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Sebastián Halperín: “El 34% de los argentinos aceptaría resignar la democracia, un porcentaje similar al núcleo duro de Milei”

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El sociólogo Sebastián Halperín advirtió que para gran parte de la sociedad “por las buenas no funciona” y que buena parte de la población argentina parece dispuesta a aceptar alternativas drásticas para mejorar su situación. Según explicó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), “el 34% de los argentinos estaría dispuesto a canjear la democracia si eso implicara una mejora en las condiciones de vida”, un porcentaje que, según él, coincide con el núcleo duro que respalda a Javier Milei. Este fenómeno, agregó Halperín , refleja una mezcla de frustración histórica, autocrítica social y expectativa de resultados inmediatos, que podría explicar la creciente adhesión a liderazgos disruptivos. Sebastián Halperín es un sociólogo por la Universidad de Buenos Aires, posee un máster en ciencia política por la Universidad de Barcelona. Su labor se centra en la consultoría política, la investigación cualitativa del mercado. ¿Cuándo la sociedad le va a pedir al gobierno y al presidente, Milei, no ya que baje la inflación, sino que genere condiciones de mejora de la calidad de vida de cada uno de los ciudadanos? ¿Cuándo ese humor social va a pasar de pedir menos inflación a pedir más crecimiento?

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Diría que la sociedad ya se lo viene pidiendo. Ahora, una cosa es que se lo pida y otra cosa es que se lo facture en caso de que no ocurra. Me parece que lo que estamos viendo es un nivel de crédito social que sorprende a buena parte de los analistas, y me incluyo. Si uno mira las encuestas, por ejemplo, hay una pregunta que se realiza sistemáticamente, que es a quién atribuye la principal responsabilidad de la crisis económica, y todavía, la opinión pública le atribuye más responsabilidad a gobiernos anteriores que a la actual. Incluso, llamativamente, en las últimas mediciones ese porcentaje crece. Entonces me parece que hay un crédito que pone en evidencia no solo el enojo con el pasado, sino también hoy, desde la perspectiva de la opinión pública, la ausencia de una alternativa que hoy se percibe consistente y que puede ofrecer una plataforma superadora a la que está. Y sumado, que buena parte de la sociedad considera que las expectativas se van a realizar en algún momento, aunque la sociedad viene creciendo, como vemos en los distintos grupos focales, por ejemplo. Marcelo Longobardi: “Lo que llevó a Trump al poder es lo que lo puede derrumbar: la ira“ ¿Puede ser un elemento más que la sociedad tenga culpa? Es decir, ¿se sienta de alguna manera responsable del propio sufrimiento que tiene, algo más del orden de lo metafísico, lo religioso que de lo estrictamente sociológico, y que tenga que ver con que fue una sociedad que produjo que cinco presidentes en una semana se alternasen en una de las mayores crisis de la historia, de cuando se fueron todos? Entonces me pregunto si parte de la paciencia, eso que usted dice, que sorprende a todos los analistas, y yo me incluyo con usted en la misma sorpresa, no tiene que ver con algo más profundo de la mayoría de las personas, en la que de alguna manera se sienten culpables de que los políticos no funcionen. Le echan la culpa a los políticos, pero como una proyección de su ser íntimo. Sí, yo coincido, me parece que hay una autocrítica que tiene que haber: «yo voté mal». Digamos, el ciudadano común dice: «Empoderé a gente que no se lo merecía.» Y me parece que Milei interpretó muy correctamente ese clima de época y vino a bater el tablero, y todavía sigue usufructuando ese crédito en el sentido de jactarse de que él no viene de la política y se pelea con la política, aunque al mismo tiempo, también, en paralelo viene mostrando una cuota de pragmatismo muy importante, como venimos viendo sobre todo a partir del tratamiento de las últimas leyes y todas las negociaciones que ha venido haciendo en el Congreso, cosa que no ocurrió, por lo menos al inicio de la ley de bases. Ahora podría ser, siguiendo nuevamente esta perspectiva más metafísica, que esa sociedad, así como usted vio que en la época del Renacimiento y el Medioevo, más aún, la gente, para expiar sus culpas, se flagelaba. Que haya dicho: «Bueno, merecíamos un presidente como Milei». Y que parte de esa elección, tenga este componente religioso, de autoflagelación que yo le mencionaba, y que luego volver a votar a Milei, a pesar de no ser beneficiado por sus políticas económicas, sea otra demostración de una sociedad, para decirlo de alguna manera emocionalmente, que creció en el sentido de comprender su propia responsabilidad como parte del problema general, y que de la misma forma que esa gente pueda considerar que nos merecíamos un presidente como Milei en 2027, considere que, ahora nos merecemos un presidente mejor que Milei. Absolutamente, y me parece que los cambios son tan abruptos que a veces se nos escapa la tortuga, digamos. Yo me incluyo también en aquellos que no vio venir a Milei. Me parece que Milei pone