma de volver a casa.
Lo que nos contó Nahir
¿Cómo apareció Canelo en tu vida?
Canelo apareció en mi vida a través de una publicación de Facebook, donde una chica contaba que lo había encontrado en la calle siendo apenas un bebé y que estaba buscando a sus dueños. Apenas vi la foto, me comuniqué con ella para preguntarle si habían aparecido y, en caso de que no, decirle que yo quería darle un hogar.
Ella me respondió que no habían aparecido los dueños y que no podía tenerlo en su departamento. Así que esa misma tarde fui a buscarlo.
¿Qué te hizo tomar la decisión de llevarlo a casa en ese instante?
Tomé la decisión porque yo ya venía pensando en adoptar un cachorro. Estaba totalmente sola allá y sentía que necesitaba esa rutina, esa responsabilidad de que alguien dependa de mí para tener más ganas de afrontar la vida.
Contanos cómo fueron esos primeros días con Canelo.
Los primeros días con Canelo fueron súper tranquilos porque era tan bebé que lo único que hacía era dormir y comer. Apenas lo busqué, lo llevé a la veterinaria para controlar que estuviera todo bien.
Empezamos con el proceso de desparasitación y, durante los primeros días, tuvo mucho malestar estomacal. Solamente por eso puedo decir que fue complicado, porque pobrecito pasó muchos días con diarrea eliminando todos los parásitos.
En ese momento era muy tranquilo, dormía todo el día, hasta que obviamente fue creciendo y empezó a ponerse más juguetón, con más energía y más intenso. Pero la verdad es que me acostumbré muy rápido a estar con él.
Hablemos sobre el mayor desafío que enfrentaron juntos y que tuvo un final feliz.
Tomé la decisión de volverme a mi provincia debido a mi situación laboral, porque necesitaba tener un lugar seguro económicamente. Decidí volver con mi familia para encontrar esa seguridad.
Como correspondía, habíamos averiguado todo e hicimos todos los trámites para que Canelo pudiera viajar conmigo en cabina. Al ser cachorro, nos pedían que tuviera tres meses de edad, todos los papeles médicos en regla, un canil flexible y que, junto con el canil, no superara los nueve kilos.
Lo que nunca nos aclararon era que también había un límite de altura y que debía poder entrar sentado sin que su cabeza tocara el techo del canil. Yo eso solamente lo había leído para el traslado en bodega.
Entonces me dijeron que Canelo no iba a poder viajar. Fue un momento muy desesperante. Insistí, lloré, ofrecí pagar otro pasaje, pagar un extra o incluso hacer el traslado en bodega, pero el avión que venía a Jujuy no estaba habilitado para ese tipo de traslado. Así que me negaron cualquier solución posible en ese momento.
¿En qué cambió tu vida y tu rutina desde que él es parte de ella?
Fue un momento muy desesperante porque yo no tenía con quién dejarlo. Ahí me salvó una compañera de trabajo, que ya conocía a Canelo. Nosotros ya habíamos hablado de la posibilidad de que no nos dejaran abordar con él y ella se ofreció a cuidarlo el tiempo que fuera necesario para que yo pudiera juntar el dinero y traerlo.
Hacer un traslado así es muy caro, así que lo primero que se me ocurrió fue hacer una rifa. Mucha gente nos donó premios y también dinero, entonces pudimos juntar bastante rápido la cantidad que necesitábamos para traerlo.
Cuando logramos el objetivo, hicimos todo el papeleo, los trámites, la adaptación del canil y el embarque. Fuimos adelantando todo y logramos que Canelo llegara a Salta.
Cuando nos reencontramos, sentí que me completó. Estar acá, en Jujuy, sin él, era como sentir que una parte mía se había quedado en Calafate. Tenerlo conmigo me hace sentir totalmente plena.
Mi vida cambió totalmente desde que llegó Canelo a casa porque una mascota es una gran responsabilidad. Uno tiene que cuidar su salud, darle de comer, enseñarle dónde hacer sus necesidades, jugar con él para que gaste energía y darle amor.
