Política
A 24 años de la tragedia en cerro Ventana: el sobreviviente del cerro Ventana que transformó la memoria de sus amigos en música

Una vez más, por octavo año consecutivo, José María “Lalo” Vallina brindó un concierto de piano y cuerdas en la Catedral de Bariloche como un homenaje a sus nueve compañeros de la facultad que perdieron la vida tras la avalancha en el cerro Ventana el primero de septiembre de 2002. Y como una manera de abrazar a los familiares de las víctimas.
La presentación llamada “Nueve Ángeles”, junto a la Orquesta Juvenil Cofradía, surgió en 2012 y ante la llegada de cada presentación, Lalo promete que será la última. En esta oportunidad, recordó los 24 años de la tragedia a través de obras de Bach, Vivaldi, Tchaikovski y Piazolla en la tarde del último sábado.
“Fue la manera que encontré de rendir homenaje, acompañar y recordar. Pero también una forma de tratar de salir del dolor y la bronca. Yo formé parte de ese grupo, vivencié la previa, el durante y el después y de hecho, estuve muy involucrado en el juicio para que se condene a los responsables”, recalca Lalo que se propuso mantener viva esa fecha, por fuera de los actos institucionales de la universidad.
Recuerda cada detalle de esa salida a la montaña que formaba parte de una actividad de la carrera de Educación Física. Pensó que no podría, pero finalmente, se graduó como profesor en 2008 aunque reconoce que “sentía bronca por la institución y había jurado no volver a pisarla”. Años después, estudió Ciencias de la Educación y hoy ejerce como docente en la cátedra de Filosofía.
“Yo había dejado la carrera musical, pero el primer concierto lo di a los diez años de la tragedia. Recuerdo a los padres de los chicos sentados en la primera fila. Fue una presión enorme”, recuerda.
Lalo nació en Bariloche y contaba con vasta experiencia en montaña. Con 28 años, se inscribió en la carrera de Educación Física. Sumaba unos 10 años más que el resto de sus compañeros. “Tenía bastante experiencia en la montaña, suficiente para darme cuenta de la situación de peligro en que estábamos inmiscuidos en esta y otras salidas”, plantea y asegura que “vivió la tragedia del Ventana, muy consciente de lo que podía suceder”.
Integró el grupo que, ese 1 de septiembre, partió al cerro Ventana. “Cuando se propuso la salida había un riesgo de avalancha altísimo. Cualquiera que pisara el manto níveo se daba cuenta de que se iba a romper. El docente propuso esa salida con el contenido de autodetención en nieve (maniobra de emergencia que realiza un montañista para frenar una caída o deslizamiento incontrolable en una pendiente de nieve o hielo utilizando el piolet). Se pudo haber practicado en la base del cerro Catedral u Otto”, agrega.
La propuesta fue una salida al refugio Horrible, Meta y Ventana, bajando por el barrio El Pilar. “Fui el primero en objetar la salida porque los pibes no tenían carpas ni equipo y además, había un alto grado peligrosidad en la nieve por la tormenta de Santa Rosa. Subir el Meta era peligroso por el riesgo de avalancha y hacer la travesía al Ventana, y bajarlo por donde pretendían, era extremo”, describe y ofuscado, añade: “Pero el docente me respondió que, cuando yo no había nacido, él ya era guía».
Aun consciente del riesgo, decidió sumarse igual. Eran tres grupos de 15 estudiantes, pero habían faltado unos 40 porque, según explica, «no quisieron mojarse de nuevo como ya había pasado en el Granítico”.
Los estudiantes alcanzaron el filo del cerro Meta, luego la cumbre del Ventana y el grupo de Lalo quedó a cinco minutos, detrás del primero. “De pronto, la avalancha pasó por debajo nuestro, como a unos 10 metros y, arrastró a todos”, dice. El impacto fue tremendo y el muchacho solo intentó recordar el protocolo de avalanchas que aconseja, por ejemplo, mantener el contacto visual hasta que “las víctimas se pierdan para reducir el cono de búsqueda”.
Junto a unos compañeros, corrieron por el costado. De inmediato, también llegó al lugar el tercer grupo que estaba más atrasado. Lalo recuerda que lograron rescatar a unos seis sobrevivientes que estaban semienterrados en nieve. “A algunos, la avalancha los expulsó al bosque de lengas y quedaron como enganchados. Uno de los guías dijo que seguramente iba a haber muertos y que sería dura la búsqueda hasta que llegaran de la comisión de auxilio”, acota. Decidió quedarse a buscar, pese al impacto. Si bien había hecho varios cursos, nunca había visto una avalancha de esta magnitud que, encima, había arrastrado no a personas anónimas sino a amigos.
En un momento, encontraron a Gustavo Vega que tenía pocas lesiones graves, estaba estable y era el próximo para ser evacuado. “Con un compañero, estábamos haciendo escalones para bajar la camilla de Gustavo, cuando encontramos a Adrián Mercado, el novio de Liliana Alonso, que había fallecido hacía varias horas”, rememora. Justo en ese momento, pese al constante ruido de las radios para pasar información sobre lo que ocurría arriba en la montaña, a Lalo le pareció escuchar un sonido bajo la nieve. Gritó que hicieran silencio. “Era rarísimo porque era casi imposible encontrar a alguien con vida a esa hora de la noche, ya eran más de las 12 de la noche. Volví a escuchar sonidos debajo de la nieve. ‘¡Por acá!’, les grité. Empezaron a buscar y milagrosamente apareció Liliana, con vida”, dice.
Después de la tragedia, Lalo se prometió tres cosas: que mantendría viva la memoria de sus compañeros, que ayudaría para que el hecho no quede impune y que haría docencia para evitar una situación similar sobre la que él mismo había alertado. Así, nacieron los conciertos para recordar a las víctimas de una manera diferente.
”La idea es recordarlos con alegría, recordar cómo vivieron más que cómo murieron. El nombre ‘Nueve Ángeles’ es por un tema que hice en memoria de mis compañeros. Surgió en la montaña observando el vuelo de los cóndores y trata de emular en el piano precisamente el vuelo de esas aves, como forma de representar el espíritu de los chicos”, dice este hombre que hoy tiene 52 años.