en evidencia varios síntomas en la sociedad, y creo que más de esta componente religioso-metafísico que usted destacó, y yo coincido. Hay alguna frustración que, por lo menos yo experimento, respecto a lo que le está pasando a la sociedad argentina, más allá de Milei en sí, sino que tiene que ver con esto de «somos hijos del rigor». Me viene a cuenta a partir de esto que usted destacaba de «nos merecíamos un milagrito». Y bueno, por las buenas no entendemos, necesitamos punitivismo. Por ejemplo, desde el punto de vista del paradigma de la política de seguridad, hay una autojustificación, una valoración, por ejemplo, de ciertas políticas y cierta lógica actitudinal del gobierno y del presidente particular, a partir de esta lógica. A mí me llamó mucho la atención uno de los últimos indicadores del Latinobarómetro que mide, en distintos países de América Latina, una pregunta que es: ¿En qué medida, estaría dispuesto a canjear la democracia si eso implicara una mejora en las condiciones de vida? Mateo y Augusto Salvatto explican el Punto de ebullición que atraviesa la humanidad La Argentina es uno de los países que tiene uno de los registros más bajos respecto a ese indicador. No obstante, el último que recuerdo, del 2024, es el 34%. Se manifiesta a favor de eso. Quiero decir, ese 34%, si uno tira un poco de la cuerda, no está tan lejos del 41% que tuvo Milei en octubre del año pasado. Estoy exagerando y probablemente haciendo una simplificación, pero me parece que hay un remanente de una población que dice: «Bueno, por las buenas no funciona». Y esto creo que es un mensaje que interpela muchísimo al gobierno de Mauricio Macri. En donde Milei pone en evidencia que así, con este grito, «¡Viva la libertad, carajo!», la gente dice: «Bueno, de otra forma no funciona». Como decía Lucas Romero: «No se explica el 26 de octubre si el 7 de septiembre, que había un montón de fantasmas al respecto»? ¿Puede ser que ese 34% que en 2023, en eL Latinobarómetro, decía que estaría dispuesto a un gobierno no democrático, pero eficiente en términos económicos, se parece al 30% que sacó Milei en las PASO en 2023; o sea, es un núcleo duro intenso, y el 41% que sacó ahora en las elecciones de octubre sea el mismo 41% que sacó Macri en las últimas elecciones en las que él personalmente compitió? ¿Hay una continuidad en una cantidad de argentinos que tienen estas ideas, independientemente de que Milei la represente, pero trasciende a Milei? Absolutamente. Hoy Milei las encarna. En su momento las encarnó Mauricio Macri; en su momento las encarnó, Juntos por el Cambio. Ni siquiera Raúl Alfonsín con otra matriz. Porque después hay un porcentaje de ese sector que se acercó al kirchnerismo, pero claramente hay un componente antiperonista muy fuerte, que evidentemente se sintió muy frustrado por los fracasos de la gestión de Macri y por todo el derrotero de las gestiones kirchneristas, donde hubo una administración irresponsable, un Estado presente, pero que no era sustentable y que, en buena medida, no le llegó a esa gente. Porque, en todo caso, le podía llegar a la base de la pirámide, pero yo siempre digo: hay un segmento de la población de la clase media baja que se siente metió muy incompetente con lo que ellos llaman los planeros, la gente que no trabajaba y decía: «Bueno, finalmente yo me levanto a las 7 de la mañana para ir a laburar, y el que cobra un plan y hay tres generaciones que no conocen la cultura del trabajo, no gana mucho menos que yo». A ese electorado, me parece que Milei lo interpeló muy bien, e insisto: hoy lo apoya, pero mañana también puede aparecer otra experiencia. Me parece que lo que viene va a ser una cierta nostalgia del paraíso perdido en términos de un Estado que está ausente, también porque nos fuimos del otro lado. No nos olvidemos que Milei dijo que es un topo que en el futuro no va a mejorar el Estado sino a destruirlo.

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La industria automotriz argentina busca su lugar frente a la competencia china

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La industria automotriz del Mercosur enfrenta un dilema estructural que ya dejó de ser teórico. Ejecutivos del sector en Argentina y Brasil advierten que el avance de los vehículos chinos pone en jaque décadas de inversión y desarrollo industrial en la región. Con costos elevados y reglas comerciales que empiezan a mostrar signos de agotamiento, el reclamo es concreto: hacen falta cambios urgentes para no quedar fuera de la competencia global. La señal de alerta se explicitó en un reciente foro en Buenos Aires, donde referentes de las principales asociaciones automotrices coincidieron en un diagnóstico incómodo: la competencia china no se da en condiciones equivalentes. Los números ayudan a dimensionarlo. Mientras Argentina y Brasil produjeron en conjunto cerca de 3,1 millones de vehículos en 2025, China superó los 34 millones. La brecha, sin embargo, no es solo de escala. También es de costos. Según estimaciones del propio sector, producir en la región puede resultar hasta un 65% más caro, afectado por factores estructurales como el costo del capital, la logística y la infraestructura.

