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La liga más loca del mundo: en Polonia todos pueden ser campeones o descender

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A falta de solo 11 fechas para el final, la Ekstraklasa de Polonia presenta una paridad matemática inédita en Europa: los 18 equipos mantienen chances de dar la vuelta olímpica o perder la categoría

La hinchada de Zaglebie Lubin, actual líder del campeonato polaco. Foto: archivo

La Ekstraklasa, primera división de Polonia, atraviesa una de las temporadas más inusuales del fútbol europeo: a falta de 11 fechas por disputarse, los 18 equipos participantes mantienen posibilidades matemáticas tanto de ser campeones como de descender. La paridad es tal que el actual líder es el Zaglebie Lubin con 41 puntos, un club que representa a una ciudad de apenas 70.000 habitantes y que el año pasado terminó al borde del abismo en el puesto 15º. Lo siguen de cerca el Jagiellonia Bialystok y el Lech Poznan con la misma cantidad de unidades, en una tabla donde un par de resultados positivos o negativos pueden catapultar a un equipo del fondo a la pelea por el título.

La irregularidad y los movimientos bruscos marcan el pulso de la competencia, como lo demuestra el caso del Wisla Plock, que pasó de liderar el torneo a mitad de temporada a caer al sexto lugar tras cinco derrotas consecutivas. Otro ejemplo insólito es el del Cracovia, que increíblemente subió un puesto en la tabla tras perder dos partidos seguidos debido a las caídas de sus rivales directos, aunque una tercera derrota lo terminó hundiendo al 11º lugar, quedando a solo cuatro puntos de la zona de peligro. Esta dinámica genera que cada fin de semana se juegue una «final» en cada estadio, sin favoritos claros ni partidos predecibles.

El contraste más dramático lo protagoniza el Legia Varsovia, el club más laureado del país con 15 títulos y presencia habitual en la Champions League. Tras haber alcanzado los cuartos de final de la Conference League la temporada pasada, hoy se encuentra en zona de descenso con 29 puntos, poniendo en riesgo una racha histórica de permanencia que mantiene desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Misma suerte corre el Widzew Lodz, que a pesar de haber realizado los fichajes más caros de la historia del fútbol polaco —incluyendo al ghanés Osman Bukari por 5,5 millones de euros—, no logra salir de la parte baja de la clasificación.

A diferencia de otras ligas de Europa del Este, el fútbol polaco se caracteriza por la ausencia de una hegemonía financiera marcada o propietarios multimillonarios que distorsionen la competencia. Esto ha permitido que entre 2019 y 2024 existan tres campeones distintos (Piast Gliwice, Rakow Czestochowa y Jagiellonia Bialystok), mientras clubes históricos como el Wisla Cracovia penan en la segunda división. Esta estructura de planificación deportiva por sobre el poder económico ha nivelado el campo de juego, convirtiendo a la Ekstraklasa en un ecosistema de alta competitividad donde cualquier club puede soñar con la gloria.

Este crecimiento no es solo estadístico, sino que se refleja en la infraestructura y el rendimiento internacional, donde Polonia llegó a ocupar el sexto puesto en el coeficiente UEFA de la temporada, superando incluso a Francia. Con estadios modernos remodelados tras la Eurocopa 2012 y una asistencia media que creció un 60% en la última década, la liga polaca vive una primavera de popularidad. Cada fin de semana, más de 165.000 aficionados colman las canchas para ser testigos de esta liga «loca», donde el destino de los 18 equipos pende de un hilo a medida que se acerca el cierre del campeonato.

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