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Cuáles son las 10 esquinas más ruidosas de la ciudad de Buenos Aires

El ruido forma parte de la identidad porteña. La fisonomía de la Capital Federal está marcada por el pulso de su movimiento permanente y ese dinamismo tiene un costo ambiental invisible: la contaminación acústica. El mapa oficial de ruido elaborado por la Agencia de Protección Ambiental (APrA) confirma que las grandes avenidas, las autopistas, los accesos y los principales nodos de transporte concentran los niveles más altos de saturación sonora de la Ciudad de Buenos Aires. Hay esquinas donde el sonido del tránsito, los colectivos, las frenadas, las bocinas y el movimiento constante de miles de personas elevan la contaminación acústica a niveles que pueden afectar la calidad de vida de quienes viven o trabajan allí.
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En algunos de esos puntos, los sonómetros registran picos cercanos a los 88 decibeles, una intensidad comparable al ruido de una motocicleta o de una avenida con tránsito extremadamente intenso, muy por encima de los niveles recomendados para una exposición prolongada. Las esquinas más ruidosas de Buenos Aires De acuerdo con las mediciones acústicas y el mapa oficial de la Ciudad, estos son algunos de los cruces con mayor contaminación sonora: -Avenida Santa Fe y Avenida Juan B. Justo (Palermo): Con picos que alcanzan los 88 decibeles (dB), este cruce aparece entre los más ruidosos de la Ciudad de Buenos Aires. La convergencia de dos de las principales avenidas porteñas, la estación Palermo del ferrocarril San Martín, decenas de líneas de colectivos y el intenso flujo vehicular hacia los accesos del norte mantienen una elevada contaminación acústica durante gran parte del día. Previsto por la Ley 1.540, el mapa de ruido orienta las políticas contra la contaminación acústica -Avenida Luis María Campos y Federico Lacroze (Palermo/Colegiales): Con registros que alcanzan los 88 dB. La confluencia de dos importantes arterias, el intenso flujo de colectivos y vehículos particulares y su conexión con los accesos hacia la zona norte sostienen niveles elevados de ruido durante gran parte del día. -Avenida Las Heras y Tagle (Recoleta): Frente al Hospital Rivadavia, este cruce registra picos de hasta 87 dB, pese a tratarse de un entorno que la legislación identifica como un área de alta sensibilidad acústica. -Avenida de Mayo y 9 de Julio (Centro): En pleno corazón porteño, este cruce concentra un flujo permanente de colectivos, automóviles y peatones. -Avenida Corrientes y 9 de Julio (San Nicolás): El entorno del Obelisco es uno de los puntos de mayor intensidad sonora de la Ciudad. La combinación de tránsito vehicular, transporte público y una circulación peatonal ininterrumpida sostiene altos niveles de contaminación acústica desde las primeras horas de la mañana hasta la noche. -Avenida Corrientes y Suipacha (Microcentro): La actividad no se detiene durante gran parte del día. Oficinas, comercios, entidades bancarias y un intenso flujo de colectivos, taxis y camiones de caudales convierten a esta esquina en uno de los puntos con mayor contaminación sonora del centro porteño. -Avenida Las Heras y Callao (Recoleta): Un nodo clave de transbordo en el norte de la ciudad que canaliza múltiples líneas de transporte público. El frenado y arranque de las unidades pesadas eleva los decibeles de manera constante. -Marcelo T. de Alvear y Avenida Pueyrredón (Barrio Norte): Caracterizada por una gran congestión vehicular en calles relativamente estrechas. El tránsito prácticamente ininterrumpido sobre dos arterias clave la mantiene entre las más ruidosas de la Ciudad. Un peritaje de la Policía Federal puso en jaque la versión de Milei y Novelli apuesta por frenar la causa $Libra -Avenida Las Heras y Coronel Díaz (Palermo): La actividad comercial de la zona y la circulación permanente de vehículos sostienen elevados niveles de ruido durante gran parte del día. -Avenida Bullrich y Avenida Santa Fe (Palermo): Este cruce concentra buena parte del tránsito que se dirige hacia la avenida Del Libertador y los accesos a la zona norte, además de funcionar como uno de los principales centros de trasbordo porteños. -Avenida Cabildo y Juramento (Belgrano): El intenso movimiento comercial, la salida de la estación Juramento de la línea D de subte y la gran cantidad de líneas de colectivos convierten a este cruce en uno de los principales focos de contaminación acústica del corredor norte porteño. El ruido como fenómeno social y cultural Para el antropólogo Facundo Petit, doctor en Antropología por la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigador del CONICET, los mapas de ruido son una herramienta indispensable para diagnosticar la contaminación acústica, pero no alcanzan para comprender toda la experiencia urbana. Desde hace años viene estudiando la contaminación acústica en Buenos Aires desde una perspectiva histórica y social. En su investigación Acústica situada. Una lectura antropológica de los mapas de ruido de la ciudad de Buenos Aires (1972-2018), sostiene que las políticas públicas suelen reducir el ruido a un dato físico medible, dejando de lado su dimensión social y cultural. Pantalla a negro y despidos masivos: la rebelión al aire en Blender que expuso el drama salarial Si bien los mapas técnicos y los números fríos permiten geolocalizar las fuentes de contaminación, el fenómeno encierra una trama mucho más profunda. “Este mapa de ruido es el más completo que se ha hecho sobre Buenos Aires”, destaca Petit, recordando que la ciudad tiene una larga tradición en la materia: el relevamiento de los años 70 fue el primer mapa de ruido de Latinoamérica. Sin embargo, el investigador explica que los modelos de simulación actuales, basados en normativas europeas, atienden principalmente a las vías de circulación y al movimiento, dejando por fuera aspectos de la convivencia social que son impredecibles y menos medibles. Los parques porteños funcionan como amortiguadores naturales frente al tránsito intenso que domina gran parte de la Ciudad “El ruido no es solo una cuestión acústica, sino también una cuestión social y cultural”, sostiene Petit. Para el antropólogo, los mapas oficiales permiten medir con precisión las fuentes permanentes de contaminación sonora, pero dejan afuera otras manifestaciones cotidianas porque son impredecibles. “Los gritos, los bocinazos o los escapes libres son prácticas culturales”, explica, y advierte que esas conductas también expresan “los niveles de ansiedad y rapidez con los que se piensa la ciudad actual”. En ese mismo sentido, plantea que no es posible analizar de la misma manera el sonido de un músico callejero, el tránsito de una autopista o un recital al aire libre, porque detrás de cada uno existen usos, conflictos y significados sociales diferentes. Desde esta perspectiva, el desafío ya no consiste solo en mitigar el ruido, sino en comprender cómo se produce y por qué la ciudad lo naturaliza. Para Petit, incorporar la dimensión social al análisis acústico permitiría pensar políticas públicas más eficaces y acordes a la complejidad del fenómeno. GD/fl