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Mientras Argentina y Brasil produjeron en conjunto cerca de 3,1 millones de vehículos en 2025, China superó los 34 millones» En ese contexto, el foco vuelve a posarse sobre el Acuerdo de Complementación Económica N°14 (ACE 14), que regula el comercio automotor entre ambos países desde 1990. El acuerdo fue clave para consolidar la integración productiva en la antesala del Mercosur, eliminando aranceles internos para vehículos y autopartes con contenido regional. Durante décadas, funcionó como un pilar del entramado industrial bilateral. Pero el escenario global cambió más rápido que sus reglas. Hoy, aunque el ACE 14 sigue ordenando el intercambio entre Argentina y Brasil, muestra límites frente a una competencia externa mucho más agresiva. Las importaciones desde China avanzan con fuerza: en Argentina crecieron 30% en 2025 (entre enero y septiembre), mientras que en Brasil los vehículos chinos aumentaron un 53%. El problema ya no está dentro del acuerdo, sino fuera de él. Y es ahí donde el esquema actual empieza a quedar desfasado. La comparación con Europa surge casi de manera inevitable. A diferencia del Mercosur, la Unión Europea no necesita acuerdos sectoriales específicos para su industria automotriz. Desde 1993, su mercado único permite la libre circulación de bienes sin barreras internas, con normas técnicas armonizadas y políticas industriales coordinadas. Eso habilita una escala mucho mayor: más de 15 millones de vehículos producidos al año y una integración que trasciende lo comercial para volverse estructural. En Argentina, las importaciones de vehículos chinos crecieron 30% en 2025, mientras que en Brasil aumentaron un 53%» Pero la diferencia no se limita a la integración interna. También aparece en la forma de enfrentar la competencia externa. Europa sostiene un esquema de apertura, pero lo combina con mecanismos de defensa selectiva. El arancel base del 10% para autos importados convive con medidas más específicas cuando detecta distorsiones. Así ocurrió con China, tras una investigación que concluyó que los subsidios estatales generaban una competencia desleal. La respuesta fue la aplicación de aranceles adicionales de hasta 38% a los vehículos eléctricos, junto con precios mínimos y cupos en determinados casos.El mensaje es claro: competir, sí, pero bajo reglas equilibradas. No se trata de cerrar el mercado, sino de evitar que las asimetrías estructurales destruyan capacidades productivas. En el Mercosur, ese equilibrio todavía está lejos. Argentina y Brasil acumulan déficits comerciales crecientes con China —en el caso argentino, más de US$ 6.500 millones en los primeros nueve meses de 2025— mientras los vehículos electrificados de origen chino ganan participación a gran velocidad. En Brasil, ya representan la mitad del flujo importado en ese segmento. En ese escenario, el ACE 14 sigue funcionando como un escudo para el comercio bilateral, pero resulta insuficiente para enfrentar una dinámica global mucho más exigente. Sin mejoras en los costos estructurales y sin herramientas más activas de defensa comercial, el riesgo deja de ser hipotético. Empieza a tomar forma en la posibilidad de pérdida de producción, cierre de plantas y deterioro del empleo industrial. La experiencia europea, con sus matices, ofrece una lección difícil de ignorar: integración profunda hacia adentro y protección inteligente hacia afuera. El tiempo, en este caso, no es un dato menor. Con la vigencia del acuerdo proyectada hasta 2029, la necesidad de una renegociación empieza a imponerse como una decisión estratégica más que técnica. La discusión ya no pasa por sostener lo construido, sino por adaptarlo a un contexto que cambió de manera radical. La pregunta es si Argentina y Brasil lograrán anticiparse o si volverán a reaccionar tarde frente a una transformación que ya está en marcha. Para la industria, la urgencia no es discursiva. Es concreta. Y no pasa por pedir privilegios, sino por garantizar condiciones mínimas para competir. *presidente del Movimiento Productivo Argentino

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Eduardo Lahoz advierte: “La morosidad está tocando valores récord, arriba del 11%”

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El último dato de inflación volvió a encender alertas sobre el rumbo económico, aunque para Eduardo Lahoz no se trata de una sorpresa. “Este 3,4% es un poco el correlato que se viene observando en el mercado”, señaló, al remarcar que el índice se mantiene en niveles similares desde hace más de seis meses.

