Política
AUH: una política de Estado que sigue siendo esencial dos décadas después de su creación

“La construcción de políticas de Estado implica una permanente conjunción de conflicto, continuidad y consenso a largo plazo entre la relación Estado y sociedad”, reza una cita de la politóloga Melina Guardamagna. En efecto, hay una gran distancia entre una política de gobierno y una política de Estado.
Las primeras son pensadas para el corto plazo, en torno a la figura de un mandatario, y con fuerte raigambre en la matriz ideológica del espacio político que gobierna. Las segundas en cambio, ponen la mirada en el largo plazo, trascienden los mandatos de gobierno, y se estructuran desde el concenso necesario para dar respuesta a un problema o flagelo de las mayorías.
Encontrar ejemplos de verdaderas políticas de Estado en la Argentina reciente, es todo un desafío. En general, las gestiones de gobierno tienden a desarticular las políticas implementadas por el gobierno predecesor, y a emprender la búsqueda de una épica propia sobre la base de las decisiones presentes.
Existe no obstante una política de Estado que ya lleva casi dos décadas, y que ha logrado trascender cinco presidencias con tres colores políticos distintos, una pandemia, cuatro episodios de zozobra cambiaria, y dos fuertes ajustes del presupuesto nacional.La Asignación Universal por Hijo (AUH) cumple 17 años a fines de octubre, y en medio de la compleja realidad que atraviesa la economía argentina, es uno de los mayores pilares de contención social para miles de familias a lo largo y a lo ancho del país.
El gen primitivo de la AUH
La incidencia de la desocupación y la informalidad laboral, no son flagelos nuevos. Hace tres décadas, en medio de la primavera menemista, con dólar uno a uno, inflación cero y apertura total a la entrada y salida de capitales, el desempleo era uno de los drivers más complejos de resolver en la ecuación macro.
Con ese telón de fondo, el economista Ruben Lovuolo, por entonces director académico del Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas (CIEPP) planteó un concepto disruptivo: el Ingreso Ciudadano.
La idea original postulaba que al estar atado al empleo formal (y con el mercado de trabajo formal golpeado) el sistema de asignaciones familiares contributivas dejaba afuera a una gran porción de los trabajadores. Se proponía entonces que el Estado otorgara una prestación fija, incondicional y universal a cada ciudadano, a fin de garantizar un ingreso mínimo que ayudase a sostener el entramado social dañado.
El Ingreso Ciudadano que postulara en los ’90 el economista Rubén Lovuolo, fue el gen primitivo de lo que luego sería la Asignación Universal por Hijo (AUH).
Al llevar el concepto de la teoría a la práctica, resultó ser que la amplitud de la propuesta la hacía inviable. Fue así que la entonces diputada por la Coalición Cívica, Elisa Carrió, decidió acotar la prestación solo a la niñez, y presentó por primera vez en 1997 el proyecto de ley del Ingreso Ciudadano para la Niñez.
El espacio político de Carrió hizo de ello una bandera, e insistió en la misma sin éxito legislativo durante una década. La propuesta postulaba un ingreso universal e incondicional para los niños menores de 18 años nacidos en el país, y estipulaba financiar dicha prestación mediante una reforma tributaria que alcanzaba al Impuesto a las Ganancias y a las asignaciones familiares por el empleo registrado.
Universal pero condicionada
Fue en 2009 cuando luego de la crisis por las retenciones móviles y en medio un shock externo por la quiebra de Lemman Brothers, la gestión de Cristina Fernández de Kirchner tomó el núcleo de la propuesta original de Lovuolo, y estableció un instrumento que con los años terminaría convirtiéndose en parte central de la estructura de cobertura social en Argentina.
La Asignación Universal por Hijo fue creada el 29 de octubre de 2009 mediante el Decreto de Necesidad y Urgencia 1602/2009. La población objetivo original se estableció como niños y adolescentes menores de 18 años (o con discapacidad sin límite de edad).
La creación de la AUH se basó en que los hijos de los trabajadores formalizados ya estaban cubiertos mediante las asignaciones familiares contributivas, y focalizó la cobertura en los hijos cuyos padres estuvieran desempleados, se desempeñaran en el empleo informal o fueran trabajadores de casas particulares.
Pero la diferencia sustancial entre la AUH y el Ingreso Ciudadano de Lovuolo, fue la condicionalidad: los beneficiarios reciben cada mes el 80% del valor nominal de la AUH, y el 20% restante es retenido por ANSES y se liquida de forma anual tras la acreditación de la Libreta de Vacunación y la escolaridad de cada beneficiario menor de edad.