Yo necesitaba esa rutina, esa obligación, para afrontar lo sola que me sentía allá. Así que puedo decir que Canelo cambió completamente mi vida.
Por más que me haga renegar mucho porque es cachorro, y además un cachorro grande con muchísima energía, no hay nada más lindo que ver su carita todos los días. Eso me hace plenamente feliz.
Mucha gente teme adoptar perros de la calle por los traumas que puedan tener. ¿Qué les dirías?
A la gente que no se anima a adoptar perros de la calle le diría que lo intenten. Capaz no estás cambiando el mundo entero, pero sí el mundo de ese animal. Le estás dando la oportunidad de tener un techo, un lugar calentito, comida y cariño.
Puede llegar a ser difícil, pero con amor y compromiso todo se puede. Yo les diría que se animen a adoptar un callejero y a cambiarles la vida. Quizás no podamos mejorar el mundo entero, pero el de ellos sí.
¿Qué sentís hoy, ahora que Canelo está contigo en Jujuy?
Tener a Canelo acá conmigo de nuevo es una tranquilidad y una paz enormes, porque yo sentía que una parte de mí se había quedado allá.
Aunque no hace mucho tiempo que lo adopté y todavía es muy chiquito, Canelo fue parte de una de las decisiones más importantes de mi vida. Nunca fue una opción no traerlo o dejarlo allá.
Mucha gente me decía que lo mejor era conseguirle otra familia, pero para mí eso nunca fue una posibilidad porque yo me considero su familia y lo considero a él como la mía. Que esté acá me hace muy feliz.
¿En algún momento pensaste que no podrían estar juntos?
Sí, llegué a pensar que no íbamos a poder estar juntos porque, a medida que avanzábamos en el proceso, siempre surgía algún problema, alguna traba, una nueva exigencia o un pago extra. Fue un proceso muy estresante.
En un momento pensé que no iba a poder traerlo, pero gracias a Dios y a la ayuda de toda la gente lo logramos.
¿Qué se siente ser la heroína en la historia de un ser que no tenía voz para pedir ayuda?
La verdad es que no me siento una heroína. Sí me siento alguien que, cuando ama, se esfuerza por conseguir lo que quiere.
Yo amo a Canelo desde el momento en que lo encontré y sabía que necesitaba traerlo conmigo. Considero que los verdaderos héroes de esta historia son todas las personas que nos apoyaron, colaboraron, donaron y nos llenaron de amor.
Yo solamente hice todo lo posible, armé la logística y le pedí a Dios poder reencontrarme con mi cachorro.
Y para cerrar, Nahir, ¿qué mensaje le dejarías a la audiencia después de todo lo vivido?
A la audiencia le diría que se anime a cambiarle el mundo a un callejero. Quedó totalmente demostrado que cuando uno ama de verdad y quiere algo, puede lograr cualquier cosa.
No creo que irse a otro lado sea una excusa para darlo en adopción, buscarle otra familia o volver a dejarlo donde lo encontramos. Cuando uno realmente se lo propone y considera valioso algo, puede lograrlo.
También les diría que luchen siempre, porque siempre aparece alguien dispuesto a dar una mano para ayudar a cumplir un objetivo. Así que anímense a darle un lugar a alguien que nunca tuvo la posibilidad de elegir dónde estar.
Creo que el mundo es un lugar mejor cuando entendemos que ellos también son seres sintientes y que muchas veces no hace falta que hablen nuestro idioma para comprender lo que quieren transmitir.
Mi mundo es mucho mejor desde que llegó Canelo. Aunque me haga renegar todos los días, siempre me saca una sonrisa y me recibe con una emoción que muchas veces no puedo explicar. Cuando uno ama de verdad a su compañero, el mundo se transforma en un lugar mejor para vivir.
Bueno, esto es todo en este Diario de Vanesa tan, pero tan especial. Espero que les haya gustado y ¡Será hasta la próxima!