El economista explicó que el cambio de prioridades del Gobierno es clave para entender esta dinámica. “El objetivo del equipo económico pasó a ser la acumulación de reservas”, afirmó, destacando que desde comienzos de 2026 se dejó en segundo plano la desaceleración inflacionaria.

En ese sentido, detalló la tensión estructural del programa económico: “Para poder frenar la inflación, vos tenés que frenar la economía”, lo que implica decisiones difíciles en un contexto de bajo nivel de actividad.

Una economía que crece, pero no para todos

Lahoz describió un escenario desigual, donde conviven sectores en expansión con otros en caída. “Vos tenés una economía que este año en PBI va a crecer alrededor de un 4 o un 5%”, explicó, aunque aclaró que ese crecimiento está concentrado.

Según indicó, “si esos sectores crecen al 8 o al 10%, significa que hay otros sectores que están cayendo”, en clara referencia al contraste entre el agro y la energía frente al mercado interno.

El impacto en la vida cotidiana es evidente. “Desapareció el crédito por el lado de las empresas y de las familias”, sostuvo, vinculando esta situación con el endurecimiento de las tasas durante 2025. Como consecuencia, alertó que “la morosidad está tocando valores récord, arriba del 11%”.

Frente a este panorama, destacó un cambio reciente en la política económica. “El equipo económico empezó a poner énfasis en bajar las tasas de interés”, lo que podría aliviar el financiamiento. Y agregó: “lo que lográs es bajar el costo del financiamiento para las empresas y para la familia”, una condición necesaria para reactivar el consumo.

Recuperación lenta y desafíos hacia 2027

Consultado sobre las perspectivas, Lahoz fue cauteloso. “Ojalá que sí sea”, respondió sobre la posibilidad de los “mejores 18 meses” planteados por el Gobierno, aunque marcó límites claros.

El economista señaló que durante mucho tiempo se priorizaron variables macro por sobre la economía real: “descuidando el mercado interno”, especialmente el poder adquisitivo de los trabajadores.

No obstante, reconoció un cambio reciente: “el gobierno ha empezado a estimular nuevamente el otorgamiento de créditos”, lo que podría marcar un punto de inflexión si se sostiene en el tiempo.

Aun así, advirtió que la recuperación será gradual. “Cuando vos la querés poner en marcha, no es un Fórmula 1”, graficó, anticipando un proceso lento. En esa línea, sostuvo que “la recuperación económica tal vez nos cueste un poco más”, con señales más claras recién hacia fin de año o comienzos de 2027.

En cuanto a la inflación, proyectó cierta estabilidad en el corto plazo. “La inflación en abril va a ser similar a la de marzo”, indicó, aunque con variaciones en los componentes. Y concluyó con una advertencia: “difícilmente lleguemos a una inflación de 1% en el 2026”, postergando ese objetivo para más adelante.

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Aumento de jubilaciones con bono ANSES: cuáles son los nuevos montos por la inflación de 3,4% en marzo

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Tras conocerse el dato de inflación correspondiente a marzo de 2026 por parte del INDEC, las jubilaciones y pensiones de ANSES aumentarán 3,4% a partir del próximo mes.

Desde la entrada en vigencia de la nueva fórmula de movilidad opor el Decreto 274/24, los aumentos para las jubilaciones, pensiones y asignaciones son mensuales y toman como referencia el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de dos meses atrás.

Jubilaciones en debate: por qué el futuro previsional también es una decisión personal

De no mediar cambios, los beneficiarios seguirán cobrando $70.000 como bono adicional. Los nuevos montos son:

– Jubilación mínima: $463.250,17 ($393.250,17 + bono de $70.000).

– Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM): $384.599,67 ($314.599,67 + Bono de $70.000).

– Pensión no Contributiva por Invalidez y Vejez: $345.275,12 ($275.275,12 + bono de $70.000).

– Pensión Madre de 7 hijos: $463.250,17 ($393.250,17 + bono de $70.000).

Quiénes pueden cobrar el bono de $70.000

El bono no alcanza a todos los beneficiarios, sino que está dirigido a quienes perciben menores ingresos dentro del sistema. Según informó ANSES, lo recibirán:

– Jubilados que cobran el haber mínimo

– Titulares de Pensiones No Contributivas (PNC)

– Beneficiarios de la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM)

Para cobrar el monto completo del bono, es necesario percibir ingresos iguales o inferiores a la jubilación mínima ($393.250,17).

En el caso de que se perciba un monto superior, se pagará un compensatorio para alcanzar los $463.250,17. Es decir que si beneficiario cobrara $400.000, el bono ascendería a $63.250,17.

LM

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