$163.093El máximo valor real (a pesos de septiembre 2026) que alcanzó la Asignación Universal por Hijo en julio de 2015. Hoy asciende a $154.031.
Una crítica inicial sin fundamento, suponía erróneamente que la medida significaría un incentivo a la natalidad. En efecto, con AUH vigente, desde 2014 y hasta 2024 la natalidad en Argentina cayó 47%.
Otra de las objeciones iniciales giraba en torno al costo fiscal de la herramienta. Al momento de su creación, la erogación fiscal por la AUH representaba el 0,5% del Producto Bruto Interno (PBI) y el 2,2% del presupuesto del gobierno nacional. A lo largo de los 17 años que tiene la herramienta, ese costo se incrementó hasta llegar en 2026 al 0,75% del PBI y al 4,2% del presupuesto.
Aun así, cada uno de los gobiernos que se sucedió desde 2009, entendió que la AUH consiste en un valioso instrumento de contención social, y consideró buena decisión sostener el beneficio.
La inflación y el valor real
En un contexto de inflación alta y sostenida, uno de los puntos más relevantes del régimen creado en 2009, era la manera en la que el beneficio se actualizaría a fin de sostener su valor real en el tiempo.
En los 17 años de existencia de la AUH, el criterio de actualización se modificó cinco veces. Desde su creación en 2009 y hasta julio de 2015, la prestación se actualizaba de forma discrecional mediante DNU. Así, el beneficio perdía progresivamente su valor real en los meses que pasaban entre cada decreto (primero un año, luego seis meses), y luego recuperaba su valor de una sola vez.
En julio de 2015, la gestión de Cristina Kirchner estableció una actualización semestral atada a la fórmula de movilidad previsional de la Ley 26.417, que se calculaba en un 50% por la variación salarial y un 50% por la recaudación de ANSES. Con esa lógica, la AUH registró su máximo valor en términos reales en julio de 2015, cuando (a precios de septiembre 2026) alcanzó los $163.093 (ver gráfico).
En 2017 junto con la reforma previsional (Ley 27.426), la gestión Macri estableció una actualización trimestral 70% por IPC más 30% por RIPTE (salarios). En 2020, la gestión de Alberto Fernández suspendió la Ley 27.426, y la actualización de la AUH pasó a ser trimestral 50% por la recaudación de ANSES y 50% por RIPTE.
Durante los 8 años que duraron la gestión Macri y la gestión Fernández, el valor real de la AUH no hizo más que caer. Desde el máximo de julio de 2015 hasta diciembre de 2019, la AUH perdió el 55% de su valor real.
Finalmente, la gestión Milei otorgó un aumento del 100% de una sola vez al asumir el poder, y en marzo de 2024 se estableció que al igual que el haber previsional mínimo, la AUH se actualizaría de forma directa por IPC, con dos meses de rezago. Desde ese entonces, la AUH no solo mantiene su valor real, sino que se encuentra a tono con los máximos históricos registrados desde su creación.
Cobertura alimentaria en caída
Uno de los objetivos que se perseguía tanto con la idea de Ingreso Ciudadano de Lovuolo como al momento de la creación de la AUH, era contribuir a la seguridad alimentaria en la infancia, en especial para aquellas personas que no contaban con un empleo formal en el seno familiar.
En este sentido, cobra especial relevancia la comparación de la AUH con la Canasta Básica Alimentaria (CBA) que el Indec establece como la suma que necesita una persona (adulto equivalente) para poder comer a lo largo de un mes, más conocida como “línea de la indigencia”.
Al momento de su creación en 2009, la AUH equivalía a una Canasta Alimentaria (CBA). En 2026, cada AUH equivale apenas a 0,51 CBA.
Al momento de su creación, la AUH era de $180 (a precios de 2009) y el 80% que los beneficiarios percibían de bolsillo cada mes era $144, mientras que la CBA por adulto equivalente era de $142,5. El ratio AUH/CBA arrojaba 1,01, o lo que es igual, una sola AUH equivalía a la totalidad de la CBA.
Tras 17 años de vigencia, y cinco actualizaciones en la movilidad, ese ratio muestra un notable deterioro en agosto de 2026.En efecto, ese mes la AUH fue de $150.848. El 80% mensual de bolsillo fue de $120.678 y ese mismo mes la CBA (adulto equivalente) fue de $235.103. Es decir que el ratio AUH/CBA arroja hoy 0,51, o lo que es lo mismo, la cobertura alimentaria de la AUH cayó a la mitad respecto al año 2009 cuando fue creada.