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Crisis de las zapatillas argentinas: entre las importaciones y la fuerte caída de ventas



Un empresario aseguró que su fábrica “es un cementerio de maquinaria” y agregó que de 120 empleados ahora tiene 15. Las causas que complican a la industria del calzado.

La drástica caída de ventas por la baja en el consumo y el ingreso de productos importados generaron el cierre de empresas locales. Foto: archivo

La industria argentina del calzado atraviesa uno de sus momentos más delicados. Con fábricas trabajando al mínimo, máquinas apagadas, despidos y cierre de locales comerciales, el sector enfrenta una combinación explosiva: el crecimiento de las importaciones y una fuerte caída del consumo que golpea de lleno a las empresas nacionales.

En marzo, las fábricas textiles y de calzado apenas utilizaron el 40% de su capacidad instalada, mientras que mayo estuvo marcado por el cierre de comercios y el deterioro de las ventas. Aunque durante 2024 el principal impacto estuvo vinculado a la apertura de importaciones, en los últimos meses el problema más grave pasó a ser el desplome del mercado interno.

La situación obligó a muchas pymes a reducir personal, frenar líneas de producción y recortar gastos para intentar sobrevivir.

Uno de los casos que refleja esta crisis es el de Kioshi, una fábrica de zapatillas ubicada en Esteban Echeverría. Su dueño, Emmanuel Fernández, contó que la empresa pasó de tener 120 empleados a apenas 15 trabajadores en los últimos tres años.

“La situación del calzado es casi terminal. Todos los meses pensamos que más abajo no podemos estar, pero la caída sigue profundizándose”, afirmó durante una entrevista en el programa “Serrucho Económico”, emitido por el canal de streaming Ahora Play.

Fernández explicó que la producción cayó de manera drástica. Entre 2022 y 2023, en el mejor momento de la firma, fabricaban cerca de 40.000 pares mensuales. Hoy apenas alcanzan los 10.000.

“En Argentina históricamente se producían unos 120 millones de pares por año entre calzado deportivo y formal. El 2025 terminó con 80 millones y este año, entre enero y marzo, estamos un 25% abajo respecto del año pasado”, detalló.

Importaciones, sobrestock y derrumbe del consumo

Según Fernández, durante 2024 las importaciones crecieron cerca de un 40% y entraron al país más de 50 millones de pares desde el exterior. Además, denunció el ingreso de productos falsificados por las fronteras.

Sin embargo, remarcó que actualmente el mayor problema es la falta de consumo.

“La falta de consumo es total. Antes en Argentina se vendían casi cuatro pares per cápita por año y ahora bajamos a dos. Estamos en niveles de Perú y Bolivia”, sostuvo.

El empresario explicó que la crisis ya afecta a toda la cadena comercial. Durante el último mes, gran parte de las noticias del sector estuvieron relacionadas con locales que cerraron o comerciantes que decidieron no renovar alquileres porque no podían sostener los costos. “La demanda va a caer todavía más”, advirtió.

“Nuestra fábrica es un cementerio de maquinaria”

Kioshi comenzó a funcionar en 2016. Tras un crecimiento importante luego de la pandemia, impulsado por las ventas online, la empresa logró expandirse hasta alcanzar los 120 operarios. Pero en los últimos dos años el panorama cambió completamente.

“Nuestra fábrica es un cementerio de maquinaria. La mayoría de los equipos están apagados o se prenden una vez por semana para trabajos puntuales”, describió Fernández.

La planta produce de manera integral: fabrica suelas, realiza cortes y confecciona la parte superior del calzado. Sin embargo, la caída de actividad volvió ineficiente toda la estructura.

El empresario también alertó sobre el deterioro social que acompaña la crisis económica.

“La gente no está teniendo empleo formal. Muchos terminan haciendo Uber o trabajando para aplicaciones”, señaló.

Además, cuestionó la idea de que el cierre de comercios esté relacionado exclusivamente con el crecimiento de las ventas online.

“Entre el 10% y el 15% de las ventas del sector son digitales. El problema principal es que no hay plata”, aseguró.

Cheques rechazados y consumidores endeudados

Fernández describió además una situación financiera cada vez más compleja para las pymes y los consumidores.

“Se vende poco y se cobra peor. Nos llegan cheques rechazados de clientes que no son estafadores, sino que no llegan a cubrirlos. Los trabajadores están endeudados y algunos piden adelantos para cargar la SUBE”, contó.

También explicó que muchas pequeñas empresas ya no tienen margen para acceder al crédito porque están “al límite con los bancos”.

En paralelo, remarcó que el único apoyo concreto que recibió la pyme provino del municipio de Esteban Echeverría, donde se impulsaron ferias de productores locales y reducciones de tasas para aliviar costos.

La competencia con Asia y el modelo industrial

Las zapatillas de Kioshi se venden entre $35.000 y $50.000, valores que Fernández considera competitivos frente a los altos costos energéticos, financieros e impositivos que enfrenta la industria nacional.

“Para la producción argentina todo aumentó, mientras que a la importada le bajaron los aranceles”, afirmó.

Además, señaló que el exceso de mercadería proveniente de China, en medio de la guerra comercial con Estados Unidos, genera una sobreoferta de productos a precios extremadamente bajos.

“Aparecen zapatillas muy baratas y así es muy difícil competir”, explicó.

Fernández rechazó además las críticas que califican de “ineficiente” a la industria nacional y planteó la necesidad de una política de desarrollo a largo plazo.

“Frente a Asia cualquier industria es improductiva. El tema es qué modelo de país queremos. Brasil protegió durante décadas su industria del calzado hasta transformarla en una potencia exportadora. En Argentina tenemos tecnología similar, pero no la misma escala”, concluyó.