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Bolsonaro ganó en Brasil y obligó a un Lula “optimista” a reinventarse en busca de quienes no votaron



San Pablo.– Flávio Bolsonaro ganó en la primera vuelta de las elecciones en Brasil, rompiendo con el pronóstico de buena parte de las encuestas previas y obligando a su rival, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, a empezar de cero una campaña que pretendía saldar este domingo 4 de octubre. De esta manera, el hijo de Jair no solo plasmó la “supervivencia” del bolsonarismo como máquina electoral sino que sobrellevó las numerosas acusaciones de vínculos con el caso Master y otros hechos de presunta corrupción. Con casi el cien por ciento de las mesas escrutadas, el hijo de Jair Bolsonaro obtuvo 47,03% contra 45,16% de Lula, con una diferencia de poco más de 2,2 millones de votos. Los escándalos que atravesaron la campaña (del Banco Master a la crisis del Supremo Tribunal Federal), no solo alcanzaron para sacar al bolsonarismo de la pelea, sino que permitió que el senador de Río de Janeiro hiciera una elección mejor que la realizada por su padre en la primera vuelta en 2022. El nuevo mapa político brasileño, que prácticamente quedó partido en dos, dejó una división regional nítida y una abstención récord de 21,08%. En las calles paulistas apareció el fastidio con los políticos en general y el líder del Partido de los Trabajadores en particular, que buscará un cuarto mandato en el balotaje el 25 de octubre. Ahora, ambos candidatos deberán disputar los votos de los que quedaron afuera y los más de 33 millones de brasileños que no fueron a votar.

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Bolsonaro ganó y Lula tuvo que recalcular En su primera declaración tras el triunfo, Flávio Bolsonaro sostuvo que “Brasil quiere cambio”, tras agradecer el apoyo de 56 millones de votos. “Queda decretado el fin de la era del PT”, agregó, en Brasilia, sin hacer mención ni a su padre, bajo arresto domiciliario por ser condenado por intento de golpismo, o a una deidad, otra de los protagonistas de su campaña. En paralelo, pasadas las 21 Lula da Silva compareció ante el hotel Renacimiento, en el centro paulista, para dar su discurso una vez que la tendencia ya fuera irreversible. “El resultado, muchas veces, es inesperado. La gente nunca consigue todo aquello que quiere. Yo confieso para ustedes que estaba convencido de que iba a ganar las elecciones en primera vuelta. Pero yo también ya pensé eso otras veces”, dijo Lula desde el escenario, recordando sus tres campañas presidenciales donde no resultó elegido en los noventa. “Me gustan las disputas en segunda vuelta”, continuó, mostrándose optimista a pesar de que, contra todo pronóstico, quedó 2,17 puntos porcentuales abajo de su rival. “Yo soy muy bueno en el mano a mano (mata-mata). En el tête-à-tête. Ahí vamos a ver cuáles son los proyectos que el país tiene”. Lula, que afirmó que el lunes arranca su “nueva campaña”, resaltó las diferencias con el clan Bolsonaro, que transmiten “incertidumbre” en función de “las biografías truculentas de los Bolsonaro”, con supuestos lazos con grupos parapoliciales y con el caso Master. “No es la biografía del padre, no es la biografía del hijo y no sabemos si habrá biografía de otros parientes. Es una biografía tenebrosa cercada de sospechas gravísimas”, afirmó. La disputa por el segundo turno será, entonces, también una disputa por la interpretación de la primera vuelta. Lula deberá intentar transformar el desgaste que apareció en las urnas en un argumento para preservar el poder; mientras que Flávio deberá convertir su ventaja inicial en una mayoría que todavía no tiene. Hay, además, una tercera bolsa de votos. Los candidatos que quedaron afuera sumaron millones de sufragios que ahora serán buscados por los dos finalistas. Y hay más de 33 millones de brasileños que directamente no participaron. La nueva campaña: buscar a los que no fueron a votar Después de reconocer que el resultado había sido diferente de lo que esperaba, el jefe de estado brasiñeño dejó explícito que la campaña volverá a empezar. Lula no solo prometió una agenda social ampliada sino que también puso el foco en la cantidad de brasileños que no participaron de la elección. “Tuvimos más de 20 millones de personas que no comparecieron a votar, y nosotros vamos a hacer una apelación”, dijo. En tanto, el resultado del domingo no fue solamente una disputa ajustada entre dos candidatos sino un país partido territorialmente. Lula volvió a apoyarse en su bastión histórico y ganó los estados del Nordeste, mientras Flávio se impuso en buena parte del Sudeste, todo el Sur y el Centro-Oeste, además de varios estados del Norte. En Minas Gerais, San Pablo y Río de Janeiro (tres de los mayores colegios electorales del país y ejes de la recta final de la campaña) el candidato del PL terminó por delante. En esa línea, el porcentaje abstención fue mirado de cerca en función de los 33,4 millones de brasileños no fueron a votar. Se trata del 21,08% del padrón, el porcentaje más alto desde 1998. Los mayores niveles estuvieron en Mato Grosso do Sul (23,88%), Río de Janeiro (23,32%), Minas Gerais (22,79%) y San Pablo (22,54%), algunos de los principales estados donde Flávio ganó. En el Nordeste, en cambio, la abstención fue de 18,36%, por debajo de la media nacional. “Tuvimos 28 millones de personas que no votaron y vamos a hacer un llamado para que la gente sepa que el voto es necesario para decidir el futuro del país”, dijo Lula en su discurso ante un aluvión de medios de prensa abarrotados al fondo, entre ellos PERFIL. En paralelo, la foto de la ciudad de San Pablo previa a la elección ya reflejaba la leve tendencia “pro Bolsonaro” en función del paulatino crecimiento en las encuestas de los últimos meses. En las calles aparecía una sensación repetida de aquellos que preferían a Bolsonaro. Cansancio con el PT después de 18 de los últimos 24 años en el gobierno, rechazo a la política tradicional y la percepción de que la elección volvía a poner al país frente a una disputa conocida. Flávio llegó a obtener pese a una campaña atravesada por escándalos, como el caso Banco Master, que golpeó a la política, al STF y al propio candidato del PL, luego de que Flávio quedara bajo investigación por presunta participación en irregularidades vinculadas al financiamiento del film Dark Horse, sobre su padre, y la Policía Federal pidió investigar posibles delitos como lavado de dinero, evasión de divisas y corrupción. Una encuesta Datafolha publicada antes de la elección mostró que 38% de los electores identificaba a Lula como el candidato más perjudicado por la crisis del STF y el Master, contra 31% que señalaba a Flávio. El golpe de la corrupción, entonces, alcanzó como eje de la narrativa de los seguidores de Bolsonaro pero no alterar la estructura de la elección en favor del líder del PT, quien se había visto afectado también por el escándalo que involucró a su hijo Lulinha anteriormente. Tampoco marcaron diferencia las campañas en redes (como el caso de la noticia falsa sobre la Virgen de Aparecida) o el recuerdo de los muertos de la pandemia, el desgaste de la figura de Jair Bolsonaro ni su condena y prisión por la trama golpista. A pesar de ser tildado de no tener carisma, el hijo consiguió llevar al segundo turno el apellido y la estructura política de su padre: más de 56 millones de brasileños lo votaron.

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