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Chos Malal y el origen del vino neuquino: de las viñas cordilleranas al Vaticano


Registros históricos ubican en el norte neuquino las primeras experiencias vitivinícolas de la provincia. Desde fines del siglo XIX, la producción local dejó huellas que llegan hasta el presente, con vínculos que incluso alcanzaron al Papa Francisco.

Imágenes Neuquén Informa.

En el norte de la provincia del Neuquén, particularmente en la zona de Chos Malal, se registran algunas de las primeras experiencias vitivinícolas del territorio. De acuerdo con información difundida por el Gobierno provincial, la actividad se remonta a fines del siglo XIX, cuando misioneros y pobladores comenzaron a introducir el cultivo de la vid en condiciones climáticas exigentes.

Chos Malal, que fue la primera capital del territorio neuquino, concentraba hacia comienzos del siglo XX una población cercana a los mil habitantes y una incipiente producción agrícola que incluía frutales, cereales y viñedos.

Uno de los principales testimonios documentales corresponde al sacerdote salesiano y científico Lino del Valle Carbajal, quien recorrió la región en 1903 y publicó en 1906 el libro “Por el Alto Neuquén, ascensión al Domuyo”. En ese trabajo dejó constancia de la presencia de viñas en Chos Malal y de su buen rendimiento en el contexto cordillerano.

Según sus registros, la introducción de la vid se produjo alrededor de 1892, y para ese entonces ya existían aproximadamente 70.000 plantas. Las cepas habían sido traídas desde Chile por misioneros salesianos y también desde Mendoza, lo que permitió una adaptación progresiva a las condiciones locales.

Carbajal describió además características productivas de la zona, destacando la diversidad de cultivos y el desarrollo de prácticas agrícolas en un entorno de montaña.

Variedades adaptadas al clima cordillerano

Los registros históricos detallan la presencia de distintas variedades de uva adaptadas al clima del norte neuquino. Entre ellas se encontraba la denominada “uva chilena”, valorada por su resistencia a las heladas y su rendimiento.

También se cultivaban cepas como la corinto blanca, la variedad francesa o Burdeos, la moscatel negra, la moscatel criolla —denominada en la región como itálica neuqueña— y la Filadelfia. Cada una presentaba características específicas en términos de productividad, tolerancia al frío y tiempos de maduración.

Las prácticas vitivinícolas incluían técnicas diferenciadas de poda y una vendimia que comenzaba hacia el mes de abril. El vino era elaborado y almacenado durante varios meses antes de su consumo, lo que evidencia un conocimiento técnico temprano en la región.

De la historia al presente: el vino neuquino en el Vaticano

El vínculo entre el norte neuquino y el Vaticano tiene también un capítulo contemporáneo. En 2014, una botella de vino elaborada por la bodega Des Desde La Torre, de la región, fue entregada al Papa Francisco.

Según la información oficial, el obsequio fue acercado por un sacerdote de Andacollo que había trabajado junto a Jorge Bergoglio antes de su papado. A partir de ese contacto, se mantuvo el envío de botellas en años posteriores.

Este episodio se suma a relatos históricos que mencionan la posibilidad de que vinos producidos en Chos Malal hayan llegado en algún momento al Vaticano, una versión recogida por el historiador Isidro Belver en sus investigaciones.

Un patrimonio cultural en desarrollo

La historia de las viñas en el norte neuquino forma parte del patrimonio productivo y cultural de la provincia. Si bien la escala de producción fue limitada en comparación con otras regiones vitivinícolas del país, los registros evidencian una tradición sostenida en el tiempo.

En la actualidad, el desarrollo turístico del Alto Neuquén incorpora estos antecedentes como parte de su identidad territorial, integrando historia, paisaje y producción local en propuestas que buscan diversificar la oferta más allá de los circuitos tradicionales.

En ese marco, Chos Malal y su entorno recuperan su lugar en la historia vitivinícola argentina, con un legado que combina exploración, adaptación al ambiente cordillerano y vínculos que trascendieron fronteras.